Un cambio en las cookies me ha tenido bloqueado el acceso a mi Ojo y a mis Olivas durante toda la semana. Cambio que he descubierto hoy y que me he apresurado a desactivar.
Parece que los ordenadores actúan como los perros: se dan cuenta de cómo se sienten sus dueños y adoptan su estado de ánimo. Lo digo porque hoy, para mí, termina una black week que me ha tenido fuera de juego y que me ha hecho perder algunos puntos en mi cuenta de resultados.
Por lo tanto, si hacemos verdadera esta teoría -que se me antoja bautizar como "espejo tecnológico"-, y la aplicamos, mi mente se debería haber desbloqueado al mismo tiempo que las dichosas cookies de las que antes hablaba.
Pegada a este axioma recién descubierto, pretendo afrontar los próximos siete días. A diferencia de los tratamientos que recetan ciertos políticos para combatir las crisis -recortes, menos recursos, menos actividad, menos de todo-, mi intención es multiplicar la producción e invertir más en todo.
Todo, todo... "Todo" es una palabra abstracta, uno de esos vocablos que utilizamos y que apenas ofrecen información. ¿Qué "todo"?
Habitualmente el uso de lo abstracto responde a un acto intencionado; es decir, el moverse en la ambigüedad, en lo no claro, en lo "podría ser esto, pero también aquello" nos permite almacenar aire y soltarlo a cuenta gotas cuando las manos ajenas nos aprietan fuerte el cuello. Y mientras filosofo sobre lo divino y lo humano, sobre lo concreto vs lo abstracto y sobre la ambigüedad en el uso de las palabras, de nuevo, sin querer, me acuerdo de algún político que deambula por tierras mediterráneas y que presume de ser un buen gallego -y que, presumiblemente, contaremos con su presencia en los US cuando Mr. Obama lo crea conveniente-.
Y así, como quien no quiere la cosa, he escondido el bulto y mi pregunta, ¿qué todo?, se ha quedado huérfana de padre y madre. Porque en el arte de decir sin decir y contestar a preguntas que no nos formulan -vaya, ahora se me antoja acordarme de una Botella-, todos nos sabemos la teoría y todos nos movemos como pececitos en aguas cristalinas. Pero en este caso, ese "todos" tienen nombre y apellidos: tú y yo; el vecino y el panadero; el estudiante y el indignado; el emprendedor y el parado; el político y el pastor (...). ¿Ves? Con una facilidad vertiginosa hemos pasado de lo abstracto a lo concreto. Y solitos, sin asesores, sin dietas, sin gastos de representación, sin comisiones (...) sin apenas utilizar el cerebro.
Hasta aquí llego hoy: blanqueando la semana -que ya pide paso-; analizando nuevas teorías y la parte oscura de las palabras, he pasado un rato con vosotros -gran optimismo el mío al hablar en plural-, y he disfrutado de unos minutos ambientados con las luces y los sonidos de los relámpagos y truenos, previos a irme a la cama.
A algunos les deseo buenas noches, a otros, buenos días y, a todos, una maravillosa y blanca semana.