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jueves, 15 de febrero de 2018

PROFUNDAMENTE TRISTE

¿Y si fuera N? A 47 millas de casa, a escasos 55 minutos en coche, han matado a 17 personas. Las 'personas' no duelen. Julie, Sara, Max, Cata, Matthew, Emerie... Nicole, sí. ¿Y si fueran ellos? ¿Y si fuera N? Las personas no duelen, los nombres destrozan. Las personas no duelen, las caras te rompen el alma. Personas. Sustantivo común, plural. Paradójicamente, impersonal. 

Un asesino de 19 años. 17 muertos. Una escuela. Un país del primer mundo, ¡qué digo del primer mundo!, un país que lidera el mundo. Con todas las posibilidades, con todas las oportunidades, con todas las herramientas para evitar esta mierda. Dan ganas de llorar del asco. Pero no puedo, lloro de la pena. Porque tenemos a 17 ´personas´ muertas. A 17 familias muertas. 

En breve la prensa y la red nos darán más datos. Y, quizás, detrás de esas ´personas´ encontremos a un profesor o a un trabajador. O quizás no. Y quizás esas 17 muertes se conviertan en 20. O no. Y quizás conozcamos las historias que hay detrás de esas personas. O no. Pero lo que no es 'quizás' y sí seguro es que, en unos días, nada cambiará: compraremos balas al mismo tiempo que huevos. Las primeras tan innecesarias y dañinas, los segundos, tan escasos y  tan necesarios. 

A poco más de un día de este asesinato leo los periódicos y todavía hablan de personas. Personas. Os juro que no dejo de pensar en lo asqueroso que es el mundo. ¿Personas? Joder, ¡que eran críos! Chavales que, obligados por un sistema que les dice que ir al colegio les convertirá en hombres de provecho y de bien, cumplían con su rol: formarse, crecer, experimentar, crear, VIVIR. Tenemos que revisarnos, en serio, debemos hacerlo. 

***

En fin, me desperté con esta pregunta en la garganta: ¿y si fuera N? Si fuera N,  me moriría. Mi más sentido pésame para las familias y amigos de Alaina, Peter, Luke... Una putada, una gran putada. 

miércoles, 31 de octubre de 2012

CUANDO UNO ES ALÉRGICO A LA CALABAZA


Hoy es la noche de los muertos, y yo no necesito disfraz. Parezco un zombi: ojeras, ojos hinchados e inyectados en sangre, blanca como la pared y un andar cansino y torpe. Y sin gastarme un duro –siempre he pensado que actualizar este dicho con “euro” es quitarle toda la fuerza-, la gripe ha hecho todo el trabajo de transformación.

Desde hace días que observo como infinidad de padres asaltan los llamados “todo a 100” o “chinarros” para llevarse disfraces de vampiresas, zombis,  dientes postizos, vísceras de goma… Un repertorio de artículos “asquerosos” que lucirán ellos y, sobre todo, sus queridos y amados hijitos. Por cierto, y no quiero desviarme del tema, pero no puedo evitarlo: compran en esas tiendas que luego critican porque un tal Chao Pin-Pin, alias “El Emperador”, es un tipo muy, muy “malo”.  Pero, volvamos a la noche de los muertos.

En España,  ya son muy pocos los que recuerdan este día como la víspera del día de Todos los Santos: jornada reservada por y para los que ya no están con nosotros. Con los años, la fuerza y la espectacularidad de la calabaza, de los disfraces, de los niños corriendo de casa en casa para conseguir “chuches” ha ido comiendo terreno a esa estampa gris y melancólica que suponía la visita a los cementerios.

Y cada año, como pasa con todas las fiestas llamadas a hacer buenas cajas, Halloween llega antes. Compañías de teatro que aprovechan el tirón para representar sus obras en cementerios, parques de atracciones que se llenan de muertos vivientes en cuanto pisamos el 25 de octubre; secciones de verduras  atiborradas de calabazas; pastelerías que venden magdalenas de la muerte… Y uno tiene que hacer esfuerzos para ser inmune a todo esto.

La influencia de la televisión y el cine ha hecho popular la celebración de Halloween. De esta manera,  hemos sido testigos de cómo en los Estados Unidos los niños salen la noche del 31 disfrazados para ir de puerta en puerta pidiendo golosinas: el trick or treat -costumbre que se popularizó en el país a principios del siglo XX-. En España,  los niños directamente piden golosinas y se ahorran dar opciones. Aquí,  somos más de disfrazarnos y salir a “quemar la noche” los más mayores, o de reunirnos familias enteras para celebrar juntos esta fiesta importada,  vestidos de la Familia Monster, o de la de Los Picapiedra versión zombi.

Sin embargo, la festividad –como muchas de las cosas que los americanos hacen propias-,  no tiene sus orígenes en los Estados Unidos.

Muchos historiadores ubican los orígenes del Halloween en los tiempos del Imperio Romano, en las fiestas en honor a Pomona, diosa romana de las frutas y las semillas, y en el festival de los muertos llamado Parentalia. Sin embargo, la teoría más aceptada es la que dice que tiene sus orígenes en el antiguo festival celta conocido como Samhain. Los celtas creían que en la fecha del Samhain, la brecha que separaba al mundo de los vivos del de los muertos se estrechaba más que en cualquier otro día del año. Esto permitía a los espíritus pasar al mundo de los vivos, por lo que los celtas vestían máscaras y disfraces para imitar y complacer a estos espíritus que, según creían, podían ser tanto inofensivos como dañinos.

La palabra Halloween surge en el siglo XVI como una variante escocesa de All Hallows Eve -Víspera de Todos los Santos-; festividad cristiana celebrada el 1 de noviembre. ¡Vamos, nuestro día de Todos los Santos de toda la vida!-. Poco a poco, Halloween fue adoptando algunos elementos de la celebración celta, sobre todo los disfraces y los samhnag. Para ahuyentar a los espíritus dañinos, los celtas utilizaban samhnag: nabos ahuecados dentro de los cuales se colocaban velas.  Pues bien,  en Norteamérica reemplazaron los nabos por calabazas porque  tenían muchas más cantidad,  y porque su  tamaño era mayor y las podían tallar mejor.


Y los españoles, pues, hemos abrazado la fiesta con mucho amor y dedicación, porque pese a la crisis, al frió, al “qué pena tengo que no tengo ni para pipas” nos gusta la fiesta más que a un tonto un caramelo.

Ya me puede empezar a gustar a mí estas cosas, porque si aquí se celebra, en los US ¡es una cuestión de Estado!