martes, 24 de septiembre de 2013

LO VAMOS TENIENDO CLARO


En Miami:

Llueve mucho.
Hay humedad.
El viento vuela.
Las tormenta son eléctricas.
No saludan en el ascensor.
No se puede vivir sin aire acondicionado.
Conducen tranquilos.
Corren y van en bici.
No andan por la calle.
Visten de Apple.
Abusan del "Happy hour".
Ellas viven encima de un tacón.
Ellos van a su aire.
Los perritos van en cochecito de bebé.
Imposible tomarte una tónica Schweppes en un bar.
Los pepinillos son dulces.
Olvídate de un buen bocata: el pan es "bollito".
Afición por la langosta y la comida japonesa.
El Ibuprofeno es morado.
No hay Capuccino de Nestle.
El café, del Starbucks.
Tu supermercado de barrio: Publix.
Te mejor amigo: tu GPS.
Ordenados al conducir, poco educados al andar en un mall.
Ahorran comprando.
Las carreteras nunca están vacías.
En una  compra de 10 productos puedes agenciarte hasta ¡10 bolsas de plástico!
Respetan a los peatones.
Hacen maniobra para aparcar en lugar de tres metros de largo.
Los cajeros/as saludan y sonríen.
Te secan y limpian el carrito de la compra al entrar al supermercado en caso de ser necesario.
No hay Chiquilin.
No hay ricas gominolas.
Se saltan la Semana Santa.
Muy difícil encontra semillas de sésamo negras.
Los plátanos están ricos.

domingo, 15 de septiembre de 2013

SEMANA BLANCA

Un cambio en las cookies me ha tenido bloqueado el acceso a mi Ojo y a mis Olivas durante toda la semana. Cambio que he descubierto hoy y que me he apresurado a desactivar. 

Parece que los ordenadores actúan como los perros: se dan cuenta de cómo se sienten sus dueños y adoptan su estado de ánimo. Lo digo porque hoy, para mí,  termina una black week que me ha tenido fuera de juego y que me ha hecho perder algunos puntos en mi cuenta de resultados. 

Por lo tanto, si hacemos verdadera esta teoría -que se me antoja bautizar como "espejo tecnológico"-, y la aplicamos,  mi mente se debería haber desbloqueado al mismo tiempo que las dichosas cookies de las que antes hablaba. 

Pegada a este axioma recién descubierto, pretendo afrontar los próximos siete días. A diferencia de los tratamientos que recetan ciertos políticos para combatir las crisis -recortes, menos recursos, menos actividad, menos de todo-, mi intención es multiplicar la producción e invertir más en todo. 

Todo, todo... "Todo" es una palabra abstracta, uno de esos vocablos que utilizamos y que apenas ofrecen información. ¿Qué "todo"? 

Habitualmente el uso de lo abstracto responde a un acto intencionado; es decir, el moverse en la ambigüedad, en lo no claro, en lo "podría ser esto, pero también aquello" nos permite almacenar aire  y soltarlo a cuenta gotas cuando las manos ajenas nos aprietan fuerte el cuello. Y mientras filosofo sobre lo divino y  lo humano, sobre lo concreto vs lo abstracto y sobre la ambigüedad en el uso de las palabras, de nuevo, sin querer, me acuerdo de algún político que deambula por tierras mediterráneas y que presume de ser un buen gallego -y que, presumiblemente, contaremos con su presencia en los US cuando Mr. Obama lo crea conveniente-. 

Y así, como quien no quiere la cosa, he escondido el bulto y mi pregunta, ¿qué todo?, se ha quedado huérfana de padre y madre.  Porque en el arte de decir sin decir y contestar a preguntas que no nos formulan -vaya, ahora se me antoja acordarme de una Botella-, todos nos sabemos la teoría y todos nos movemos como pececitos en aguas cristalinas. Pero en este caso, ese "todos" tienen nombre y apellidos: tú y yo; el vecino y el panadero; el estudiante y el indignado; el emprendedor y el parado; el político y el pastor (...). ¿Ves? Con una facilidad vertiginosa hemos pasado de lo abstracto a lo concreto. Y solitos, sin asesores, sin dietas, sin gastos de representación, sin comisiones (...) sin apenas utilizar el cerebro. 

Hasta aquí llego hoy: blanqueando la semana -que ya pide paso-; analizando nuevas teorías y la parte oscura de las palabras, he pasado un rato con vosotros -gran optimismo el mío al hablar en plural-, y he disfrutado de unos minutos ambientados con las luces y los sonidos de los relámpagos y truenos, previos a irme a la cama. 

A algunos les deseo buenas noches, a otros, buenos días y, a todos, una maravillosa y blanca semana.