Hace
una semana que un virus gordo de la gripe atacó mi hogar. He dejado mi hogar y
el virus se ha venido en el cuerpo de mi pareja. En menos de 48 horas
vuelo a Miami y, aunque resisto como una campeona, el virus está golpeando muy
fuerte a mi puerta.
Estoy
de okupa en casa de mi hermano, el vecino del primero. Una habitación, un baño
y la mitad del salón es lo que le he expropiado. Luego, en dosis más pequeñas,
le he ido invadiendo la casa con medicamentos: paracetamol, jarabe para la tos,
gotas, sobres, vitaminas, aerosoles, ampollas, “bolitas” homeopáticas, etc.
Todo un despliegue de químicos dignos de un hospital de esos de los de antes de
los recortes “rajonianos”. Una
acumulación de medicamentos que responde a los diferentes síntomas de mi pareja
y a los numerosos y distintos consejos que he ido recibiendo: médico de Navarra
–ya lo he nombrado en algún momento, el que me cuida, el que me quiere- que me
indica que se tome productos homeopáticos; doctora de cabecera de la pública, que le receta
chutes de química en vena; enfermera de la privada que añade jarabe. Y mi
madre, que se decanta por los remedios caseros: “pozales” de tomillo –infusión-
con miel, caldito casero, cataplasmas para el pecho y “no salir de la cama bajo ningún concepto”.
Hago
una breve parada. Mi madre. Mi madre y mi padre llegaron por sorpresa ayer por
la noche –ellos viven en las islas Canarias, yo, hasta mañana, en Madrid-. Mi
hermano estaba compinchado con ellos y me engañaron vilmente ayudados por un
par de amigos que me citaron en un bar a tomar unas tapas por la noche. SORPRESÓN.
Dije
“breve”. Ahí lo dejo. Retomo.
Ahora
es la casa de mi hermano la que da
cobijo a los virus y a los portadores. Mi
pareja no mejora, y hoy, nada más abrir un ojo he sacado cita con su médica. Treinta
y ocho minutos de reloj me ha costado conseguir un turno. Las nuevas
tecnologías y el progreso nos ha regalado las máquinas parlantes, las opciones numéricas y los reconocedores de
voz. Ya no escuchas al otro lado del teléfono a una señorita o señorito que,
amablemente, te pregunta qué deseas. No. Ahora una voz mecánica y metálica te suelta una introducción y te enumera mil opciones: para tal, marque
uno; para cual, marque dos. Uno está atento esperando escuchar la opción que
encaje con su motivo de llamada. El 50% de las veces tu opción no existe y
tienes que esperar hasta el final de la lista para que te pasen con una
operadora. El otro 50% lo dividimos en las veces que:
- Con la ansiedad del momento, marcas mal la opción y tienes que volver a empezar.
- Después de escuchar mil opciones, no recuerdas cuál era la tuya.
- Cuando estás al final de la lista, tu padre, tu madre o tu primo te habla y tú le haces “shhhhhhhh” ¡qué no oigo!”; insensatez que provoca, bien que no escuches las dos últimas opciones –casi seguro que una de ellas era la tuya-, o bien, que se grabe tus “shhhhhh” en vez de tu elección numérica y la máquina parlante te diga que no te entiende y te corte la llamada.
- La máquina no te entiende la fecha de nacimiento o tus apellidos y te corta la llamada.
Hoy,
lo que me ha pasado es una mezcla de todo lo anterior. Solo un detalle que
marca la diferencia: la tos. Mi tos. Tan solo dos palabras me daba tiempo a
decir antes de toser como una loca. Y si dos más dos son cuatro, estoy segura
de que todos sospecharéis el porqué de mis casi cuarenta minutos al teléfono
peleándome con una máquina. Finalmente, he conseguido aguantar la respiración y
obtener la cita. En una hora me voy al médico.
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ResponderEliminarMe ha gustado mucho tu blog. Por lo que he podido ver exponen en él tus experiencias personales apelas a los sentimientos cotidianos y eso siempre engancha al espectador, el ojo curioso que todos llevamos dentro. En cuanto al diseño me parece impactante, me agrada el fondo negro escogido. Como única sugerencia los textos los veo demasiado extensos, párrafos muy largos quizás? Enhorabuena por tu trabajo!
ResponderEliminarOpino lo mismo que la compañera de arriba, quizas los textos un poco largos, pero eso no es nada, el resto del blog, como el contenido engancha nada más verlo y el diseño me parece totalmente acertado, un saludo.
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