miércoles, 29 de mayo de 2013

HOLA, ME LLAMO PATRICIA Y SOY...

Hoy he conversado con un amigo. Uno de esos que cumple con la palabra "amigo". Uno de esos que no te dora la píldora y, que con su crudeza positiva, te dice las verdades que deberías escuchar, pero que eludes sistemáticamente. Pues bien, ese "amigo" me insiste: no sé por qué no escribes. Y me acorrala: dame un motivo que me convenza. Y, yo, hago silencio. No la tengo. Tengo excusas, pero no motivos. 

SMcaelOjo-blog es un inicio, es un paso, es un intento de coger hábito, pero nada más. Comenzó como un ejercicio de clase, como un "hay que abrir un blog". Y ha ido tomando forma a lo largo de estos meses. Pero se queda corto. Su dinámica no me permite salirme del tiesto. No me deja escribir sobre lo que no me pasa y eso me condiciona. 

Los días en Miami terminan siendo como los dias en cualquier otra ciudad: al final la rutina llega a todos los rincones. Y no me quejo, solo lo constato. Una rutina que debe cambiar, que está en vías de hacerlo, pero que termina por ahogarme. Y SMcaelOjo se vuelve poco espontáneo y algo mecánico. 

Esta reflexión que cuelo en este espacio pretende convertirse en una auto-presión; una manera de verbalizar que ya es hora de ampliar fronteras y tomarse en serio el presente. Él, mi amigo, me llama "escritora" y me dice: siéntate delante de la pantalla vestida de escritora, que es tu profesión. Y mi primera sensación es que le habla a otra. 

Investiga, fotografía, escribe, disfruta. Eso es lo que me dice. Y continúa: no es cuestión de ser bueno o malo; no es cuestión de hacer dinero; no es cuestión de me saldrá bien o mal. Solo es cuestión de hacer lo que tú eres. ¿Qué carrera da el título de escritor? ¿Quién dice que este lo es y este no lo es? ¿Quién te dice que todos los libros que se publican a lo ancho y largo del planeta son "buenos"? Es más, ¿quién te dice que todo lo que leemos es "decente"? Todo se responde con una sola palabra: NADIE.

A partir de julio estaré a ocho asignaturas de terminar la carrera de Periodismo. Un año. Y seré "periodista". Vaya, parece que eso también me cuesta creerlo. Lo dirá un título, pero ¿ser periodista es tener un título? No lo sé. Supongo que no. 

Como siempre que divago en este blog, pido disculpas a quien esperara otra "batallita" y se ha encontrado con esta "proclamación de intenciones". Sáltatela. Ignórala. O léela.  Cada uno calienta motores a su manera. Cada uno decide lo que hacer público y lo que guardar en el cajón. Yo, guardo todo en mis cajones. Y ya no me cabe nada más. Y ya es hora de hacer lo que siento, lo que soy, y lo que quiero. Sin miedo, sin vergüenza. ¡Madre mía!, dos palabras que conviven conmigo desde hace tanto tiempo que ya me he acostumbrado a alimentarlas, a cuidarlas y a ver cómo se hacen mayores. ¡Pues ya es hora que se vayan de casa y se independicen!,  ¿no te parece?

Ya termino. 

SMcaelOjo-blog no va a parar, solo va a compartir su vida conmigo, y va a tener que ser muy bueno para que le de "cuartelillo". ¿Qué será lo próximo? No lo sé. Pero, hoy, empiezo mi profesión. Hoy me presento: hola, me llamo Patricia y soy... ESCRITORA (puff, qué parto más largo!).

martes, 28 de mayo de 2013

OLE, QUE OLE QUE OLE

Empezar la semana un martes siempre descoloca: el lunes piensas que es domingo; el martes, lunes; así, hasta que la liquidas ¡vete tú a saber qué día! 

Ayer fue el último lunes del mes de mayo, y los estadounidenses celebraban The Memorial Day o "Día de los Caídos". Al margen de un festival urbano de corte racial que ha invadido todo South Miami -y restricciones a la hora de elegir qué hacer, por eso de evitar atascos-, no he apreciado demasiado síntomas de homenaje a las víctimas caídas en las guerras del país de la Coca Cola

Obama se queja de la "creciente indiferencia" de los US hacia el ejército, pero es lógico, querido Barack: siempre me dijeron que "quien mucho abarca, poco aprieta" y lo que no se puede es homenajear, en una sola jornada, a todos los soldados estadounidenses que hayan muerto en todas las guerras en las que este país haya intervenido. Suena a un "todo incluido". 

El resultado es que nadie sabe si está en la foto, o no; nadie se siente identificado. Mezclar las víctimas de la Guerra Civil, con los de la I Guerra Mundia, con las de Vietnam; saltar a las de Iraq, Afganistan, etc. En fin, provoca, más que nada,  un empacho dominguero. 

Un homenaje que suponga "no trabajar", y que caiga en lunes, es sinónimo de: "Finde largo,  chicos, ¿dónde nos vamos?". No solo de pandereta, pescaito frito y fiesta flamenca vive el spanish man. No. Ni el profundo sentimiento patriota del yanqui; ni la inmensa pena por las víctimas; ni la profunda admiración y respeto que profesan hacia el ejército consigue que un "finde largo" deje de ser un ¡fiestaaaaaaaaaaaa!!!!!!!

Yo, me confié. Pensé: el jueves reservo hotel en Naples (una zona a doscientos kilómetros de Miami que tiene unas muy bonitas playas). Lo hago corto: todo ocupado. Lo bueno, lo malo; lo caro, lo barato; lo lejos, lo cerca; lo que me apetecía, lo que no. Y se cambiaron los planes. Día en Palm Beach, en Miami Beach; buena compañía; exquisita comida; y esas pinceladas que hacen que la vida tenga interés: 
  • Atasco de dos horas el viernes noche para hacer un par de kilómetros.
  • Pelea de gallos en el gym de mi casa entre dos cachitas con la intervención de la gente de seguridad.
  • Carritos de bebé con dos compartimentos: a la izquierda, el bebé duerme; a la derecha, el perrito. 
  • Carritos de bebé ocupados por perros y empujados por mujer muy comprometida con la causa. 
  • Perros con uñas rosas.
  • Pinchazo de rueda; visita al taller.
  • Socorrista de playa dejándose la vida en el "pito", intentando, a golpe de "piiiiiii", que dos niños vuelvan a la orilla. Bandera roja y la madre mira cómo se adentran en el mar. Ah, y les fotografía. 
  • Cerveza, mojitos y martinis en la la playa. Yo no, ellos. Yo soy la única panoli que se ha creído eso de "prohibido consumir bebidas alcohólicas en la playa", y bebe agua.
  • Promesa de trabajar no cumplida: imposible resistirse a la brisa del mar en la playa y pasar unas horas en compañía difícil de conseguir: ¡mi marido!
  • Evacuación de edificio por motivo desconocido. Sacamos coches y documentación y nos vamos a dar un voltio. 
  • Vuelta a casa: bomberos, luces, pero "todo tranquilo, regrese a casa, no pasa nada".



martes, 21 de mayo de 2013

DIME DE QUÉ PRESUMES...

En el taxi camino al Fairmont Hotel. Día de la llegada a San Francisco:

¡Qué sueño estar en San Francisco! ¡Qué ilusión! ¡Todavía no me lo creo!!!!!
¿Vivirías aquí?
Siiiiiiiiiiiiiiiiiiii
¿Aunque haga frio?
Siiiiiiiiiiiiiiiiiiii
¿Aunque haya cuestas de infarto?
Siiiiiiiiiiiiiiiiiii
¿Aunque haya vagabundos?
¡Va!, seguro que tampoco es para tanto....Viviría, SIIIIIIIIIIIIIIII


Ocho días después...

En el taxi camino al aeropuerto de San Francisco. Día del vuelo hacia casa:

¡Qué ganas de llegar a casita!
¿No te apetece quedarte unos días más?
Nooooooooo
¿Segura?
Siiiiiiiii
Pero ¿nos venimos a vivir a SF?
¡¡¡Noooooo!!! 
Quiero mi humedad asfixiante, mis despertares con 80 grados Fahrenheit, mis calles solitarias, mis aburridas llanuras, mis 55 pisos de edificio... i love Miami!!!

Una mañana después...

En un bar de Brickell, MiamiPrimer día laboral después del viaje a SF:


¿Qué tal por SF?
¡¡¡¡¡Impresionante!!!!! Super europea! Super cool!!! 
¡¡¡Super de super!!!


Muchas cuesta, ¿no?
¡Qué va, my darling!! Las justas, las que ves en al tele. 
Un poco para arriba, un poco para abajo... lo que te digo, las justas. 


¿Y Alcatraz?
¿La Roca? Impactante, unas celdas, unos pasillos, unos escalofríos ¡hasta Sean Connery estaba ahí!!

Ah... ¿Y el puente?
¿The Golden Gate? Diviiiinoooooooooooooooooooooooooo!!! 
Grande, rojo... lo que te digo, divino, divino


¿Y de museos?
¡Todos, vi todos!! Una ciudad plena de museos. 
Querida, el MOMA... no tengo palabras. 


¿Y la comida?
¡Super! Muy del lugar, muy del país.

¿Y la noche?
A puro tacón


¿Y el clima?
Natural, un clima muy natural

¿Y los vagabundos?
¿¿Vaga...qué??? ¡¡Qué locura!!! Ni uno, ¡yo no vi ni uno! Esos son leyendas foreras (...)

Hoy...

San Francisco es diferente, peculiar; poco yanki en la superficie, pero muy barras y estrellas en el medio y en el fondo. Decir que es preciosa, que vale la pena ir, que es una cuidad con mucho encanto, al margen de ser la pura verdad, es lo que se espera de uno. Pero lo que no queda bien, lo politicamente incorrecto tras un viaje a San Francisco:

¿Qué tal por SF?

Genial, pero con cuatro días bastaba. Menos mal que tenía una escapada a la región del vino, si no, ¡me tiro por el Golden!

Genial, pero el clima es jodido: el frio se te mete en los huesos y no sale. Las noches son muy frías, aunque por el día hace sol.

Genial, pero Alcatraz es un timo. 
Un timo en toda regla: mas leyenda que otra cosa; mas márketing que realidad;  mas envoltorio que contenido. La cosa es que "tienes que" ir, porque... ¿cómo vas a ir a SF y no pisar la mítica prisión? Pero... ni ruidos en la oscuridad de celdas que se abren, ni espíritu de Alcapone paseándose por la roca, ni mucho que ver. En la visita recorres un mini pabellón. Te plantan unos cascos para que escuches la grabación -que mientras te cuenta una historia tipo Walt Disney te hace dar vueltas por un mismo lugar como si fueras bobo- y ahí te pudras. 


Genial, el Golden Gate es impresionante. 

Genial, el Golden Park es mucho mas chulo que Central Park de NY.

Genial, pero el SFMOMA no le llega ni a los tobillos al MOMA de NY.

Genial, pero después de tres días subiendo un bajando cuestas de infarto, la cosa ya no tiene gracia.

Genial, los tranvías y los metros llegan a todas partes.

Genial, las vistas desde Twin Peaks son impresionantes.

Genial, pero el barrio chino es invasivo... ¡están por todas partes!

Genial, Little Italy no tiene nada super especial, pero se come de lujo.

Genial, los edificios son todos chulísimos: las casas, las escaleras de incendios, los colores  la formas... todo muy original.

Genial, El barrio "Castro" es de los mejores que he visto; los gays siempre saben mantener sus calles limpias y con buen gusto. 

Genial, la calle Lombard es como en las pelis.

Genial, se come muy bien, pero vamos,  los italianos y los chinos tienen copada la oferta culinaria!
Genial, pero...
Genial, ...
Genial...

Genial, pero.... ¿por qué el New York Times se fue tan lejos para encontrar a un señor revolviendo en la basura cuando San Francisco es un hervidero de vagabundos??? 

Antes de salir de viaje, leí en foros que en San Francisco hay vagabundos, pero que "no molestan". 

Mentira. 

No, no te violan; no, no te roban -al menos a mí, no-; no, no te "atacan". Pero los portales tienen un olor a podrido -esté o no el vagabundo-; el olor que desprenden es nauseabundo -se aprecia desde metros de distancia-, y para el que no está acostumbrado, la imagen de cientos de personas moviéndose por la ciudad al más estilo Walking Dead, no deja de ser algo que sí -cuanto menos-, te llama la atención. 

El concepto de vagabundo se firma en SF: las calles de esta bella ciudad están "adornadas" con mujeres y  hombres que vagan por sus calles, tiran de un carrito, buscan en la basura, hacen corritos, fuman, beben, cantan, murmuran, rezan, se pelean. Hollywood no busca extras cuando quiere que un vagabundo aparezca en escena: lo encuentra en estas calles. No los disfraza, no los maquilla: son reales. Miradas que no miran; ojos desorbitados; tics nerviosos; barbas hasta las rodillas; uñas tapadas de porquería; jorobas que andan por encima de las cabezas. Hablan entre dientes y de vez en cuando llaman a Dios, gritan por la paz y luego se van. ¿Fue la época de paz y amor libre la que les quemó el cerebro? Quien sabe. 


Y no es que una sea una princesita que no ha visto pobreza, hambruna o miseria; no. Lo que yo jamás había tocado tan de cerca es el fracaso de una sociedad. Eso es lo que me vino a la cabeza el cuarto día que estuve en San Francisco. Acababa de salir de mi super hotel (hasta Obama se aloja siempre en el Fairmont) y estaba paseando por Union Square: Prada, Valentino, Armani; señoras que iban a la Ópera (sí, se va por la mañana a la Ópera), vestidas con transparencias y tacones; chicos cosidos por los cables de sus Apple´s; limusinas en las puertas del Palace; deportivos.


Y caminando entre todos ellos, vagabundos. Sin rozarse, sin mirarse, pero compartiendo el mismo espacio, el mismo aire. 

Y esa indiferencia de unos (los "normales") y de otros (los que "no molestan"), me hizo pensar: qué sociedad enferma. Qué fracaso. 

Y me acordé de mis amigos y colegas del New York Times, y su reportaje "In Spain, Austerity and Hunger". Y de esas fotos del fotógrafo español, Samuel Aranda, que el periódico neoyorquino recogió en su amplio artículo:
Vaya -me digo-, tan escandalizados porque en España tengamos a gente que busca en la basura -los que siempre lo han hecho, y los que por la crisis lo empiezan a hacer-, y aquí, en San Francisco, se han convertido en una "atracción" más de la ciudad. En una colectivo más: están los chinos, los italianos, los gays.... y los vagabundos. Y la gente no se inmuta. Ni la policía. Ni los gobernantes. Eso sí, uno que busca en Madrid algo de comida en la basura se convierte en portada del poderosísimo NYT. De coña. 

viernes, 10 de mayo de 2013

Y TÚ, ¿QUÉ HORA TIENES?

Lo de siempre; horas antes de coger un vuelo, y es cuando a uno se le ocurre fijarse en la hora de despegue: las 7:50 am. Vaya, un poco temprano; vaya, muy temprano; vaya ¡la leche de temprano! Pero ¿en qué estaría yo pensando? 

Concentrémonos: esto implica que me levante a las cuatro. Y me duche, termine de hacer maleta, repase documentación, revise ventanas, aparatos eléctricos, etc. (esto es el "efecto Marchese"), arregle un poco la casa para evitar que la depresión posvacacinal toque hueso, desayune y me peine.

Sí, sí,  ME PEINE; que no se cómo lo hago, pero siempre me subo a los aviones como si me acabara de caer de la cama. Y te das cuenta de que llevas la marca de la almohada en la cara y los pelos todos para arriba cuando te escapas un minuto y te metes en el baño del aeropuerto. ¡Ahhhh! ¡Qué susto! ¿Cómo no me ha avisado que llevaba estas pintas?!!! Y recuerdas las palabras de hace tan solo un hora:

Cariño, ¿estoy peinada?  
Sí, cielo, estás guapísima, como siempre

No me han dicho que estaba peinada, no; me han dicho que estaba ni más, ni menos que  G-U-A-P-Í-S-I-M-A. Pero ¿dónde estaba mirando? Y la respuesta la tienes delante de tus narices: "como siempre". Ni te ha mirado. En fin.

Y ahí estás tú,  luchando por no parecer una alérgica al peine. Aunque, por mucho que lo intentas, el espejo no te devuelve lo que pretendes: solo has cogido un par de horquillas y es imposible que domes tu pelo con dos míseros "ganchitos".

¿Por dónde iba? Vale, ya. A las cinco en punto tengo que estar en el lobby del edificio pidiendo un taxi. 

Una vez que se te ha ocurrido fijarte en la hora de salida, pues, ya que estás, te preguntas:


¿Cuántas horas durará el vuelo? ¿dos?, ¿tres? 
SIETE
¿¿¿¡¡¡Siete??'!!!! Pero bueno, ¡ni que me fuera al Congo! 

Y, como no te fías, te vas a consultar al amigo Google Maps para intentar entender por qué tierras de Dios te va a llevar el piloto que no es capaz de hacer el trayecto más corto. Y ahí lo tienes: 5.007,6348 Kms. Y metes un libro en el bolso para amenizar el viaje. 

Y cuando ya parece que lo tienes todo bajo control, de refilón, sin querer y mientras estás doblando la hojita impresa con los vuelos lees: llegada, Los Ángeles.

¿Quéeee? 

Y ahí descubres todo el pastel: a las 7:50 y desde Fort Lauderdale, te subes en un avión destino Los Ángeles. Aterrizas en la ciudad bendita a las 10:30 am, hora local. "Hora Local", un dato a tener en cuenta porque la diferencia horaria de Flórida con California es de tres horas, por lo que, aunque el reloj diga que tres, tu cuerpo sabe que son seis. Seguimos. A las 12:20 vuelves a subirte a otro avión -me llevo casi dos horas más a la buchaca-, que, si todo va bien, te dejarán en San Francisco a la 1:40 pm. Por suerte, ambas ciudades comparten horario y solo tienes que sumar a la lista  una hora con veinte. Calculemos: 3, 30+3+1,50+1,20= 9 horas y cuarenta minutos tardas en llegar a San Francisco city. ¡Guau!

Y cuando solo de pensar lo bien que te lo has montado, te está dando un telele, ¡una alegría! Para volver a casa tienes vuelo directo: San Francisco - Miami en cinco horas y veinte minutos. El reloj, como siempre, dirá otra cosa, hablará de ocho horas y veinte minutos -por eso de que, ahora, me suma tres horas-; y yo estaré pisando suelo conocido...¡a las cinco de la madrugada???!!! Pero ¿a qué hora salgo de SF? Ups, a las 9 de la noche... Lo dejo. Me bailan las horas, los números, los vuelos y las ciudades. 

Son las once de la noche y media de la noche. Me iré a dormir en una hora. Dormiré tres y media. Viajaré nueve. Me regalarán tres. ¿Dónde estoy? Me he perdido. 




jueves, 9 de mayo de 2013

ÉRASE UNA VEZ...

El sábado estaré durmiendo en Fairmont Hotel. Sí, el de la serie Hotel, ¡qué ilusión! Tengo la sensación de que esta serie de los 80 fue la culpable de mi falso enganche por los hoteles (hace años que descubrí que los detesto para cualquier cosa que no sea dormir en ellos). ¡Va!, en realidad, fue la culpable de que yo me creyera la película de director atractivo, competente, exitoso, comprensivo y la ayudante joven, guapa e inteligente que compaginan su historia de amor con la dirección del hotel. Compañeros solidarios, amores inocentes, risas, éxitos laborales, lujo... eran tiempos de series con inicios, medios y finales felices (no olvidemos a Vacaciones en el Mar).  Series que me pillaron con ocho años y que yo me creía de "pe a pa". 

Recuerdo que Peter (el director) no era mi "tipo de chico" (jajaj, con ocho años una ya tenía esas historias en la cabeza, en secreto, claro), pero Christine...¡¡¡Chris era mi ídola!!!!!!!! Alta, esbelta, melena larga y lisa, inteligente, sonrisa perfecta...¡¡y le pagaban por saludar y regalar sonrisas!!! Y, para colmo, el jefe se mataba por sus huesos. Un cuento con princesa, príncipe, castillo pero, sin bruja y con final feliz. ¡Qué daño hizo la "jodia" serie!!!!

Pasaron los años y la serie quedó ahí, en la retina, pero nada fuera de lo normal. Bueno, de vez en cuando me imaginaba bajando por esas eternas escaleras por las que lo hacía Chris; o sonriendo a educados turistas que alababan mi melena recién planchada. Recuerdos que se convirtieron en tonterías y que luego olvidé por completo. Llegó la vida real y se pinchó el globo: ni melena lisa, ni jefe atractivo (y mucho menos inteligente y bueno), ni sonrisas, ni halagos, ni turistas amables, ni historias de amor de dos rombos, ni na de na. No lo vi ni la primera vez que pisé un hotel, ni la primera vez que trabajé en un hotel. Lástima.

En fin, después del desengaño amoroso que sufrí con el mundo "Hotel", por fin me atrevo a visitar el lugar de los hechos. Siete noches y una semana para recorrer San Francisco... ¡de vicio!