Mostrando entradas con la etiqueta smcaelojo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta smcaelojo. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de octubre de 2020

LA DESCARADA

Me encanta apartarme con descaro. Disfruto mi espacio vital. Y desde hace unas semanas, ando enamorada de ti. Cuando te conocí te sentí incómoda, atrevida, invasiva. Te hablaba de usted y solo olerte me provocaba asco. Y pasaron los días y las semanas, y más aún te odiaba.  Detestaba ese amor tuyo, tan  pegajoso y pegoteado de familia tana. Y ese nombre... 'D i s t a n c i a   S o c i a l', sospechoso de pertenecer a familia de alta alcurnia y tan del pueblo a la vez, tan de andar por casa que se pasaba todo el día olisqueando mi oreja... BASTA!

Y llegó el momento.  Ése en el que te agarré por los hombros y te miré a los ojos.  Mi garganta se cerró. Mi corazón golpeó mi pecho. Quedé perdido, paralizado. Cautivado por esos ojos profundos y cálidos. Ojos que sólo me hablaban de amor y protección. De generosidad y esperanza. De esfuerzo y justicia. Ojos que me abrazaron y que nunca me soltaron. 

Y señores, en estas me ando, a dos centímetros del suelo, flotando, caminando de la mano de mi amante, de mi amor,  de mi distancia social descarada.


#tiemposdecovid19

#smcaelojo


miércoles, 7 de octubre de 2020

DELETED

A mí esta pandemia me ha bloqueado la capacidad de reflexionar. Admiro a esas personas que pueden contestar a preguntas tipo, ¿que te ha enseñado esta experiencia? O, ¿que vas a cambiar para mejorar? A las que contestan y lo hacen de manera reflexiva y con contenido. Yo, yo me quedo muda. Me quedo emoticono ojiplático.

La vuelta al ojo izquierdo también ha sido reveladora: escribo como punto atrás. El de tejer; hago, deshago, avanzo, retroceso, cruzo, descruzo. Voy y vengo. Soy un limitador con patas. Me viene el eco de un consejo que me decía un profesor de escritura creativa: no sean censuradores con su propia obra. No manipulen su cabeza. No pongan limites. No corrijan mientras escriban. No se censuren. No se censuren. JAJAJAJAJAJAJ. Sorry. Ahora mismo pienso en borrar todo esto. Esta es mi cabeza. Una máquina de coser y una goma Milan. Y una tijera que recorta todos los bordes, todas las imperfecciones para lograr la realidad perfecta. ¿Verdad? Sí. ¿Real? Sí. ¿Completa? No. ¡Lo tienes! INCOMPLETA. Esa es la palabra. Lo que muchos llaman la Cara B de las cosas. 

Lo primero que voy a hacer es publicar esta entrada. Total, ¿quién me lee? Yo. Yo mientras te escribo y te corrijo. Y unos cuantos miles (Ojo, que me encanta que alguien me lea, ¡ojalá fueran más! Solo analizo los daños colaterales de publicar esta entrada). Gracias para esos miles y gracias también por acompañarme en este proceso de liberación y descubrimiento. O lo inicio ahora o viviré tapada como una cebolla y loca de tanta ida y vuelta; mi cabeza imagina un alambre retorcido formando mil y una curvas que hacen mil recorridos sin lograr moverse un milímetro de su lugar. ¡Eureka! Bombilla encendida. Me muevo pero no avanzo. 

Me quedo satisfecha con esta primera sesión de autocoaching. Gracias vuestra compañía. Si continúo, me releo y lo borro. Nooooo. Vamooos. Click.


#tiemposdecovid19


#smcaelojo

jueves, 1 de octubre de 2020

miércoles, 30 de septiembre de 2020

AMO

Duermo todas las noches a N. De lejos, el mejor momento del día. Es mágico. Por unos minutos toda mi mala leche, mi hartazgo y mi saturación infinita desaparecen. Una inmensa dosis de amor infla mi pecho y lo hace explotar. Se duerme y yo, amo.

Mi hija ama mi piel. Hoy ha llorado al ver mi tatuaje en mi brazo. Lo mira, lo acaricia y me dice: ¿es para siempre? Tras mi respuesta afirmativa, rompe a llorar. No entiende por qué he manchado mi piel, una piel que ella ama y que quiere cuidar. Me ha pedido mil veces que me cuide, que soy parte de su corazón, que ella sabe lo mucho que me ama y que no quería que estropeara mi piel. Que no me lo quite porque no quiere que me hagan daño. Y que pese a todo, me ama y soy más especial que todas las cosas. Que ella también es #invencible y sabe que yo lo soy, pero no era necesario tatuarlo. Rotura de corazón total. 

Nunca imaginé que debía tener en cuenta sus sentimientos a la hora de tatuarme. Nunca. Qué loco, ¿no?

¿Sabes por qué eres tan especial mamá? -La miro-. Porque yo te escuchaba cuando estaba en la pancita y me cantabas y me amabas. Tu me cuidabas y siempre me cuidas. Y por eso te amo siempre, también cuando estás triste, cuando te enfadas y cuando te confundes. Siempre te amo. 


Directo al corazón. Bang. Corazón cruzado.


#tiemposdecovid19

#smcaelojo




martes, 22 de septiembre de 2020

INTERRUMPIENDO LA VIDA

Esto es una locura. 

24/7

Hace 214 días que vivo pegoteada. Comparto demasiados momentos y demasiadas conversaciones. Los silencios han desparecido. Solo en la primera parte de la noche consigo escucharlos. Muy bajito, pero ahí los veo. Cómo los echo de menos. Cuando vivía -ahora no vivo, sobrevivo-, cuando la vida se dibujaba con muchos colores y tenía muchos sabores, mis silencios siempre estaban cerca: en el bolsillo, en mi caja de recuerdos o en la taza de café. Siempre. A mano. Para salvarme. Para reconciliarme. Para escucharme.  Hoy, a-h-o-r-a, vivo interrumpida. Soy una cebolla en juliana. Para escribir estas lineas he necesitado millones de días e incontables intentos. 

Mi hija estudia online. Esto significa que como con su hambre, pienso con su cerebro, me programo con su agenda, trabajo con su temario, juego con su imaginación y me enfado con su misma intensidad. Vivo la vida de una niña de cinco años.  Los otros cuarenta los he envuelto en papel de aluminio, he hecho una pelota bien dura y apretada y los pateo todos los días ni bien me levanto, y, más tarde, los pisoteo justo antes de bañar a mi hija. 

He llegado a la una y media de su tarde y me duele lo que está dentro de mi(¿su?) cabeza. Creo que me creció el cerebro y no el cráneo. Y las paredes empiezan a ceder y siento que eso que parece un intestino y llaman masa gris se cuela por las ranuras que se forman en mi cuero cabelludo. Y la presión disminuye, pero el dolor aumenta. Ahora retumba esa canción que mi hija escucha a la 1:32 para su clase de PE (Physical Education); una música electrónica que le obliga a mover su cuerpo como si tuviera descargas. 

Estoy al borde de la locura y no he recorrido ni la mitad de mi día. Ni de la semana. Sí de mi vida.

#tiemposdecovid19

#smcelojo




viernes, 10 de noviembre de 2017

SI TE TITULO, TE ARRUINO.

Los favores que pido son gratis, los que me piden los cobro. Un asco puro. Ah! Y lloro todo el rato con un ojo, mientras el otro se ríe a carcajada limpia -porque a mí no se me cae ningún ojo-. 

Después de un millón de noches vuelvo una mañana. Y la culpa la tiene mi cobardía. Pensaba que en mi rincón escondido, en mi ojo, podría encontrar la valentía que me falta. Pero mi ojo está en otra. Piensa en Cataluña, en las mentiras del DayCare, en las noches sin dormir, en las ganas de volver al ruedo, en mi amigo Ángel, en ganar dinero, en Navidad y polvorón -y en polvos, ¿por qué no?-.

Hoy es 10 de Noviembre y mi hija no tiene colegio. Y mi marido sí. Y yo adapto mi vida a los vaivenes que me llevan de lado a lado.  Ahora mientras tecleo, N se sube al sofá y reclama que la mire, a la vez que me pide ¨titas¨ -galletitas-, gracias a la healthy food del colegio mi hija es el monstruo de  las galletas. Gracias sistema, gracias teachers. Y yo sigo empeñada en escribir sobre Cataluña, pero no hay manera, siempre hay algo más importante que le gana de mano. En unos días hablaré con mi amigo que, además, es catalán. Es de esas conversaciones que quiero tener hace mil y que por fin voy lo vamos a hacer. A ver si me cuenta qué le pasa a un catalán cuando está rodeado de descerebrados. 

Y este es mi mayor reto del día: publicar esta entrada pase lo que pase. Pese a la manía que tiene N de subirse sobre mis piernas cuando me siento frente a la manzana. Pese a ese dedo índice descontrolado que va de tecla en tecla arruinándome el ritmo de aciertos en mi ¨tecleo". Pese a que sé que he sido cobarde y no te he nombrado. Algún día hablaré de ti, de tus lloros, de tus bendiciones, de tus lamentos y de tu caradura. Algún día, otro día. 

jueves, 3 de abril de 2014

ROJO, QUE TE QUIERO VERDE

Dichoso mi ojo izquierdo que saliéndose de su órbita, escapó de las garras del efecto #soylaprimerapotenciadelmundo. Ahora,  disfrutará de su vida en eso que llaman viejo continente, o en algún país de esos que se les presupone, están, vías de desarrollo; o, en el ¿peor? de los casos,  en una de esas tierras subdesarrolladas.

Mi ojo derecho y el resto de mi cuerpo continúan en Miami. 

Hoy pienso en verde. Y no por Heiniken. Ni por convertirme en una vieja verde. Hoy pienso en verde porque me tomo mi noveno jugo verde. Tercer día a puro líquido. Con alguna trampa que negaré hasta tres veces. Un verde "masa". Un verde "blandiblú". Y me quedan tres más. Y dos rojos. 

La falta de cocina, mantenida durante un lago período de tiempo, tiene sus efectos:

1.- Al principio, la emoción puede con todo. El no tener que cocinar, ir a comprar o limpiar justifica e, incluso, alegra el hecho de no tenerla. 

2.- Al rato del principio, estás igual. Happy. 

3.- Al medio rato, dices que estás happy, pero estás acumulando feos pensamientos. La comida preparada del super de la esquina te aburre. Las obligadas salidas nocturnas para cenar se convierten en incómodos planes. Las cartas de los restaurantes son baraja de tute: sota, caballo y rey. 

4.- Al medio rato y medio, dices que estás cansado. El humor alegre y jovial que te ha acompañado tantos años, se transforma en uno agrio y naftalino. La comida preparada del super de la esquina está asquerosa. Las salidas nocturnas son fugaces visitas al Seven. Las cenas son mecánicas. Las cartas de los restaurantes, las detestas. 

5.- Medio rato mas tarde, tiras de la latas que nunca se abrieron: alcachofas, atún, palmitos, guisantes, pepinillos. Al super,  solo vas a comprar agua -la del grifo es complicada de sabor-. Por la noche, ni un pie toca la calle. Las cenas son un "tócate la frente". Las cartas... ¿son de pocker?

Sin darte cuenta terminas aceptando una dieta de jugos verdes porque es purificadora, antioxidante, rejuvenecedora, inspiradora, en fin, ¡mágica! Y comienzas el primer día con cinco visitas al local para que te preparen el mejunje. Y lo pagas. Y sale con un vaso de plástico con tapa y pajita. Y desayunas. Y a las tres horas repites movimientos. Y a las segundas tres horas, insistes; esta vez...¡rojo! Y el corazón se te acelera por el giro emocionante que ha tomado tu vida... ¡un jugo rojo! Y lo pruebas. Y el golpe es brutal: es el peor sabor que has saboreado en tu vida, ni Red Bull. 

Son las tres de la tarde y estás frente a un hermoso, pero traidor vaso con líquido rojo. Y te acuerdas de tu madre: "si tuvieras hambre, te lo comerías". Y decides esperar a juntar más hambre para beberlo como concursante de "Supervivientes". Y el hambre llega. Y atacas al rojo. Y de nuevo, ¡zas! ¡bofetada a la garganta! 

Y llegan las 9 de la noche, y ya has llegado al quinto verde. Lees un libro y miras tele mientras lo "comes" para no aceptar lo deprimente que resulta la escena. Y como no hay mesa que recoger, ni platos que lavar, en un minuto estás lista para irte a dormir. 

Pero son las 9:20 de la noche. Y te pones a trabajar. Y luego te das un paseo. Y luego duermes. Y luego ya es mañana. 

Y son las dos de la tarde y ya tendría que haberme tomado el segundo verde y estar esperando al rojo.

Voy corriendo, que ya llevo retraso.