Pues
sí, en diciembre dejo España y me voy a vivir a Miami.
¿Te
vas? ¡Qué bien!
Ah.
...
Esta
mañana, alguien me ha
hablado en el gimnasio. La escena es extraordinaria porque hace más de dos años
que voy, y hasta la fecha nunca se había
producido este momento. Un tipo alargado y rondando los cincuenta, con cinta en el pelo, barba y gafas de metal
me ha preguntado por mi espalda.
¿Tienes
problemas de espalda?
¿Perdón?
Es
que me he fijado que tienes una cicatriz, ¿estás bien?
En
ese momento yo estaba dejándome la vida en mi última serie de abdominales. La
inesperada conversación con este hombre en cinemascope me ha pillado fuera de
juego. He intentado torear la situación esbozando una educada sonrisa, pero el
intento ha sido en vano: mi nuevo amigo seguía moviendo los labios. Me he
incorporado y me he quitado los cascos de las orejas.
¿Cómo
te llamas?
Patricia.
Yo soy Toni. Me he fijado que tienes problemas en la espalda, ¿estás bien?
¿¡Yo?!
Sí, ¿por?
Tienes
una cicatriz en la espalda, ¿muy joven para tener una operación, no?
¡Ah!
Sí… Me operé hace años…, pero estoy bien, gracias.
Vaya,
mi nuevo amigo había metido sus ojos por debajo de mi camiseta. Los tenía que
sacar da ahí como fuera. Solución: finiquitar ya el interrogatorio al que me estaba sometiendo
“Toni”.
¿Cómo
fue? ¿Un tema profesional?
¡¿Profesional!!!??? Pero, ¿qué dice este
buen señor???!!! No, no , me caí por las escaleras.
¿Muchos
pisos?
Dos.
Yo
estoy infiltrado en la rodilla y bla, bla, bla, bla.
Imposible.
En apenas diez minutos me ha contado toda su vida médica: lesiones, dolores,
achaques. Y como un intento desesperado para parar ese chorreo de
operaciones, he abierto la boca para decir: ¿eres de Brasil? Error, tremendo error.
Su vida, ¡me ha contado su vida! Y, claro, era de Brasil. Y yo amo al país
carioca, pero no tanto.
De
repente se ha callado. Llevaba tanto rato oyendo su ruido de voz, que hasta me ha descolocado escuchar la música
de fondo del gimnasio.
¿Sueles
venir a esta hora, no?
Rápido Patri, piensa… Pues, ehh... depende.
Pero, me voy... en breve dejaré de venir.
¿A
dónde?
A
Miami; me voy a vivir con MI marido a Miami.
¿Te
vas? ¡Qué bien!
Ah.
El
juego de preguntas y respuestas ha durado un buen rato más. Al final, mi nuevo
amigo ha terminado de estirar sus músculos y se ha ido. Yo, no. Yo no he podido terminar ni
mis abdominales, ni mi rutina en el
gimnasio.
Ahora
son las siete y media de la tarde. Ya han pasado unas horas desde el momento
“tengounamigonuevoenelgym”. Toni se suma
a la lista de los que se ha alegran por mi nuevo destino: ¿Te vas? ¡Qué bien! Y yo me quedo, Ah.
Y yo
me pregunto, cuando muchos se alegran porque me vaya… ¿será porque me pierden
de vista?