jueves, 7 de julio de 2016

QUERIDA MADRE QUE PARIÓ A LA NIÑA DEL BAÑADOR ROSA

Querida madre que parió a la niña del bañador rosa:

Soy una de las millones de mujeres del mundo que no ha compartido tu carta, que no la ha comentado –hasta ahora- y que, mucho menos, ha soltado una lagrimilla al leer este nefasto amasijo de letras que alguno ha tildado de “sublime”.

¿Llorar por dar bombo y resaltar las “estrías”, “flacidez” y “celulitis” de una adolescente? ¿Llorar porque alguien que “no te miraba, pero te vi” es capaz de apreciar el nerviosismo de esa chica al tragar saliva? ¿Llorar por traer a mi mente la típica y cruel escena de amiga buenorra vs amiga gorda? ¿Llorar por descubrir que en tu no solicitada defensa de la chica “sublime en su imperfección” das por sentado que las de vientre terso no tienen cabeza? Y yo me pregunto, ¿por qué das por hecho que la del bañador verde si la tiene? ¿Por tener un libro en el bolso? ¿Por su supuesta imperfección? ¿O por ambas cosas? Esto sí que me hace llorar, pero de la risa(pena).

Querida madre, para no mirar y ver, sí que te has fijado. ¿Cuántas horas has estado viendo a la pobre chavala? ¿Te has comprado palomitas y te has sentado en primera fila?

He leído tu carta con asombro, con pudor, con vergüenza ajena, con asco y con indignación. Al leer tu descripción de sus posturas, de sus agobios y de sus complejos me he visto atravesada por tu vista que no mira y me he sentido sucia. Sucia por permitir que me trasladases a la intimidad más absoluta de un adolescente. Sucia por ser parte activa, al leer tu carta, de la exhibición del cuerpo, intimidades  y miserias de una chica, que dicho de paso, no ha dicho ni esta boca es mía.

Querida #madrequeparióalaniñadelbañadorrosa, ¡qué pena! No por tu carta, no, qué pena por descubrir que al menos 114.000 personas sufren de incapacidad mental para ver más allá de los estereotipos, más allá de las frases hechas y de la escritura facilonga y cursi.

Y termino. Termino sin haber si quiera empezado porque me repugna este tipo de “cartas” dirigidas al universo y que empiezo a pensar que son producto de los devaneos de alguien que quiere ser y no es, y al que le gusta escucharse hasta cuando hace silencio.

Termino, pero antes pregunto: ¿qué hubiese pasado si esta carta estuviera firmada por Juan Gómez y no por de Jessica Gómez?  Mejor, ni contesto.

Y me disculpo: mil perdones querida víctima anónima. Ojalá no llegues a leer la carta de #lamadrequeparióalaniñadelbañadorrosa. Ojalá que de verdad tengas cabeza para que si lo haces, sepas perdonar a esta pobre madre que tiene la virtud de ver sin mirar.


Y agradezco: gracias Jessica, tu carta ha conseguido que tras muchos meses de sequía, vuelva a mi Ojo.

sábado, 11 de abril de 2015

LA CÁRCEL MÁS SEGURA

Las cárceles más seguras son las que no tienen muros. Las que prescinden de puertas que se cierran al unísono cuando cae el sol. Las que no contratan personal para que vigile a los presos, no lo necesitan. Porque en las de alta seguridad -las de verdad, la que no se ven-, los reos aceptan su destino y se dejan llevar de tarea en tarea, de sala en sala, de rutina en rutina. 

Son transparentes, invisibles al ojo ajeno. El propio sí las ve. Vaya que las ve, las siente, las sufre, las digiere. Y la prisión es tan macabra, que condena a sus habitantes al silencio y a la máscara. Y ellos aceptan porque los que no ven, no les comprenden y confesar su encierro sería firmar su sentencia de muerte -la física, la otra ya la firmaron el día que entraron-.

Porque los ciegos, insisto, no entienden al que mira y ve, y por eso lo desprecian. Y para que encaje sin causarles daño alguno en sus vidas de tinieblas y disfrazada luz, construyen una ficción a su medida sobre quién y cómo es él.  La medida exacta, la que no modifique su vida y les permita tenerlo cerca, pero lejano; conocerlo, pero, a la vez, ignorarlo. Y de este modo, los ciegos alcanzan el equilibrio. Ese equilibrio tan valorado que les coloca en el escalón de la sabiduría mal entendida, de la caridad acomodada, de los valores descafeinados, de la justicia adulterada. 

Un mundo equilibrado, el suyo, que condena al absoluto silencio y a la máscara eterna a los videntes. A los que, ya, a duras penas, ven por un solo ojo. 

viernes, 6 de febrero de 2015

POLÍTICAMENTE NO CORRECTO

¿Por qué tendemos a colgar en la red fotos "en bolas"? ¿Por qué unas las percibimos como escandalosas y otras como "tiernas"? 

Ayer me choqué con un perfil de Instagram de "embarazadas".  En realidad, andaba yo mirando moda, moda de invierno, moda de verano, moda de Italia, moda de embarazada, ¡una que es curiosa! Y en esta búsqueda me topé con este perfil de mujer: una lista de usuarios que compartían tema, el embarazo. Un segmento de la moda marginado: en relación con otros, apenas existe variedad, lo que encuentras es feo, y si buscas algo diferente, muy caro.  Si quieres estar "mona" durante los meses en los  que compartes tu cuerpo, tienes que sangrarlo. 

Al grano.  Lo que encontré fue un horror. Lo siento, pero un horror. Ni un "le pongo un filtro chulo", ni un "me coloco así para estar mejor", ni un "lo va a ver mi madre", ni un "es mi careto el que aparece en esta foto", que paliara o dulcificara esa tremenda necesidad incontrolada de practicar el selfie "aquítepilloaquítemato". Ningún pensamiento circulando por esos cerebros que tenga que ver con el sentido común y menos, con el del gusto. 

"Mujer, si no te gusta ¿por qué las miras?", dirán algunos. No lo miro, entró en mi casa sin pedir permiso y bajo falsa identidad. Si leo "Embarazadas desnudas" no clickeo. Este hallazgo inesperado me llevó a una conclusión: en cuestión de moda prenatal, lo que se lleva es el nudismo compartido. 

Realidad que me provocó cabreo y desconcierto: ¿qué necesidad?, ¿por qué las mujeres seguimos insistiendo en mostrarnos tan básicas?, ¿por qué una mujer embarazada siente la necesidad de compartir sus curvas con millones de desconocidos?, ¿por qué frente a un pivón en bolas somos críticos y con una embarazada somos "tiernos"? Las dos están DESNUDAS. Y lo por lo general, las que no comparten piso suelen cuidar más la estética de la foto. 

Hasta ahí mi cabreo. Y luego mi desconcierto: ¿seré un bicho por pensar así?, ¿seré la mala del cuento por tener estos pensamientos con mi primer contacto visual con este tipo de fotos?, ¿se me etiquetará como "machista" por pensar que son fotos horribles? Esta última pregunta puede parecer absurda. Pero no lo es. Me juego el cuello a que alguna mente dirá: "el cuerpo de la mujer embarazada es lo más maravilloso que hay en el mundo", "es un milagro", "es amor en estado puro". JA, JA, JA. "Parece mentira que tú, siendo mujer, pienses de esta manera". JA, JA, JA, JA. Y por estas cosas de las asociaciones disociadas dirán: "es machista". JAJAJAJAJAJAJA.

¿Qué tendrá que ver la belleza física con el acto de procrear? ¿Qué tendrá que ver los milagros con un acontecimiento científica y médicamente razonado, estudiado y explicado? ¿Qué tendrá que ver el amor con la imagen?, ¿Qué tendrá que ver el sentido común y el del gusto con el machismo o feminismo? 

¿Por qué en la búsqueda y reivindicación de los derechos de la mujer se cae en lo vulgar y de mal gusto? Sí, es tú cuerpo. Sí, la belleza es subjetiva. Sí, para gustos los colores. Sí a todo lo políticamente correcto que me quieras decir. Pero, te anuncio, no comulgo ni con lo político, ni me condiciona lo correcto. Concluyendo: tu cuerpo aparece sin pedir permiso en mi pantalla de 27 pulgadas como un desplegable de Interviú. Tú perfil es público y, por ende, tu cuerpo y tus fotos de complicación visual,  también. Y en mi libertad de expresión, me expreso. Y por último, y utilizando uno de tus dichos: para gustos, señores, los colores.

#misparanoias

miércoles, 17 de septiembre de 2014

YO ME PROTEJO ¿Y TÚ?

Hoy no nos pegamos a la actualidad informativa. Hoy nos da igual lo que digan los periódicos, las redes sociales o los telediarios. Hoy la noticia está dentro de nosotros: en lo que nos pasa, en lo que no nos pasa o en lo que nos gustaría que nos pasara. Hoy nos marcamos una de esas entradas que interesa mas al que la escribe, que al que la lee. Hoy nos volvemos egoístas y hacemos que el ojo solo nos mire a nosotros; al resto... el resto puede aprovechar para ir al baño, recoger la mesa o seguir con lo qué sabe Dios que esté haciendo. O quedarse y seguir leyendo. Gracias. 

Por fin una semana entera en Miami, en casa. Siete días para ordenarnos y ordenar nuestro alrededor. Un "alrededor" muy cercano, muy próximo, más bien íntimo. 

En los últimos días he aprendido algo sobre la importancia de la protección. Protegemos nuestro patrimonio con mucho esmero: alarmas en las casas y coches; contraseñas secretas para acceso a cuentas bancarias; códigos de seguridad para cajas fuertes; puertas blindadas, copias de seguridad, etc., etc. Construimos con sofisticada ingeniera, todo un mecanismo de protección que nos permite sentirnos tranquilos y serenos. Cae la noche y nos metemos en la cama sabedores de que nuestras posesiones -más o menos valiosas, más o menos cuantiosas-, estarán en el mismo lugar cuando vuelva a salir el sol y abramos nuestros ojos. 

Y con esta confianza que nos da el sentirnos protegidos, enfrentamos los días sintiéndonos menos pesados, más fuertes, más poderosos. Delegamos en los "chismes" que hemos adquirido la seguridad de todo lo nuestro. Somos unos genios. Pero llega un día en el que recibimos el primer puñetazo. En la cara. En tú cara. Y al día siguiente te pones un casco. Para protegerte. Y sigues tan feliz. Y otro día nos dan una patada en la rodilla. En tú rodilla. Y te calzas un rodillera.

Y así,  cada tanto, vamos recibiendo golpes en todas las partes de nuestro cuerpo. Hasta que un día, apaleados, nos plantamos frente al espejo y este nos devuelve la imagen de un jugador de fútbol americano. Y nos vemos guapos. Y si alguien nos dijera que vamos hechos un "cromo" -con tanto casco, rodillera, codera y muñequera-, nosotros lo negaríamos. Nuestros ojos solo ven lo bien que nos queda nuestro flamante outfit de otoño. Eso es todo. 

Pero llega un momento en que el peso de la protección corporal comienza a ser excesivo y no entendemos el porqué de nuestro cansancio. Y recordar todos los códigos de seguridad que protegen nuestras posesiones se vuelve cada vez más complicado y tedioso: se olvidan, se cambian; se vuelven a olvidar, se vuelven a cambiar y se anotan en un cuaderno. Se olvidan -de nuevo-, y se acude al cuaderno que, a estas alturas,  ya se ha convertido en otro elemento cotidiano de nuestro vestuario. 

Y anda uno tan concentrado para no caer -el peso que carga aumenta con rapidez-, y por conservar la poca memoria que le queda libre, que deja desprotegido lo mas valioso que posee: su alma. 

Nos pasamos la vida poniéndole alma a todo lo que hacemos. El alma lidera nuestra carrera; es la primera en saltar al vacío; es la primera en mostrar sus secretos; es, en definitiva, lo más valioso que poseemos. Y, al mismo tiempo, lo que más desprotegemos. La llevamos desnuda a todas partes y abusamos de ella hasta que la desgastamos tanto, que tocamos hueso. Y nos duele. Y chillamos y lloramos a la vez. Y buscamos la razón de este dolor. Y no entendemos. Y del grito y lloro pasamos al silencio y al enfado. Y del enfado a la venganza. Y de la venganza al dilema: deseamos castigar a esos que, careciendo de alma, van por la vida clavando puñales traperos por la espalda. Y cuando estamos a punto de pasar por encima de los sinalma con nuestra cuatro por cuatro, respiramos profundo y ponemos punto muerto.

Reflexionamos. Ahí estamos, desafiantes, empuñando el volante frente a los sinalma. Y nos aferramos a la reflexión para no presionar el acelerador. Y los miramos a los ojos y solo vemos miseria: muertos vivientes que carecen de sueños propios. Y sonreímos. Pobres desgraciados, pensamos. Y metemos marcha atrás y damos la vuelta. Y mientras aumentamos la velocidad y nos alejamos, nos reímos a carcajada limpia.

Y aunque tarde -muy tarde-, finalmente, vamos por la vida realmente protegidos y sin la necesidad de anotar en nuestro cuaderno: su mirada queda tatuada en nuestra mente y esa imagen nos protege. Pobres desgraciados¡Venid a mí miserables sinalma que ya no os tengo miedo!

miércoles, 10 de septiembre de 2014

NO LLORO, PERO NO ME ALEGRO

Alegrarse o mofarse por la muerte de una persona es de miserables. Ver siempre que el origen de nuestras desgracias comienza en los otros es de cobardes y de simples. Caer en la espiral del silencio y subirse al carro ganador es de ovejas. 

Ahora lo entiendo. La clave está en esta última palabra "ovejas". Todo se explica si acepto que convivo con personas y con muchas ovejas. Ahora mejor. Ya lo entiendo. 

No soy santa, ni voluntaria, ni misionera, ni recojo animales de la calle, ni reparto comida en comedor social, ni siempre tengo preparada la palabra exacta que reconforta. No me he auto-nombrado la amiga del año, ni la hija perfecta, ni la hermana cercana, ni la esposa heroína.  Ni lo soy, ni voy de ello. Tengo una cara; cada vez mas gastada, cada vez mas vista, pero una al fin y al cabo. Una cara que puede adaptarse, aceptar consejos y mejorar. Pero insisto, una para todas las desgracias y una para todas las alegrías. 

No me alegro ni por la muerte de un actor, ni por la de un sacerdote, ni por la de un empresario, ni por la de nadie. Tampoco lloro desconsolada por la muerte de un cantante que se fue y que jamás conocí, ni por un actor que tan solo me miró una vez a los ojos y fue a través de una pantalla de cine. 

Me alegro por la justicia que se imprime en la tierra. Me alegro cuando los humanos somos capaces de aplicar nuestras leyes a los vivos, cuando el sistema defiende a los afectados y castiga a los malos. 
Me alegro por las cosas buenas que le pasan a la gente, conocida o no. Me entristecen las malas en general. Y la muerte, accidente o enfermedad de una persona no es una buena noticia. Repito, no lloro, pero no me alegro. 

Observar cómo muchos proyectan sus frustraciones, sus miserias, sus carencias, su ignorancia, su envidia y su mediocridad a través de sus comentarios sobre la muerte de alguien me da asco. 

Insisto, no lloro la muerte de un tipo al que jamás conocí; pero ni conocí al del Banco Santander, ni al de la música, ni al del celuloide. Lloro por los míos. Me alegro por las cosas buenas. Soy así. Así de "rara". 

lunes, 8 de septiembre de 2014

DE LA ESTUPIDEZ AJENA, A LA MÍA PROPIA

Se me ocurren estupideces cuando esquivo hablar de lo que quiero hablar.  Y es tal el impacto que me ha producido verlo, que hasta me infecta mi lenguaje: habla, hablar... "Hable con ellas" de Telecinco tiene la culpa. Pésimo programa que hoy he visto por primera vez. En directo y por Internet. 

-He pasado de las estupideces que leo por internet a las que veo; y me da que para algunos, he aterrizado en la propia. `Big deal´-

Y lo que he visto es a cuatro mujeres intentando llevar adelante un programa al que no le encuentro el punto. Cuatro mujeres que preguntan al invitado y al que no permiten contestar. Cuatro mujeres que no se escuchan cuando hablan y por eso construyen entre ellas diálogos de besugos mientras el invitado pasa a ser un espectador mas. Cuatro mujeres que pretenden generar frases inteligentes o ironías ácidas y lo único que consiguen es llevar al programa al desierto de los lugares comunes.


Mercedes Milá y la chica americana

Hoy Mercedes Milá ha estado en el plató. Y se ha mordido la lengua. Varias veces, pero no todas. Le ha dicho a la chica americana que como no escucha, pregunta cualquier cosa. La chica americana -que estudia su guión como tabla de multiplicar del uno-, forma parte de la apuesta de Telecinco para presentar este late night de la televisión española.

¿Entiende lo que dice? Es la única duda que me surge, porque, que no se entera de lo que se habla en el plató, lo tengo mas que claro. Como un peón de una cadena de producción de coches, mete su frase o su pregunta justo cuando lo marca el guión. No importa que estén hablando de flores; ella pregunta sobre ranas. No importa que el invitado esté en plena exposición de un tema; ella lo pisotea con su tono forzado y chillón. No importa que no tenga ni la mas mínima idea de quién es el invitado, ella presume de su ignorancia sin complejos. 

No importa nada. Ella mete su parte y se queda tan ancha. Y no acierta con los plurales, ni con el género de las palabras. ¡Qué mas da! Si además de mona ¡sabe inglés! Una mujer es "alto" y un coche es "fea". Da igual, la yanki es mona y enseña piernas; y lleva mechas californianas. Alyson Eckman es su nombre, lo he buscado en internet.


Mercedes Milá y una actriz española.

Yolanda Ramos es otra de "ellas". Actriz. Actriz de guión. Su naturalidad a la hora de entrevistar destaca por su ausencia. Como Alyson,  tampoco permite que el invitado conteste a sus preguntas -quizá lo tengan firmado por contrato o lo exija el guión-. Su originalidad a la hora de preguntar es nula. ¿Quién le pasa las preguntas? Esta noche Milá le ha dado varias bofetadas televisivas: no se pregunta sobre generalidades al invitado porque le colocas en una posición incómoda, ¡no va a saber qué contestar! Mejor haz preguntas concretas. La periodista le ha regalado, en directo, una clase de periodismo a la actriz.


-Normal, zapatero cuando no sepas hacer otra cosa, quédate con tus zapatos-. 

Maria Teresa Gómez-Limón, diputada del PP en la Asamblea de Madrid, ha protagonizado la entrevista "seria" del programa. Es noticia porque acaba de abandonar el partido por "discrepancias". Además, tuvo la desgracia de viajar en los primeros vagones del Alvia que descarriló el 24 de julio de 2013 en Santiago de Compostela y la suerte de ser una de las supervivientes del accidente. 

Yolanda Ramos -la actriz-, ha sido la entrevistadora estrella. Y juraría que saltándose el guión -y de paso disimular su inseguridad provocada por los "consejos" de la periodista-,  ha invitado a Mercedes Milá a quedarse. No tengo claro que haya sido una buena idea. La incompetencia de la actriz para llevar una entrevista a buen puerto ha quedado mas evidente si cabe. Yolanda he empezado con la típica, aburrida y previsible pregunta sobre el abandono del partido de la invitada. Milá no ha podido reprimir su instinto periodístico y le ha preguntado -casi al mismo tiempo que la actriz-, sobre sus sentimientos/pensamientos justo en el momento del accidente. Ha querido que la diputada volviese al minuto en el que se produjo el choque para intentar vivir a través de ella ese momento y también, que todos los que estuviéramos en casa lo sintiésemos al mismo tiempo.  Comenzar la entrevista con tema impactante que deje al espectador pegado a la tele. Un básico en periodismo; un básico de televisión. Otra lección de Milá a la actriz; se me olvida que es actriz, solo funciona con guión. 

La diputada se disponía a contestar -a Milá-, cuando Yolanda de forma abrupta ha dado paso a la publicidad. Horror. Lo mejor, a la vuelta de los anuncios. Le he hecho un tercer grado a la invitada durante la publicidad mientras tú te has ido (¡zass!), le ha dicho Milá a Yolanda, la actriz. En ocho minutos de corte, Mercedes le ha preguntado por el accidente, por los sentimientos, por  las secuelas, por lo que se ha hecho, por lo que no... Su interés periodístico, humano e innato por escuchar testimonios de personas que viven situaciones difíciles, límites o que denuncian injusticias no entiende de descansos para fumar; de estar al aire o no; o de si forma o no parte del guión. Ni siquiera entiende de si cobra o no por ello. 

-Sin guión, sin programa, sin cobrar. Igualito que "ellas"-. 

De las otras "ellas" poco que contar: otra actriz o chica del teléfono, y una hija de cantante rescatada del olvido. Y no importa lo que son o no son, importa que siendo lo que son presentan mal y entrevistan peor. ¿"Hable con ellas"? Yo diría: "Hablan entre ellas y para ellas". Otro éxito de Telecinco. 

lunes, 12 de mayo de 2014

UNA SIN ACENTOS. PERO CON HASHTAGS. PERO SIN FOTO.

Una politica baleada. 
En plena calle. 
A las 5 de la tarde.
Cruzaba la pasarela que atraviesa un rio.
Iba al trabajo.
Muere en el acto.

Dos mujeres detenidas.
Madre e hija.
Mujer e hija de un inspector de la Policia Nacional.
Móvil: venganza por despido de trabajo.
Una hija en paro, una madre que por su hija, mata. 

Leon, España. 2014
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Si, siglo XXI. Si, España. Si, hace dias que mi Mac se volvió loco y ahora sus teclas no escriben lo que anuncian. Me tengo que arreglar con las que si lo hacen. Los acentos no están entre las elegidas. Perdón por esto. El corrector hará lo que pueda, pero suspendió gramática en primero, y la lleva arrastrando desde entonces. Ahora pinta canas. 
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España vive en crisis. Economica, si. Muy larga, si. Muy dura, tambien. Pero, ademas, transita en otra, si cabe, mas peligrosa: en la de la cordura, coherencia, justicia, equidad, valores, honestidad, valentia, entusiasmo. 

España solo llora. Y vuelve a llorar. Y tras un largo llanto, reinicia con lagrimas. Tanto liquido le ha licuado el cerebro y empañado la vista. Es mi blog, puedes irte. Es lo que pienso. 

Al calor de la crisis se justifican actos que hace unos años se condenaban, incluso, antes de preguntar el como o el porque (sustantivo que va con acento) de lo sucedido. 

Al calor de la crisis se critica que empresas aprovechen la coyuntura para reducir costes, plantillas, presupuestos. Lo criticamos. Que malos son ellos.

Al calor de la crisis se critica que el Gobierno aproveche para cambiar el modelo de pais. Lo criticamos. Que malos son ellos. 

Al calor de la crisis se critica que los mas ricos engorden su riqueza. Lo criticamos. Que malos son ellos.

Al calor de la crisis se justifica que se mate a tiros a una persona. Ya no criticamos. Es que los malos, son muy malos. Y nosotros, muy buenos.

Insisto, es mi blog, puedes largarte. Lo siento, como diria Facebook, me siento cabreado. Y el no poner acentos aun me jode mas.

Hoy, existen familias que lo están pasando mal, muy mal, peor que mal. Lo se. Y lo siento. Ayer, ¿sabes?, había familias que TAMBIEN lo pasaban mal, muy mal, peor que mal. 

Ayer, claro, no había crisis. 

La crisis es un cheque en blanco. Un cheque en blanco, al portador, claro. Pero no lo "porta" todo el mundo. Solo algunos, los elegidos. Los nuevos jueces. Los que deciden si una muerte es justa o "entendible". 

¿Te cuento una cosa? Otra oportunidad para irte.

En el 2006, cuando todos éramos felices y comíamos perdices, una familia que me toca muy cerca, lo paso mal, muy mal, peor que mal. Su economia, su salud y su trabajo se fueron al puto garete. Y no de a uno, sino de golpe. De la noche a la mañana le jodieron la vida. Y ganas de meter tiros no le faltaba a esta familia -que ya te digo que es muy, muy cercana, tanto, que la siento-. Y no lo hicieron. Eligieron el camino duro, el de pelear dentro del campo de juego, que es donde se libran las batallas. Y la guerra duro 8 años, y sigue durando. Una guerra contra el sistema, contra politicos desviados, empresarios perversos, justicia insolidaria, etc., etc. 

Gran Canaria, 2006. 
Familia mata a balazos a su verdugo. 
Movil: venganza. El verdugo le robo la vista, la salud, la empresa, la ilusión, el trabajo, la jubilación... SU FUTURO. 

¿En ese momento habrías justificado el asesinato? No, hombre, matar es pecado!, dirias. Ah! Es verdad, nos faltaba el cheque en blanco. Lastima, no tenia papel en esta escena. 
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PD: en la notica del 2006 no hubo muertes. 

La madre y el padre recogieron del suelo los pedazos que les quedaron, los juntaron y comenzaron su guerra. Con la ley en la mano. Con el cerebro como arma. Con la inteligencia como estrategia. 

Y con la fuerza que caracteriza a un superviviente de cuna, la paciencia, y la confianza en los suyos remontaron. Y todavia el vuelo no es tan alto como debiera, pero casi tocan cielo. Y llevan muchas batallas ganadas. Y otras pocas, les quedan.  ¿La guerra? Cuestión de semanas, o meses o años. 

#NOALASESINATO
#NOALAHIPOCRESIA
#NOALARBOLQUEMEJORSOMBRAMECOBIJA