Mostrando entradas con la etiqueta crisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crisis. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de octubre de 2012

MI CASERO Y YO


Mantenemos una relación cordial, incluso buena, diría yo. Desde el primer momento conectamos. Mi casero es un hombre de familia: funcionario, mujer y dos hijas. Casa en Madrid, piso como inversión  a las afueras –el que yo alquilo-, y apartamento en San Juan, Alicante. Todo le iba de vicio, hasta que la crisis le abrió los ojos: demasiada hipoteca para tan poca “chicha”.

La preocupación le persigue desde entonces y, sin quererlo, los efectos colaterales me tocan de lleno: hace casi dos años que cuelga de mi balcón un cartel de “se vende”,  y ya he recibido visitas de posibles compradores. Mi casero es de los que se resiste a creer que esta situación es “para siempre” y confía en que solo necesita meses para que la cosa mejore. Como tantos otros propietarios, compraron caro y está convencido de que tiene un tesoro en vez de un simple piso. Resultado: ninguna visita pide repetir y los pómulos de su cara sobresalen cada vez más.

Cuando me comunicó sus intenciones de vender entré en “loop”; después de haber puesto por primera vez en mi vida cortinas, lámparas, cuadros…, me tenía que mudar. Llevaba dos años en España y ya iba por la segunda mudanza. Le empecé a “odiar”.  Mi cabreo duró hasta que hablé con mi marido, que dijo las palabras mágicas: “no lo va a vender”. Ya han pasado 23 meses y sigo con el cartel.

Ahora soy yo la que se va. Hace un mes que nos sentamos en la terraza de mi casa y se lo comunicamos; su cara se transformó. 

Desde entonces mantengo una relación amor-odio con mi casero. Mi marido da vueltas por el mundo y yo me levanto casi todos los días con un mail de este buen señor: visita de tal, visita de cual… Mi limitada capacidad para decir que no, hizo que aceptara su proposición: empezar a mover con más ahínco la venta. ¿Qué supone esto? Pues, visita de una inmobiliaria, visita del fotógrafo para retratar mi casa, visita de la Sra. Pérez que busca ático…¡un rollo! 

En pocos días nos volvemos a reunir. Casero y yo. Como buen señor cortado por un patrón de los años cuarenta, le gusta tratar con el hombre. Temas económicos como fianza, cancelación de servicios, venta de muebles que le vienen bien… los prefiere charlar con él.  No lo dice, pero se le nota en su mirada (¡qué daño nos ha hecho Alejandro!). Personalmente, me da lo mismo; me incomoda hablar de dinero, así que no me ofende esta circunstancia. Solo que, esta vez, tendrá que conformarse conmigo: soy yo la que está en Madrid y soy yo con la que tendrá que llegar a un acuerdo.

¡Otro! Mientras escribo, recibo el tercer correo de hoy: mi casero contándome sus penas. Me detalla todos sus miedos: que si sube el IVA, que si el “banco malo”, que si va a bajar el precio, que si bla, bla, bla. Me quedo atónita. Y me cabrea aún más: de nuevo pretende compartir sus agobios conmigo.


Hago click en delete. Me tiene saturada.

jueves, 25 de octubre de 2012

EL EGOISMO DEL QUE SE VA


Hace un minuto estaba en la puerta de mi casa dispuesta a irme al gimnasio –he cambiado de horario-. Sin quererlo,  me ha venido a la cabeza un titular que he leído en la prensa esta mañana: “Un hombre se suicida en Granada justo antes de ser desahuciado”. Terrible, ¿no? Sin duda.
Ahora estoy aquí, reflexionando.

Confieso: desde que soy consciente de que dejo España, la presión por esta crisis que nos está deshaciendo, ha disminuido. De repente, esa puerta que se abre en mi vida ha funcionado como válvula de escape y todas las noticias que hablan o que tienen que ver con la crítica situación que atraviesa nuestro querido país –casi el cien por cien-, llegan a mí de otra manera. Las siento menos próximas. Y una vez he caído en la cuenta de esto, otro “titular” ha aparecido en mi cabeza: ”El egoísmo del que se va”. ¿Es lícito? Sí. ¿Es humano? Sí. ¿Es solidario? Uhmmm…no sé.

Desde que la crisis se ha encallado en nuestro territorio son muchos los españoles que han huido del país. Casi todos los medios hablan de “éxodo”. Las cifras son demoledoras: más de 40.000 personas hicieron las maletas en el último semestre de 2012. España ya no es un país de acogida. Así lo anuncia el Instituto Nacional de Estadística (INE) en las Estimaciones de la Población Actual.  En 2011, más de 500.000 personas se fueron, de las cuales algo más de 60.000 eran españoles y el resto extranjeros.  2011 es el primer año de la década en el que se van más personas que llegan. Y 2012 va por peor camino.  Y yo me pregunto si alguno de ellos habrá sentido lo mismo; algo cercano a “la fiesta ya no va conmigo”. Lo siento, no puedo evitarlo.

Tengo una amiga que dejó la Argentina en 2001. El “corralito” le dejó K.O. y tuvo que huir con lo puesto de aquel infierno. Ya han pasado unos años y ella se siente española –de hecho un pasaporte dice que lo es-, pero a través de las redes sociales insta a sus compatriotas a “levantarse” –forma figurada-, a reaccionar contra las injusticias que se viven en el país del tango y del asado. Y le han llovido numerosas críticas por eso: “Si tanto te preocupa la Argentina, ¿por qué te fuiste?”, “no vengas a dar lecciones de vida, tú te fuiste ¿qué sabrás lo que pasa aquí?”, etc., etc. Sí, sí, la gente se excita por nada; o se envalentona con lo fácil. Y hoy, que estoy en esos días de asociaciones reflexivas me digo…¿me dirán lo mismo?

Y si encima confieso que leo más la prensa que me cuenta cómo va la campaña de Obama o los datos del paro de US; que me intereso por el estado de los medios de comunicación de Florida; que me preocupa no poder llevarme aceite de oliva en la mudanza y el Cappuccino de Nestcafe que desayuno todos los día. ¿Es esto egoísmo?