miércoles, 27 de febrero de 2013

AMOR NO CORRESPONDIDO

Cuando un armario te pone tantos problemas es que no es "tu armario". Es uno del montón y no es para ti

Conseguir que mis cinco armarios más trastero de doce metros cuadrados quepan en mi nueva casa de dos armarios y dos "trasteros" ridículos en el párking -dos armarios de plástico de jardín del tipo de los que venden en Leroy-,  ha sido un trabajo de ingeniería. Debo reconocer que en el armario de mi habitación puedo caminar pero, aún así, la cosa ha estado complicada. 

Tras muchas subidas y bajadas a la banqueta; muchos "aquí pongo esto; no, lo quito y pongo lo otro" he conseguido que desaparezcan casi todas las cajas de cartón que decoraban mis apartamento. Ahora me quedan cuatro de cd´s y otras tantas con archivadores. Estas ocho cajitas no me dan problemas,  tengo los muebles adecuados para ellas. El problema lo tiene "la caja".

La caja tiene unas dimensiones considerables: metro cincuenta de altura y unos sesenta centímetros de profundidad y de ancho. Ahí se han quedado colgados los vestidos largos de Patricia. No hay manera de encajarlos en ningún lado. Y esta circunstancia es la que provocó el inicio de mi  relación con el armario que no es para mí. 

El sábado fui a IKEA. Lo de siempre: un horror. El comportamiento de las familias es universal: los sábados salen en manada a los centros comerciales. Con sus carritos para los bebes; con sus niños con capacidad de andar por sí solos; con los no tan niños que piden todo pero no pueden quedarse solos en casa; con la abuela que no se pierde una; con la madre que empuja el carrito del bebe y riñe al niño que anda solo pero sin rumbo; con la misma madre que olvida que tiene otro niño que, con cara de cabreo, comparte la jornada de compras con toda la familia, mientras intenta evadirse con la música de su ipod y con los whatsapps que escribe a su mejor amigo. Y con el padre. Un padre que parece que pasaba por ahí, como si la copla no fuera con él, y que cada tanto se queja por las horas que gastan en hacer compras innecesarias. Eso sí, con las manos en los bolsillos y ajeno al estrés que sufre la madre que mientras controla a la tropa, intenta elegir el color de las cortinas y el tamaño del sofá. Un cuadro.

Y en ese ambiente hostil estaba yo. Esquivando carritos de bebes y a madres que se paran en seco en medio de un pasillo para mirar no se qué y que consiguen o que te las tragues, o que tengas que hacer un giro de cadera in extremis para no merendártelas. Pues sí, os lo prometo, en esa jungla estaba yo. Yo y mi idea de armario. 

Y vi a mi idea. Tan clara, tan precisa, tan para mi. Y comenzó la odisea. Ocho códigos diferentes: las puertas, el marco, las baldas, los cajones, las bisagras, los tiradores... Con todo anotado me fui a la zona de recogida de material: pasillo 19, sección 30; pasillo 2, sección 4; pasillo...así hasta llegar a lo más pesado: las puertas y el cuerpo (o frame) del armario. Imposible de mover. Dos metros y treinta y seis centímetros de alto es un dato que os puede servir para imaginar lo que podía pesar aquello. 

Pick up and home delivery service. Mi salvación. Cien de los verdes y todo solucionado: ellos me lo buscan en el almacén, lo cargan y me lo traen a casa. Con la promesa de "te llamaremos el día de antes", y con una cómoda bolsita de IKEA con velas me fui a mi casa. Feliz: había encontrado a mi idea tan rápido que no me lo podía creer. Y hacía bien en no poder creerlo. 

Día de entrega.
Tal y como prometieron me llamaron la tarde anterior para confirmarme que al día siguiente llegaría mi armario de 11am a 3pm.  
Veinte minutos antes de llegar me avisaron con otra llamada. Esto marcha divinamente, me dije. Veinticinco minutos después de esa llamada me veo en medio de mi salón "hablando" a un teléfono del que no sale ninguna voz: me han colgado. 
¿Quien? Los de la recepción de mi edificio. "Señora, está aquí un transportista con unos muebles, pero usted no ha reservado el ascensor, por lo que no le puedo dejar pasar. Tendrá que reservarlo para otro día con 24 horas de antelación. Que tenga una buena tarde". Fin. 

Mi armario estaba a once pisos de mí; a menos de un minuto en ascensor. Y no pude verlo, ni tocarlo, ni abrazarlo. 

Tras unos segundos en estado de shock hablo con IKEA: tengo que volver a agendar otro cita y volver a pagar el transporte. Y tengo que hacerlo desde la tienda. A 30 millas de mi casa. Reservar el ascensor, dejar un depósito de más de setecientos dólares, confirmar fecha...¡¡LO DEVUELVO TODOOOOO!!!!

Hoy he vuelto a IKEA. 
I want my money back, han sido mis únicas palabras. 
Las del "delotroladodelmostrador" han sido más:

De acuerdo, ¿dónde está lo que quiere devolver?
Aquí (le muestro mi albarán).
Si...¿y los muebles?
No sé. No me los entregaron.
Ya... déjeme ver. (Se va).
(Vuelve al rato). Muy bien, señora, el servicio de home delivery no se hizo porque usted no reservó el ascensor y no le dejaron pasar -venga a machacarme con el temita...-...yo le puedo devolver su dinero cuando los muebles vuelvan a la tienda. Esto será en más o menos diez días. (Me devuelve mi albarán). Le llamaremos para que se pase por la tienda.
Imposible. 
¿Qué?
Le digo que IMPOSIBLE. No puedo volver la semana que viene, vivo lejos. Y quiero mi dinero porque yo no tengo las cajas. 

Unos minutos de pin pon dialéctico para llegar a una solución salomónica: yo no vuelvo otra vez, pero ellos no me reintegran el dinero en la tarjeta hasta dentro de diez días. Es lo que hay.

¿Y si encuentro "mi idea" pero un poco menos alta? -le doy vueltas a la cabeza-, así me lo puedo llevar yo en el coche... Entro en IKEA. 

Busco a un amable trabajador de la tienda sueca y le empiezo a preguntar:

¿Qué puertas necesito para este?
No hay.
¿Y para este otro?
No quedan.
¿Y para aquel?
Vendrán el domingo.

Desisto. 
Me voy a casa. 
Llueve y me meto en el maletero de mi coche mientras espero a mi marido. 
Es la única puerta abierta del coche. Él habla por teléfono. 
Cierro los ojos y pienso.

martes, 26 de febrero de 2013

UNA DE CAL Y OTRA DE...CAL

Ahora mismo estoy en shock. 
País de normas estúpidas que solo sirven para sacarte dinero. 

Estoy sometida por la "Asociación" de este maldito edificio. Un mes para darme accesos, un mes aguantando la cara de una tal Jessica que parece que su vida personal la mantiene frustrada y lo paga con los demás. Desde su triste silla en el despacho cutre de la Asociación se limita a largar un millón de reglas del edificio sin tan siquiera mirarte a los ojos. 

Hoy esperaba unos muebles de IKEA. Los compramos el sábado. Decidimos pagar el home delivery porque eran muebles pesados y no teníamos ganas de cargar como mulos. 101 dólares la bromita. Bueno, esto es América, -nos dijimos- aquí te cobran por compartir el aire que respiras.

Ayer recibí una llamada avisándome que hoy de 11 a 3pm llegarían los muebles a casa. Hoy desde las 11 estoy clavada en mi casa, esperando. 

A las 2 pm he recibido el aviso: en 20 minutos llegan los de IKEA.

A las 2:20 pm me llaman desde la Asociación: al no haber reservado el elevator no les pueden dejar pasar. ¿¿¿¿Cómo?!!!! digo yo. "Sí, señora, usted tiene que reservar el uso del jodido ascensor con un día de antelación y dejar un depósito de 750 verdes para poder recibir este pedido en casa". Ah...pero... (sin dejarme decir ni "mu") "...como no lo ha hecho los transportistas se van. Que tenga una buena tarde". Clon (cuelga).

Cara de repoquer se me ha quedado. Pasan segundos y...

¡¡¡¡¡¡RINNNNNNNGGG!!!! Llama el transportista: señora, nos tenemos que ir, Usted tiene que agendar otro día de entrega. Al no tener nosotros la culpa, usted tendrá que volver a pagar el envio a casa. Clon

En dos minutos me han violado y me han tirado por la ventana. Sin derecho a réplica; sin un mínimo de consideración; sin más explicaciones. Y aquí estoy con un cabreo supino. Con las manos atadas y los pies enroscados. ¿Por qué es todo tan complicado? ¿Por qué no tengo llaves de una casa de la que me sangran un puto alquiler?¿Por qué no puedo utilizar un ascensor si tienen un depósito de 1000 dólares  en sus arcas? ¿Por qué no se van todos al lugar donde más lejos puedan largarse?

Otro día de mierda y todavía no son ni las tres de la tarde. Ahora a intentar arreglar este lío sin saber dónde llamar -la empresa de transportes no es IKEA, "trabaja" para IKEA, que según el transportista este detalle hace que no sean ellos con los que tengo que hablar-. ¿Cómo narices voy a reservar el ascensor a una hora determinada si IKEA no me da una hora de entrega, si no un intervalo de un montón de horas? ¿Cómo voy a reservar el ascensor 24 horas antes si me llaman 12 horas antes para indicarme el día y el intervalo de horas en el que se pasarán a entregar los muebles? ¿Cómo puede ser que un dichoso armario y cuatro tablas me estén costando más que un bauhaus

Puede ser porque esto es Miami.
Estados Unidos.
La tierra prometida.
La de los sueños pueden hacerse realidad.
La de "soylaprimeradamayentregoelOscaralamejorpeliporqueyolovalgo". 


lunes, 25 de febrero de 2013

PARA "CERRAR" BOCA

Pepinillos dulces. 

Eso es lo que me ha debido sentar mal. Ayer por la noche los comí. Asquerosos. ¿Desde cuando un pepinillo es dulce? Desde que cayó en manos estadounidenses. 

"Sweet" es el apellido de casi todo lo que venden enlatado, embotellado o empapelado. Pocas cosas se salvan de este mal: las spicy. O te matan de azúcar o te destrozan con el picante. 

Pizzas, sopas, pures, salsas, panes, todo es un mundo de sabores a descubrir. Lástima que en contadas ocasiones el sabor es mejor de lo que imaginabas. Hace un par de días probé con una sopa de verduras en brick. Picaba. ¿Algún tipo de advertencia en el cartón? No. Pero picaba.

¿Qué ocurre cuando eliges cocinar tus alimentos y hacerte la comida? Todavía no he experimentado mucho. No he pasado de un pollo a la plancha,  un filete de carne con ensalada o un arroz blanco con tomate. Aburrido. 

No sabría explicar qué sabor es o què diferencia encuentro, pero la fruta y la verdura tampoco saben igual; sabor, sabor, no tienen, lo que sí,  crujen; y mucho. Y esta circunstancia es, cuanto menos, sospechosa. En diciembre compré remolacha cruda; después de mes y medio en la nevera todavía estaba dura. Terminé tirándola, pero nada de arrugada; ni blanda; ni nada. Intacta. 

Y los colores. Las manzanas tienen una capa de pintura roja y otra de barniz que hacen que parezcan de cera. Suaves, brillantes y llamativas. Sin demasiado esfuerzo, pasas el filo del cuchillo por la piel y recoges un polvito blanco. Cera. Lo mismo pasa con los pimientos, las berenjenas, los tomates... todo resplandece. 

Todavía estoy en la búsqueda del supermercado o tienda para hacer mis compras habituales. Todavía me paso una hora para descifrar que hay dentro de cada lata del estante del supermercado. Horas para elegir qué cereales desayunar, qué mantequilla untar o qué leche tomar. La variedad es agobiante.

Todavía me cuesta no marearme y no salir corriendo huyendo de la infinidad de productos estridentes que se amontonan en las góndolas. Todavía siento que esto es de paso y que en breve, volveré a mis lentejas. Y como dice el refrán "o las tomas o las dejas".



viernes, 22 de febrero de 2013

SIN O NO SIN, ESA ES LA CUESTIÓN

"Lonely boy" de The Black Keys a todo volumen para volver con fuerza, my no-eye and I are back!!!!! 

Algo más de un mes ha pasado desde la última vez; recuerdo estar cansada y agobiada. Recuerdo no tener casa. Recuerdo escribir mis penas en mi pequeño portátil tumbada en la cama. Recuerdo lo "cómico" de mi llegada. 

Pues bien, el cansancio y el agobio forman parte de mi amplio abanico de estados físicos y emocionales; tengo casa,  y por fin me siento delante de mi super pantalla de mi amado y añorado iMac. 

¿Qué cómo ha sido esta reentrée al país de los mil y un "nomepuedocreerquestomestépasando"

Sin aire. 
Acondicionado, digo. 
Sin llaves de la puerta de casa, del parking, de los trasteros, del acceso al gym, del acceso a las zonas comunes. 
Sin tarjetas de socio del "Beach Club". 
Sin.

Por suerte, no hace calor y todavía no echo de menos el aire. Pero ese no es el punto; el punto es que llevo tres dias con este tema. Que si viene el técnico a las diez, luego a la una y luego que viene mañana. Que llega el mañana y viene, pero tarde, dos horas. Que tras dos horas de espera, en diez minutos te dice que el motor está roto, que hay que cambiarlo. Hoy no, claro. "Hoy no tengo la pieza. Mañana te llamo". Y llega el mañana -que es hoy- y no llama. Y llama la menda. Y que sí, que "sí tiene la pieza" pero que ahora "está ocupado"; que si "viene el sábado". Y una que tiene más paciencia que un santo, le dice que no; que HOY cuando se desocupe, que yo le espero; con amor, claro. Que el sábado bajo ningún concepto; que fue un día creado par ir de compras cuando te tienes que secar el pelo a soplidos y sentar en una caja de cartón para escribir en tu despacho. 
"Qué bueno que vale, que luego te llamo". Cuelga. 

Han pasado tres horas y sigo esperando. 

Lo de las llaves es otro cantar. El dueño del piso es judío y vive en Israel. El agente que le gestiona las propieades vive en Europa y se ha borrado; no contesta a los mails ni a las llamadas de mi agente -o realtor ¿recordáis?-. Que sea judío es un dato relevante porque cuando se trata de abordar temas de dinero, los judíos son "complicados"; no olvidemos que son los creadores del binomio WIN-WIN

Todo esto para explicaos que la Asociación del edificio (lo que en España sería la "comunidad de vecinos") me dice que el dueño debería tener mínimo dos juegos de llaves. 
Que lo reclame. 
Que ellos no pueden hacer copias. 
Que no tienen los códigos de seguridad de las llaves. 
Que los tiene el dueño.
Que como mucho -y sin prometerlo- podrían darme copia de todo menos de la puerta de mi casa. 
Que eso lo debe hacer el dueño. Y si no lo hace, que hay que resetear todo y pedir copias nuevas a no sé dónde. 

Vamos, que todo facilidades. 

Y el que debería gestionar todo esto sería el realtor del judío, pero ha pillado la comisión del alquiler y se ha ido al Caribe -como Curro-. Y el dueño win-win no sale de su "deberían tenerlo" siempre con la mano en el bolsillo; para protegerlo. 

Resultado: mi realtor -y ya amigo-, está haciendo de mediador entre el casero, la Asociación y yo. Mientras, mi marido y yo coordinamos nuestras entradas y salidas de casa para no dormir bajo las estrellas.  Planazo.