Menos de una hora para que termine el día.
Piso 28.
Edificio IconBrickell, Viceroy Hotel & SPA.
Brickell, Miami (FL)
Miami es una ciudad que gana por la noche. Es preciosa. Piso
28 y me siento chiquitita; sobre mi cabeza tengo casi treinta plantas más. Increíble. Allá a lo lejos, por dónde los humanos suelen pisar tierra, una piscina larguísima parece que está llena con aguas caribeñas: su iluminación consigue que adquieran ese color esmeralda/turquesa del Mar Caribe. Las vistas desde mi balcón me regalan el Océano Atlántico y un millón de luces
que alumbran edificios, calles, piscinas, arboles, apartamentos, farolas,
palmeras. No hay elemento en la ciudad que se salve de una lucecita.
Es Navidad.
Es Navidad.
Hoy he soñado que me mudaba a Londres. Faltaban pocas horas para
salir de España y me había roto el dedo gordo de la mano derecha. Lo llevaba al
aire, tal cual, colgando. Curiosamente, este detalle no era lo que me
preocupaba. Lo que me tenía agobiada es que había mandado toda la ropa en la
mudanza y no tenía qué ponerme. No encontraba nada que doblar, nada que
envolver en plásticos para que no se arrugue, nada de nada. Una
pesadilla. He abierto un ojo: el techo estaba a más de cuatro metros de mi
nariz. Mi dedo estaba sano y tenía mi pijama puesto. Perfecto, todo estaba perfecto.
Mi nuevo apartamento es, simplemente, "angelical". Las paredes son blancas hasta la enfermedad. Mármol blanco para el suelo, puertas blancas, sofás blancos, sillas blancas, ropa de cama blanca, mesitas blancas, lámparas blancas y armarios de cocina color roble con remates en cromado. La nota de color la pone un cuadro de grandes dimensiones que cuelga sobre la pared que une la cocina el comedor y el living. Es multicolor. Rojos, verdes, blancos, marrones, azules y negros que parecen querer dibujar un puñado de flores. Aunque, no lo podría jurar.
Mi nuevo apartamento es, simplemente, "angelical". Las paredes son blancas hasta la enfermedad. Mármol blanco para el suelo, puertas blancas, sofás blancos, sillas blancas, ropa de cama blanca, mesitas blancas, lámparas blancas y armarios de cocina color roble con remates en cromado. La nota de color la pone un cuadro de grandes dimensiones que cuelga sobre la pared que une la cocina el comedor y el living. Es multicolor. Rojos, verdes, blancos, marrones, azules y negros que parecen querer dibujar un puñado de flores. Aunque, no lo podría jurar.
La cocina es “americana” y el baño tiene doble entrada: una puerta
que da acceso al interior desde el comedor y otra, que lo hace desde mi
habitación. El balcón se extiende desde del living hasta la habitación: puertas
de cristal de cinco metros que pesan una tonelada. Por suerte, nos han agasajado
con unas cortinas pesadas tipo blackout. Nos dan cierta
intimidad. Y digo suerte, porque desde mi balcón puedo ver cómo el vecino de
enfrente abre una lata de atún.
Yo pensaba que eso que salía en las pelis americanas era pura
ficción: hombre solitario y raro que observa desde su miserable rincón -y a
través de la ventana-, cómo la vecina de enfrente se deshace de la ropa
mientras se come un pedazo de pizza. Pues yo no sé si ese hombrecillo será real,
pero lo de señora quedándose en pelotas es más que factible: casi todas la
ventanas están desnudas, ni persianas ni cortinas, nada. Detalle curioso
teniendo en cuenta lo “puritano” de la sociedad americana.
Para mí, lo mejor de esta costumbre de “ventanas abiertas” es que
comparten sus arbolitos de Navidad conmigo. No se me ocurrió meter en la maleta
mi mini arbolito de Navidad de los chinos. Es plateado y la mar de mono.
Hubiese encajado a la perfección con la decoración rollo scarface de
mi nuevo apartamento.
Y, por Dios, no tengo moqueta. Ni alfombrita, ni felpudo, ni
alfombrón. Nada que sea sospechoso de guardar porquería eterna y viejuna. Un
regalo para mi espíritu.
No todo podía ser caótico en esta llegada, ¿verdad? Ni todo tan
perfecto. No tengo teléfono en el apartamento: no se por qué. Tampoco lo saben
ellos. Ah.
Termina un día duro en el que la búsqueda de casa ha sido el
principal objetivo: después de diez horas dando vueltas por Miami, viendo
pisos, hablando con porteros y confeccionando una lista con
"posibles edificios para visitar", he vuelto con unas sandalias
de caballero y un par de calcetines. No lo he podido evitar.
Compraremos una maleta más.
NOTA: la entrada es del día 8 de diciembre. Internet me ha permitido subirla el día 9 a las 1:22 am. La conexión, que también falla. Ommmmmmmmmm.
NOTA: la entrada es del día 8 de diciembre. Internet me ha permitido subirla el día 9 a las 1:22 am. La conexión, que también falla. Ommmmmmmmmm.