miércoles, 5 de diciembre de 2012

NADA ORIGINAL: UNA DESPEDIDA


Desayunando frente a las pistas de aviones.
8:48 a.m.  Sala Velázquez
T4
Aeropuerto Barajas
Madrid

Y por fin llegó el día: 5 de diciembre, vuelo Madrid-Miami. Hoy, este blog comienza a tener más sentido. Hasta ahora hemos ido compartiendo momentos puntuales en los que mi traslado a Miami ha estado implicado de una forma u otra. A partir de ya, Miami será el protagonista absoluto de este espacio. Miami y yo, claro.  

Hace unas horas, andaba yo dando vueltas en la cama intentado dormir-la tos invasiva y la cabeza no me dejaba pegar ojo-,  y durante unos minutos, me he puesto a pensar sobre lo que suponía esta aventura para mi vida. Es la primera vez que lo hago. Las últimas semanas han sido tan  vertiginosas  que no me he acordado de pensar. ¿Te da pena?- me preguntó ayer una tía mía. Me quedé en blanco unos segundos. Hasta ese momento no fui muy consciente de lo que todo este cambio supone. “No”, le contesté.

Falso. (Algunos de mis compañeros de universidad comentaban que este espacio era tremendamente personal. Sí, tenían razón. Pero, os aseguro, que todo lo que cuento pertenece a la capa más externa de la cebolla. Hoy me salto la regla). 

¡Claro que me da penita pena! Lo que pasa es que entre tanta lista, tanta maleta y tanta leche en vinagre no ha habido espacio para esa clase de sentimientos. Pero, sí, pena por lo que dejo y, sobre todo, por los que dejo. Pero bueno, ir más allá de esta confesión supondría adentrase en la cebolla y por nada del mundo querría convertir este espacio en un culebrón de mediodía.

Hoy no estoy muy ingeniosa; quizá, porque apenas he dormido; quizá, porque la tos me ha traído un pequeño dolor de cabeza; o, simplemente, porque hoy no es día para darle a la tecla. Si alguno de estos “quizás” –un plural difícil que no estoy muy segura de cómo se escribe-, es verdadero, mis disculpas por este barrizal de palabras. Aunque en mi defensa diré, que un día tan importante para mí y tan crucial para este blog como hoy, no podía quedarse mudo.


Un rayo de sol se clava en mi ojo derecho. El que no se cae. El que mantiene el tipo mientras el otro intenta averiguar dónde está y , sobre todo, a dónde va. Me pongo mis gafas de sol: hasta que vuelva el ojo izquierdo, debo cuidar al extremo al derecho. Cuestión de supervivencia.

Próximo encuentro en Miami. Gracias por estar ahí.

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