Jajaja
No es serio, lo sé. Hoy me he levantado con la idea de escribir como mujer seria, mujer comprometida, mujer de altas miras -Me río de Janeiro, ¡jo, ja, ja!-. Pero mi hija de cinco me desgasta el nombre. Las notificaciones que me aparecen por la equina superior derecha de mi laptop solo me recuerdan que vivo con un virus, que las escuelas no abren, que el plan de reapertura está cerca -Me río de Janeiro ¡jo, ja, ja!-, y que tengo que actualizar el sistema operativo que, por cierto, hace semanas que elijo la opción de `recordar mañana´ (Nota mental: cambiar de opción). Ya me perdí. Voy por el punto y aparte que siempre da aire para ordenar ideas.
Continuo en-julianada y ayer fue un día de pico, de rotura de fibras y tendones cruzados. En el mismo minuto, dejé a mi chica de cinco en el colegio de la nueva normalidad, puse al fuego una cazuela con la comida del mediodía y metí en el horno una bandeja de galletas. Me vienen millones de recuerdos sobre cada palabra que escribo. Sobre la comida que puse en una cazuela: costillas guisadas que hice hace dos semanas y que congelé en porciones de a uno para poder ganar tiempo en los días de entre semana. La chica de cinco come a las 11:50 am; yo, desayuno. Sobre las galletas: en un despiste de mi hija de cinco conseguí estar sola en la cocina y como si desvalijara casa ajena, abrí armarios e hice acopio de todos los ingredientes para conseguir unas buenas galletas mañaneras, ricas y enérgicas: harina de almendra, avena en copos, harina de trigo integral, miel, yogur natural, esencia de vainilla, aceite de oliva, bananas, levadura en polvo seca y chocolate negro en tableta. A punto de meter las manos en la masa y mezclarla mi chica de cinco interrumpe en la cocina gritando `¡puedo ayudar, puedo ayudar!´. Ni hace falta que os cuente qué significa eso. Imaginen si pueden y si no, hagan la prueba. Me perdí. Punto y aparte.
Retomo en el momento de la cocina a pleno de fogones y todos en sus puestos. Parece que la vida me da una tregua y empiezo a saborear las mieles del éxito de mi gestión matutina -Me río de Janeiro ¡jo, ja, ja!-.
`... Mommmmmmm! She can´t hear me!´.
Como el bang del pistoletazo de salida sonó mi hija de cinco. Corro hacia su habitación. La profesora da instrucciones sobre la próxima actividad que solo repite dos veces. Mi chica de cinco llama a gritos una y otra vez a `Mrs xxx!!, en un intento agónico para que la escuche. La profesora sigue instruyendo y mientras, yo, intento arreglar su micro haciendo malabares para no salir en cámara, y puteando en todos los idiomas -Me río de Janeiro, ¡jo, ja, ja!-. Teacher hablando, mi hija de cinco gritando y yo puteando. Un cuadro. Corro a mi habitación y busco mi laptop. Me conecto por Zoom -palabra aprendida y añadida a mi vocabulario cotidiano en tiempos del Covid19-, a la clase y hago cambio de ruedas, perdón, de laptop en tiempo récord.
Ahora soy yo la que grita: `Mrs Teacher pls, can you hear me?´.
Nada. Ahora somos mi chica y yo : Mrs Teacherrrrrrr!!
YES, I CAN HEAR YOU, dice la Teacher. Ups, suena nerviosa.
Explico a mi hija de cinco lo básico de mi portátil y siento la calma en mis pulmones. Relaja, me digo, vuelve a ti. Y respiro profundo.
Dios, la comida. Dios, las galletassss!!!! Corro.
Q U E M A D O.
En-julianada y quemada.
¿Hoy??? vamos viendo. -Me río de Janeiro ¡jo, ja, ja!-
#tiemposdecovid19
#smcaelojo