¿Cómo se descansa de uno mismo? Por un rato. O dos. No para siempre. O sí.
No sé, no me planteo tanto. Me da igual el tiempo. Quiero parar mi cerebro. Parar, mirar derecha e izquierda y escaparme por el centro. Esquivarme y perderme. Para luego encontrarme, o no. No me lo planteo. No quiero expresar, ni confesar, ni aceptar. Descansar.
Estoy recordando eso de moverse sin avanzar. Es agotador. Hoy hablé con alguien sobre mis cosas. Siempre con el freno de mano echado para no desbarrancar y morir en el intento. Y no me sentí mejor. Me sentí densa. Luego me encerré en mi armario con la luz apagada, miré la oscuridad y disfruté del silencio. Y encontré algo. Ni idea su nombre. Con una sensación agradable en mi cuerpito me senté enfrente de mi ordenador de mesa y eliminé archivos viejos, fotos repetidas, cookies, contraseñas y todos los datos que andaban perdidos y olvidados.
Volví a usar mi iMac. Y viajé en el tiempo. ¿Conocen esa sensación de volver a un lugar después de haberlo abandonado por décadas? Un lugar con muchos recuerdos, olores, sensaciones. Un lugar lleno de cosas bonitas. Un lugar lleno de vida, de tu vida. Pues eso he sentido con mi ordenador. Incluso me provoca algo raro escribir 'ordenador'. Ahora lo llamo de otra manera. Qué cosas. Me lo quieren tirar, cambiar por uno nuevo. Yo no quiero. Quiero el mío. Las cosas tienen alma. No todas, algunas. Las muy mías.
Y terminé con mi ojo. Y buscando respuestas, solo encuentro preguntas. Y buscando descanso, solo encuentro datos, puertas, caminos. Y mientras busco por un lado, suelto por el otro. Y sin darme cuenta me siento mejor que hace un rato. Bien. Buen dato.
Lo publico. Sí. Es parte del trato. Feliz lunes.
#tiemposdecovid19
#smcaelojo
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