martes, 18 de marzo de 2014

LA EXPLICACIÓN ESTÁ EN EL ORIGEN DE LAS COSAS

Érase una vez una neurona que quería encontrar su lugar en el mundo. Su mundo -gris, viscoso y lleno de curvas imposibles-, había sufrido durante décadas una enfermedad vírica que le había generado daños irreversibles: miles de hectáreas despobladas. Montañas de neuronas yacían secas y arrugadas formando muros que impedían que el mundo gris, viscoso y curvilíneo de la neurona se pudiera comunicar. 

Nuestra amiga neurona había nacido en el seno de una familia acomodada: su padre era dueño de todas las tierras de la región y miles de neuronas trabajan para él. Ella odiaba el trabajo de campo: prefería observar la naturaleza más que trabajar en ella. En uno de esos tantos días que caminaba sin destino concreto,  soñando encontrar lo que no sabría definir,  se perdió.  Un día, jugando a morder manzanas, se quedó ensimismada con la forma que su "bocado" había dibujado en la fruta. Maravillada por su descubrimiento corrió en dirección a casa. No podía dejar de contar el hallazgo a su padre, él sabría cómo utilizar esa manzana -pensó. Jamás imaginó que pasarían muchos, muchísimos años para que ese día llegara (...). Su juventud, su pasión y su inconsciencia le hicieron tomar la última curva del trayecto hacia su casa a excesiva velocidad. La manzana voló por los aires y cayó al suelo. Ella no tuvo tanta suerte: salió despedida. Recorrió miles de kilómetros hasta quedar suspendida en el vacío. Había perdido la conexión con el mundo.

Durante varios años estuvo buscando la manera de regresar a casa. Y lo consiguió. Y cuando llegó, lo que vio le impulsó a salir corriendo de nuevo: un virus enemigo había matado a millones de neuronas. Su región era la más afectada; era la única neurona viva del hemisferio norte, concretamente del territorio cuyas coordenadas eran 38º53´N/77º 02´O. Nuestra neurona estaba desolada: de nuevo estaba perdida, de nuevo debía buscar su lugar, pero... ¿dónde?

Cuenta la leyenda que nuestra superviviente se echó al agua y empezó a nadar; aquello parecía un océano. Tardó meses en cruzarlo, hasta que una mañana gritó: ¡tierra a la vista! Aceleró el ritmo de sus movimientos y en horas alcanzó la orilla. Se sacudió el agua, se atusó el pelo y comenzó a caminar por ese lugar que, pese a desconocerlo, se le antojaba familiar. Dobló la primera curva y... ¡Ohhhh! ¡Miles de neuronas se bañaban en el agua! Unas corrían por la arena, otras tomaban el sol y algunas se reunían alrededor de una caseta y se tomaban una cerveza. ¡Qué hermosa estampa! -pensó. 

Se acercó y se perdió entre la multitud. Aprendió el idioma, montó un bar, formó una familia y se compró una casa. Nunca regresó al otro lado del mundo porque, por fin, había encontrado su lugar. 

Fin


¿Qué pasó con el hemisferio norte, 38º53´N/77º 02´O? Aprovechando la ausencia de neuronas... los virus construyeron un país y lo llenaron de barras y estrellas. El resto de la historia seguro que te suena. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

DONDE DIJE DIEGO.. ¡MÁS TE VALE QUE SIGAS DICIENDO DIEGO!

Estoy en obras. Mi nueva casa está en obras. Y yo con ella. Hoy cumplimos 100 días. 

Imposible relatar todo lo ocurrido en estas últimas semanas, al menos, por ahora. No tengo tiempo. Solo hago un break en mis funciones de controller para desahogarme: ¡¿por qué se dejan el cerebro en el retrete, tiran de la cadena cuando visitan el baño por la mañana y salen de casa!?

¿Qué estudios tengo que exigir para que no pinten y luego rompan paredes? ¿O para que no coloquen pestillos de puertas de baño por la parte de fuera? ¿O para que no cubran los muebles con plásticos llenos de pintura y polvo? ¿O para que distingan entre recto y torcido? ¿O para que identifiquen qué es un mueble y no me lo agujereen -qué verbo tan difícil!- como si fuera un queso de gruyere? ¿O para que apaguen las luces -¡porras! ¡qué parece esto el encendido de la feria de Abril!-; ¿O para que bla, bla, bla?

Hoy, como regalo de aniversario me comunican que ha habido un cambio en los miembros de la "Asociación" del edificio. Un "comunicado" ha llegado a mis oídos como llega todo aquí: por ciencia infusa. De repente,  no han permitido el paso del coche de los obreros, me han cambiado las normas de reserva del ascensor, me han querido cobrar el parking de los instaladores, me han bloqueado las entradas de las entregas... ¡Genial! Ni los miles de cheques entregados en depósito para reservar ascensores, ni las miles de notificaciones realizadas en tiempo y forma para comunicar mis actividades "albañilisticas", ni las eternas y numerosa visitas al despacho de "Vicky" -la simpática señora que hacía ojitos a mi marido,  que abusaba del "no problem" y que se ha esfumado-, han servido para que esta nueva "dirección" corte por lo sano y borre de un plumazo todo lo anterior. 

Pues bien, con mi cara más amable he ido a conversar sobre esta nueva situación con la "Asociación". 

En realidad, no ha habido conversación: he soltado mi speech, he aportado fechas, datos, pruebas y he informado "amablemente" a la nueva chica que mis actividades iban a continuar en la misma forma y tiempo que llevaban haciéndose desde hace ya 100 días. Que cualquier duda que tuviera, consultase con sus archivos -pilas de papeles amontonados-, o con el oráculo, pero que bajo ningún concepto iba a tolerar ningún cambio en mi planificación. Que estaba a punto de terminar las obras; que mi cama llegaba mañana y que asumía que ningún "contratiempo" iba a impedir que yo durmiera encima de ella el jueves por la noche. 

Ella, desplegando una profesionalidad ahí donde las haya, ha anotado mis comentarios en un post-it junto con mi nombre y mi número de móvil. De nuevo, una sonrisa. De nuevo,  un "no problem". ¡Estupendo! Seguimos con el mismo sistema. Me quedo más tranquila.