Hace
un minuto estaba en la puerta de mi casa dispuesta a irme al gimnasio –he
cambiado de horario-. Sin quererlo, me
ha venido a la cabeza un titular que he leído en la prensa esta mañana: “Un
hombre se suicida en Granada justo antes de ser desahuciado”. Terrible,
¿no? Sin duda.
Ahora estoy aquí, reflexionando.
Ahora estoy aquí, reflexionando.
Confieso: desde que soy consciente de que dejo España, la presión por esta crisis que nos está deshaciendo, ha disminuido. De repente, esa puerta que se abre en mi vida ha funcionado como válvula de escape y todas las noticias que hablan o que tienen que ver con la crítica situación que atraviesa nuestro querido país –casi el cien por cien-, llegan a mí de otra manera. Las siento menos próximas. Y una vez he caído en la cuenta de esto, otro “titular” ha aparecido en mi cabeza: ”El egoísmo del que se va”. ¿Es lícito? Sí. ¿Es humano? Sí. ¿Es solidario? Uhmmm…no sé.
Desde
que la crisis se ha encallado en nuestro territorio son muchos los españoles
que han huido del país. Casi todos los medios hablan de “éxodo”. Las cifras son
demoledoras: más de 40.000 personas hicieron las maletas en el último semestre
de 2012. España ya no es un país de acogida. Así lo anuncia el Instituto Nacional
de Estadística (INE) en las Estimaciones de la Población Actual. En 2011, más de 500.000 personas se fueron,
de las cuales algo más de 60.000 eran españoles y el resto extranjeros. 2011 es el primer año de la década en el que
se van más personas que llegan. Y 2012 va por peor camino. Y yo me pregunto si alguno de ellos habrá
sentido lo mismo; algo cercano a “la fiesta ya no va conmigo”. Lo siento, no puedo evitarlo.
Tengo
una amiga que dejó la Argentina en 2001. El “corralito” le dejó K.O. y tuvo que
huir con lo puesto de aquel infierno. Ya han pasado unos años y ella se siente
española –de hecho un pasaporte dice que lo es-, pero a través de las redes
sociales insta a sus compatriotas a “levantarse” –forma figurada-, a reaccionar
contra las injusticias que se viven en el país del tango y del asado. Y le han
llovido numerosas críticas por eso: “Si tanto te preocupa la Argentina, ¿por
qué te fuiste?”, “no vengas a dar lecciones de vida, tú te fuiste ¿qué sabrás
lo que pasa aquí?”, etc., etc. Sí, sí, la gente se excita por nada; o se envalentona
con lo fácil. Y
hoy, que estoy en esos días de asociaciones reflexivas me digo…¿me dirán lo
mismo?
Y si encima confieso que leo más la prensa que me cuenta cómo va la campaña de Obama o los datos del paro de US; que me intereso por el estado de los medios de comunicación de Florida; que me preocupa no poder llevarme aceite de oliva en la mudanza y el Cappuccino de Nestcafe que desayuno todos los día. ¿Es esto egoísmo?
Y si encima confieso que leo más la prensa que me cuenta cómo va la campaña de Obama o los datos del paro de US; que me intereso por el estado de los medios de comunicación de Florida; que me preocupa no poder llevarme aceite de oliva en la mudanza y el Cappuccino de Nestcafe que desayuno todos los día. ¿Es esto egoísmo?
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