Un
cielo gris, un marido de viaje, una casa
en silencio, domingo por la mañana: momento ideal para enroscarse en una manta y buscar casa junto a un café
con leche.
Hoy me he encontrado en mi mail varios correos:
posibles casas para vivir en Miami. Es mi marido, que desde el otro lado del
mundo aprovecha su día libre para empezar con la búsqueda y me envía sus
opciones. Intentar encontrar un lugar donde vivir a la distancia no es fácil:
¿cerca de la playa?, ¿alejado en las montañas?, ¿casa con jardín?, ¿piso en las
alturas con buenas vistas?, ¿amueblado?, ¿sin amueblar? Uno tiene que hacerse a
la idea con la única referencia de las
fotos y la información que le facilitan las inmobiliarias del lugar. Y todos
sabemos lo que eso significa: la realidad dista mucho de aquello que vemos en
su web.
Estados Unidos no es como España –una obviedad que me vais a permitir, pero la necesito para arrancar mi discurso-. Y no quiero caer en el tópico que dice que Spain is different, no; España, no. Lo diferente está en tierras yanquis. Uno tiene que olvidarse, por ejemplo, de sus piernas: ahora son ruedas. Nada de caminar. El coche pasa a ser una prolongación de tu cuerpo, de tu mente. Además, Miami tiene una peculiaridad que hace que lo de pasear se convierta en un riesgo para la salud: la terrible humedad del ambiente unida al calor permanente consigue que cualquier intención de salir a la calle sin la protección del aire acondicionado del coche se convierta en una temeridad.
Pero, volvamos a mi búsqueda particular y a mi afirmación anterior: ellos son diferentes. Entro en la primera opción que me envía mi marido y ¡guau! Un “pisito” en las alturas la mar de bonito, de 3.365 ¡pies cuadrados! Y ¿qué me dice este tamaño? Nada. Ahora es cuando caigo en la cuenta de que no va a ser el inglés lo que me complique la comunicación, no. Las medidas de las cosas, eso será mi cruz. Confieso que nunca he sido buena en eso de las magnitudes y sus equivalencias. La longitud, el tiempo, la masa, la temperatura, la corriente eléctrica… ¡una odisea saber cuántos metros cúbicos ocupan ochenta millones de litros de leche! Pues bien, conocida mi limitación en este sentido, yo era feliz conviviendo con lo indispensable: mi metro, mi kilómetro, mi litro, mi metro cuadrado y mis grados Celsius. Feliz, hasta ahora. Millas, yardas, pies, onzas, galones, pulgadas, libras, grados Fahrenheit pasan a formar parte de mi universo; y un conversor de bolsillo parte de mi “kit” indispensable para sobrevivir en los US.
Volviendo a mis 3.365 pies cuadrados; teniendo en cuenta que 1 pie cuadrado equivale a 0,09290304 metros cuadrados… el “pisito” en cuestión pasa a ser un pisazo de ¡312,61873 metros! Creo que no soy la única que tiene problemas con las equivalencias.