Los favores que pido son gratis, los que me piden los cobro. Un asco puro. Ah! Y lloro todo el rato con un ojo, mientras el otro se ríe a carcajada limpia -porque a mí no se me cae ningún ojo-.
Después de un millón de noches vuelvo una mañana. Y la culpa la tiene mi cobardía. Pensaba que en mi rincón escondido, en mi ojo, podría encontrar la valentía que me falta. Pero mi ojo está en otra. Piensa en Cataluña, en las mentiras del DayCare, en las noches sin dormir, en las ganas de volver al ruedo, en mi amigo Ángel, en ganar dinero, en Navidad y polvorón -y en polvos, ¿por qué no?-.
Hoy es 10 de Noviembre y mi hija no tiene colegio. Y mi marido sí. Y yo adapto mi vida a los vaivenes que me llevan de lado a lado. Ahora mientras tecleo, N se sube al sofá y reclama que la mire, a la vez que me pide ¨titas¨ -galletitas-, gracias a la healthy food del colegio mi hija es el monstruo de las galletas. Gracias sistema, gracias teachers. Y yo sigo empeñada en escribir sobre Cataluña, pero no hay manera, siempre hay algo más importante que le gana de mano. En unos días hablaré con mi amigo que, además, es catalán. Es de esas conversaciones que quiero tener hace mil y que por fin voy lo vamos a hacer. A ver si me cuenta qué le pasa a un catalán cuando está rodeado de descerebrados.
Y este es mi mayor reto del día: publicar esta entrada pase lo que pase. Pese a la manía que tiene N de subirse sobre mis piernas cuando me siento frente a la manzana. Pese a ese dedo índice descontrolado que va de tecla en tecla arruinándome el ritmo de aciertos en mi ¨tecleo". Pese a que sé que he sido cobarde y no te he nombrado. Algún día hablaré de ti, de tus lloros, de tus bendiciones, de tus lamentos y de tu caradura. Algún día, otro día.