Mostrando entradas con la etiqueta calor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta calor. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de octubre de 2012

COSAS DE LOS DOMINGOS...


Lo peor es la espera. Uno no sabe si empezar ya a quitar cuadros y a descolgar cortinas.

Falta poco más de un mes para irme y la ansiedad empieza a asomar la nariz. No es la primera vez que recojo mi casa y cruzo el charco. Ya lo hice en el 2006. En ese momento, Argentina fue el destino. La aventura duró casi tres años, en mayo de 2009 de nuevo pisaba tierras españolas. De hecho, pisaba las mismas tierras madrileñas, el mismo pueblo y la  misma urbanización.

La situación ha cambiado. España ha dejado de ser un destino tranquilo y seguro para plantearse un proyecto de vida; al menos, en los próximos seis o siete años. Este nuevo escenario no modifica los pasos que hay que dar para preparar una mudanza intercontinental, pero sí te afecta a la cabeza. Uno se tiene que irse sin pensar en volver; uno se va y punto. Y cruza los dedos para que los que se quedan no lo sufran demasiado.

Pero, no nos pongamos melancólicos. Hoy me he levantado con mucho stress. Sin darme cuenta, me he visto tapada de ropa: abrigos, pantalones, trajes, camisas, camisetas, faldas, vestidos, zapatos…¡una barbaridad! Ya es la tercera criba que hago desde que sé que me voy. El problema es el siguiente: Miami es un destino de playa y de sol todo el año. ¿Qué pinto yo con veinte abrigos? Pues, nada. Pero, claro…¿y cuándo viaje al frío?

Otro detalle que hay que tener en cuenta: mi casa y mis cositas estarán en un barco durante, al menos, un mes. Este pequeño detalle me obliga a separar ropa para vivir en Miami durante ese tiempo; de verano. Pero también de invierno. A mediados de enero regreso a Madrid, pasando por Londres. De manera que tengo que adelantarme y separar en otra maleta lo que vaya a necesitar en esas fechas. ¡Y he aquí la tensión! ¿Cómo voy a saber que me apetecerá ponerme dentro de…¡tres meses!?

Sí, ya sé…suena a tema  frívolo y superficial. Casi lo estoy pensando y me siento culpable. Pero, seamos realistas: la duda nos persigue. Por lo menos, a mí. Me intento visualizar en el futuro, intento imaginar qué haré, qué compromisos tendré, qué tiempo hará… y las cuentas no me salen. ¡La montaña de ropa que separo no cabe ni en dos maletas! Y no estoy sola. También tengo que pensar en la ropa de Diego, mi marido y el  “culpable” de este blog.  Por él nos vamos…pero esto es otra cantar.

En definitiva, que solo he conseguido que mi casa parezca un campo de batalla. Ahora me toca recoger. O salir corriendo. ¡Mejor me escondo por algún hueco!