miércoles, 21 de febrero de 2018

YO TE ABRAZO, TÚ ME EMPUJAS. YO TE ABRAZO, TÚ ME EMPUJAS. YO... ¿TE ABRAZO? ¡BASTA!


Hace semanas que me reportan del cole -día sí, día también-, que tal niño -o niña-, ha pegado a N. De la nada. Un arañazo en la cara. Un empujón. Un golpe. Cosas de niños de dos o tres años, me dicen. Bueno, cosas de adultos, diría yo. Cosas de los que educan, de los que cuidan y, por último, de los niños. 

Yo me mato para que N sea una niña amorosa y sociable. Para que no pegue. Para que comparta. Para que sus frustraciones se conviertan en pasitos de aprendizaje y de comprensión. Para que practique la paciencia, la tolerancia. Para que disfrute con un juguete y, también, con una hoja seca de árbol o con la luz de la luna. Para que Apple no le enganche con sus artilugios. Para que coma con las manos encima de la mesa. Para que respete a sus profesoras. Y a sus compañeros. Y a sus yayos y abuelos. Para que adore a sus primos y sueñe con estar con sus tíos. Para que quiera a sus tíos de no sangre sin distinciones -que la sangre buena ni es azul, ni es la que corre por las venas-, porque son nuestro apoyo y nuestro calorcito en este país lejano. Para que respete y se respete. Para que ame. Para que aprenda. Para que se ame. Para que tolere. Para que sea feliz. Para que se permita llorar. Para que se permita fallar. Para que luche. Para que confíe en mí. ¡Para tantas cosas! 

Hoy vi como un nene la empujaba. Luego le pegaba. No grave, pero sí agresivo. Un amigo suyo, uno al que ama. Estábamos en el parque. N no respondió, se quedó paralizada y desconcertada, a punto del llanto. Su cara de no entender y de pena me han hecho llorar por dentro. Llorar por unos segundos. Luego, cuando la abrazaba y consolaba, me he cabreado. ¡Qué narices! Cuando te peguen, devuélvela con más fuerza para que la próxima vez se lo piensen dos veces antes de tocarte, esto  le hubiese dicho si no tuviera la capacidad de contar hasta diez. Esa capacidad de frenar a tiempo un impulso, que solo consigues con el paso del tiempo. 

Pasan cuarenta minutos de las doce de la noche. Ya es mañana y ya he leído diecinueve opiniones de diferentes psicólogos infantiles. Estoy de acuerdo con lo que dicen: educar en la violencia es un error. Debemos reforzar su seguridad, protegerlos, defenderles, estar a su lado, enseñarles que la huida es un acto de inteligencia en casos de violencia, etc., etc. Okay. Perfecto. Ahora bien, tengo claro quién educa a estos pequeños monstruos, pero, y a sus padres, ¿quién los reeduca?

jueves, 15 de febrero de 2018

PROFUNDAMENTE TRISTE

¿Y si fuera N? A 47 millas de casa, a escasos 55 minutos en coche, han matado a 17 personas. Las 'personas' no duelen. Julie, Sara, Max, Cata, Matthew, Emerie... Nicole, sí. ¿Y si fueran ellos? ¿Y si fuera N? Las personas no duelen, los nombres destrozan. Las personas no duelen, las caras te rompen el alma. Personas. Sustantivo común, plural. Paradójicamente, impersonal. 

Un asesino de 19 años. 17 muertos. Una escuela. Un país del primer mundo, ¡qué digo del primer mundo!, un país que lidera el mundo. Con todas las posibilidades, con todas las oportunidades, con todas las herramientas para evitar esta mierda. Dan ganas de llorar del asco. Pero no puedo, lloro de la pena. Porque tenemos a 17 ´personas´ muertas. A 17 familias muertas. 

En breve la prensa y la red nos darán más datos. Y, quizás, detrás de esas ´personas´ encontremos a un profesor o a un trabajador. O quizás no. Y quizás esas 17 muertes se conviertan en 20. O no. Y quizás conozcamos las historias que hay detrás de esas personas. O no. Pero lo que no es 'quizás' y sí seguro es que, en unos días, nada cambiará: compraremos balas al mismo tiempo que huevos. Las primeras tan innecesarias y dañinas, los segundos, tan escasos y  tan necesarios. 

A poco más de un día de este asesinato leo los periódicos y todavía hablan de personas. Personas. Os juro que no dejo de pensar en lo asqueroso que es el mundo. ¿Personas? Joder, ¡que eran críos! Chavales que, obligados por un sistema que les dice que ir al colegio les convertirá en hombres de provecho y de bien, cumplían con su rol: formarse, crecer, experimentar, crear, VIVIR. Tenemos que revisarnos, en serio, debemos hacerlo. 

***

En fin, me desperté con esta pregunta en la garganta: ¿y si fuera N? Si fuera N,  me moriría. Mi más sentido pésame para las familias y amigos de Alaina, Peter, Luke... Una putada, una gran putada.