Desayunando frente a las pistas de aviones.
8:48 a.m. Sala
Velázquez
T4
Aeropuerto
Barajas
Madrid
Y
por fin llegó el día: 5 de diciembre, vuelo Madrid-Miami. Hoy,
este blog comienza a tener más sentido. Hasta ahora hemos ido compartiendo
momentos puntuales en los que mi traslado a Miami ha estado implicado de una forma
u otra. A partir de ya, Miami será el protagonista absoluto de este espacio. Miami y yo, claro.
Hace
unas horas, andaba yo dando vueltas en la cama intentado dormir-la tos invasiva y la cabeza no me dejaba pegar ojo-, y durante unos minutos, me he
puesto a pensar sobre lo que suponía esta aventura para mi vida. Es la primera
vez que lo hago. Las últimas semanas han sido tan vertiginosas
que no me he acordado de pensar. ¿Te da pena?- me preguntó ayer una tía
mía. Me quedé en blanco unos segundos. Hasta ese momento no fui muy consciente
de lo que todo este cambio supone. “No”, le contesté.
Falso. (Algunos de mis compañeros de universidad comentaban que este espacio era tremendamente personal. Sí, tenían razón. Pero, os aseguro, que todo lo que cuento pertenece a la capa más externa de la cebolla. Hoy me salto la regla).
¡Claro
que me da penita pena! Lo que pasa es que entre tanta lista, tanta maleta y
tanta leche en vinagre no ha habido espacio para esa clase de sentimientos. Pero,
sí, pena por lo que dejo y, sobre todo, por los que dejo. Pero bueno, ir más
allá de esta confesión supondría adentrase en la cebolla y por nada del mundo
querría convertir este espacio en un culebrón de mediodía.
Hoy
no estoy muy ingeniosa; quizá, porque apenas he dormido; quizá, porque la tos
me ha traído un pequeño dolor de cabeza; o, simplemente, porque hoy no es día
para darle a la tecla. Si alguno de estos “quizás” –un plural difícil que no
estoy muy segura de cómo se escribe-, es verdadero, mis disculpas por este
barrizal de palabras. Aunque en mi defensa diré, que un día tan importante
para mí y tan crucial para este blog como hoy, no podía quedarse mudo.
Un
rayo de sol se clava en mi ojo derecho. El que no se cae. El que mantiene el
tipo mientras el otro intenta averiguar dónde está y , sobre todo, a dónde va.
Me pongo mis gafas de sol: hasta que vuelva el ojo izquierdo, debo cuidar al
extremo al derecho. Cuestión de supervivencia.
Próximo
encuentro en Miami. Gracias por estar ahí.
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