Estoy en obras. Mi nueva casa está en obras. Y yo con ella. Hoy cumplimos 100 días.
Imposible relatar todo lo ocurrido en estas últimas semanas, al menos, por ahora. No tengo tiempo. Solo hago un break en mis funciones de controller para desahogarme: ¡¿por qué se dejan el cerebro en el retrete, tiran de la cadena cuando visitan el baño por la mañana y salen de casa!?
¿Qué estudios tengo que exigir para que no pinten y luego rompan paredes? ¿O para que no coloquen pestillos de puertas de baño por la parte de fuera? ¿O para que no cubran los muebles con plásticos llenos de pintura y polvo? ¿O para que distingan entre recto y torcido? ¿O para que identifiquen qué es un mueble y no me lo agujereen -qué verbo tan difícil!- como si fuera un queso de gruyere? ¿O para que apaguen las luces -¡porras! ¡qué parece esto el encendido de la feria de Abril!-; ¿O para que bla, bla, bla?
Hoy, como regalo de aniversario me comunican que ha habido un cambio en los miembros de la "Asociación" del edificio. Un "comunicado" ha llegado a mis oídos como llega todo aquí: por ciencia infusa. De repente, no han permitido el paso del coche de los obreros, me han cambiado las normas de reserva del ascensor, me han querido cobrar el parking de los instaladores, me han bloqueado las entradas de las entregas... ¡Genial! Ni los miles de cheques entregados en depósito para reservar ascensores, ni las miles de notificaciones realizadas en tiempo y forma para comunicar mis actividades "albañilisticas", ni las eternas y numerosa visitas al despacho de "Vicky" -la simpática señora que hacía ojitos a mi marido, que abusaba del "no problem" y que se ha esfumado-, han servido para que esta nueva "dirección" corte por lo sano y borre de un plumazo todo lo anterior.
Pues bien, con mi cara más amable he ido a conversar sobre esta nueva situación con la "Asociación".
En realidad, no ha habido conversación: he soltado mi speech, he aportado fechas, datos, pruebas y he informado "amablemente" a la nueva chica que mis actividades iban a continuar en la misma forma y tiempo que llevaban haciéndose desde hace ya 100 días. Que cualquier duda que tuviera, consultase con sus archivos -pilas de papeles amontonados-, o con el oráculo, pero que bajo ningún concepto iba a tolerar ningún cambio en mi planificación. Que estaba a punto de terminar las obras; que mi cama llegaba mañana y que asumía que ningún "contratiempo" iba a impedir que yo durmiera encima de ella el jueves por la noche.
Ella, desplegando una profesionalidad ahí donde las haya, ha anotado mis comentarios en un post-it junto con mi nombre y mi número de móvil. De nuevo, una sonrisa. De nuevo, un "no problem". ¡Estupendo! Seguimos con el mismo sistema. Me quedo más tranquila.
No hay comentarios:
Publicar un comentario