miércoles, 30 de septiembre de 2020

AMO

Duermo todas las noches a N. De lejos, el mejor momento del día. Es mágico. Por unos minutos toda mi mala leche, mi hartazgo y mi saturación infinita desaparecen. Una inmensa dosis de amor infla mi pecho y lo hace explotar. Se duerme y yo, amo.

Mi hija ama mi piel. Hoy ha llorado al ver mi tatuaje en mi brazo. Lo mira, lo acaricia y me dice: ¿es para siempre? Tras mi respuesta afirmativa, rompe a llorar. No entiende por qué he manchado mi piel, una piel que ella ama y que quiere cuidar. Me ha pedido mil veces que me cuide, que soy parte de su corazón, que ella sabe lo mucho que me ama y que no quería que estropeara mi piel. Que no me lo quite porque no quiere que me hagan daño. Y que pese a todo, me ama y soy más especial que todas las cosas. Que ella también es #invencible y sabe que yo lo soy, pero no era necesario tatuarlo. Rotura de corazón total. 

Nunca imaginé que debía tener en cuenta sus sentimientos a la hora de tatuarme. Nunca. Qué loco, ¿no?

¿Sabes por qué eres tan especial mamá? -La miro-. Porque yo te escuchaba cuando estaba en la pancita y me cantabas y me amabas. Tu me cuidabas y siempre me cuidas. Y por eso te amo siempre, también cuando estás triste, cuando te enfadas y cuando te confundes. Siempre te amo. 


Directo al corazón. Bang. Corazón cruzado.


#tiemposdecovid19

#smcaelojo




viernes, 25 de septiembre de 2020

TRES NUNCA FUE MULTITUD

Hoy se cortó el pelo. Un mechón. 

Y lo escondió en una estuche donde guarda los útiles de colegio. 

Y yo lo encontré. 

Así arrancó la mañana. 


Tres días sin colegio. Sábado, domingo y lunes. T R E S.


G r a c i a s. 


#tiemposdeCovid19

#SMcaelOjo

¡Jo, JA, JA!

 Jajaja

No es serio, lo sé. Hoy me he levantado con la idea de escribir como mujer seria, mujer comprometida, mujer de altas miras -Me río de Janeiro, ¡jo, ja, ja!-. Pero mi hija de cinco me desgasta el nombre. Las notificaciones que me aparecen por la equina superior derecha de mi laptop solo me recuerdan que vivo con un virus, que las escuelas no abren, que el plan de reapertura está cerca -Me río de Janeiro ¡jo, ja, ja!-,  y que tengo que actualizar el sistema operativo que, por cierto, hace semanas que elijo la opción de `recordar mañana´ (Nota mental: cambiar de opción). Ya me perdí. Voy por el punto y aparte que siempre da aire para ordenar ideas. 

Continuo en-julianada y ayer fue un día de pico, de rotura de fibras y tendones cruzados. En el mismo minuto, dejé a mi chica de cinco en el colegio de la nueva normalidad, puse al fuego una cazuela con la comida del mediodía y metí en el horno una bandeja de galletas. Me vienen millones de recuerdos sobre cada palabra que escribo. Sobre la comida que puse en una cazuela: costillas guisadas que hice hace dos semanas y que congelé en porciones de a uno para poder ganar tiempo en los días de entre semana. La chica de cinco come a las 11:50 am; yo, desayuno. Sobre las galletas: en un despiste de mi hija de cinco conseguí estar sola en la cocina y como si desvalijara casa ajena, abrí armarios e hice acopio de todos los ingredientes para conseguir unas buenas galletas mañaneras, ricas y enérgicas: harina de almendra, avena en copos, harina de trigo integral, miel, yogur natural, esencia de vainilla, aceite de oliva, bananas, levadura en polvo seca y chocolate negro en tableta. A punto de meter las manos en la masa y mezclarla mi chica de cinco interrumpe en la cocina gritando `¡puedo ayudar, puedo ayudar!´. Ni hace falta que os cuente qué significa eso. Imaginen si pueden y si no, hagan la prueba. Me perdí. Punto y aparte.

Retomo en el momento de la cocina a pleno de fogones y todos en sus puestos. Parece que la vida me da una tregua y empiezo a saborear las mieles del éxito de mi gestión matutina -Me río de Janeiro ¡jo, ja, ja!-.

`... Mommmmmmm! She can´t hear me!´.

Como el bang del pistoletazo de salida sonó mi hija de cinco. Corro hacia su habitación. La profesora da instrucciones sobre la próxima actividad que solo repite dos veces. Mi chica de cinco llama a gritos una y otra vez a `Mrs xxx!!,  en un intento agónico para que la escuche. La profesora sigue instruyendo y mientras, yo, intento arreglar su micro haciendo malabares para no salir en cámara, y puteando en todos los idiomas -Me río de Janeiro, ¡jo, ja, ja!-. Teacher hablando, mi hija de cinco gritando y yo puteando. Un cuadro. Corro a mi habitación y busco mi laptop. Me conecto por Zoom -palabra aprendida y añadida a mi vocabulario cotidiano en tiempos del Covid19-, a la clase y hago cambio de ruedas, perdón, de laptop en tiempo récord. 

Ahora soy yo la que grita: `Mrs Teacher pls, can you hear me?´. 

Nada. Ahora somos mi chica y yo : Mrs Teacherrrrrrr!! 

YES, I CAN HEAR YOU, dice la Teacher. Ups, suena nerviosa. 

Explico a mi hija de cinco lo básico de mi portátil y siento la calma en mis pulmones. Relaja, me digo, vuelve a ti. Y respiro profundo. 

Dios, la comida. Dios,  las galletassss!!!! Corro.

Q U E M A D O.

En-julianada y quemada.


¿Hoy??? vamos viendo. -Me río de Janeiro ¡jo, ja, ja!-


#tiemposdecovid19

#smcaelojo

martes, 22 de septiembre de 2020

INTERRUMPIENDO LA VIDA

Esto es una locura. 

24/7

Hace 214 días que vivo pegoteada. Comparto demasiados momentos y demasiadas conversaciones. Los silencios han desparecido. Solo en la primera parte de la noche consigo escucharlos. Muy bajito, pero ahí los veo. Cómo los echo de menos. Cuando vivía -ahora no vivo, sobrevivo-, cuando la vida se dibujaba con muchos colores y tenía muchos sabores, mis silencios siempre estaban cerca: en el bolsillo, en mi caja de recuerdos o en la taza de café. Siempre. A mano. Para salvarme. Para reconciliarme. Para escucharme.  Hoy, a-h-o-r-a, vivo interrumpida. Soy una cebolla en juliana. Para escribir estas lineas he necesitado millones de días e incontables intentos. 

Mi hija estudia online. Esto significa que como con su hambre, pienso con su cerebro, me programo con su agenda, trabajo con su temario, juego con su imaginación y me enfado con su misma intensidad. Vivo la vida de una niña de cinco años.  Los otros cuarenta los he envuelto en papel de aluminio, he hecho una pelota bien dura y apretada y los pateo todos los días ni bien me levanto, y, más tarde, los pisoteo justo antes de bañar a mi hija. 

He llegado a la una y media de su tarde y me duele lo que está dentro de mi(¿su?) cabeza. Creo que me creció el cerebro y no el cráneo. Y las paredes empiezan a ceder y siento que eso que parece un intestino y llaman masa gris se cuela por las ranuras que se forman en mi cuero cabelludo. Y la presión disminuye, pero el dolor aumenta. Ahora retumba esa canción que mi hija escucha a la 1:32 para su clase de PE (Physical Education); una música electrónica que le obliga a mover su cuerpo como si tuviera descargas. 

Estoy al borde de la locura y no he recorrido ni la mitad de mi día. Ni de la semana. Sí de mi vida.

#tiemposdecovid19

#smcelojo