lunes, 25 de febrero de 2013

PARA "CERRAR" BOCA

Pepinillos dulces. 

Eso es lo que me ha debido sentar mal. Ayer por la noche los comí. Asquerosos. ¿Desde cuando un pepinillo es dulce? Desde que cayó en manos estadounidenses. 

"Sweet" es el apellido de casi todo lo que venden enlatado, embotellado o empapelado. Pocas cosas se salvan de este mal: las spicy. O te matan de azúcar o te destrozan con el picante. 

Pizzas, sopas, pures, salsas, panes, todo es un mundo de sabores a descubrir. Lástima que en contadas ocasiones el sabor es mejor de lo que imaginabas. Hace un par de días probé con una sopa de verduras en brick. Picaba. ¿Algún tipo de advertencia en el cartón? No. Pero picaba.

¿Qué ocurre cuando eliges cocinar tus alimentos y hacerte la comida? Todavía no he experimentado mucho. No he pasado de un pollo a la plancha,  un filete de carne con ensalada o un arroz blanco con tomate. Aburrido. 

No sabría explicar qué sabor es o què diferencia encuentro, pero la fruta y la verdura tampoco saben igual; sabor, sabor, no tienen, lo que sí,  crujen; y mucho. Y esta circunstancia es, cuanto menos, sospechosa. En diciembre compré remolacha cruda; después de mes y medio en la nevera todavía estaba dura. Terminé tirándola, pero nada de arrugada; ni blanda; ni nada. Intacta. 

Y los colores. Las manzanas tienen una capa de pintura roja y otra de barniz que hacen que parezcan de cera. Suaves, brillantes y llamativas. Sin demasiado esfuerzo, pasas el filo del cuchillo por la piel y recoges un polvito blanco. Cera. Lo mismo pasa con los pimientos, las berenjenas, los tomates... todo resplandece. 

Todavía estoy en la búsqueda del supermercado o tienda para hacer mis compras habituales. Todavía me paso una hora para descifrar que hay dentro de cada lata del estante del supermercado. Horas para elegir qué cereales desayunar, qué mantequilla untar o qué leche tomar. La variedad es agobiante.

Todavía me cuesta no marearme y no salir corriendo huyendo de la infinidad de productos estridentes que se amontonan en las góndolas. Todavía siento que esto es de paso y que en breve, volveré a mis lentejas. Y como dice el refrán "o las tomas o las dejas".



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