Vivir en pareja es lo que tiene, uno debe contar con la existencia de los "imposibles", aunque se los pinten como "posibles". El hombre tiene la manía -buena o mala , según se mire-, de buscar soluciones a problemas reales, imaginados, intuidos, inexistentes, propios o ajenos. Soluciones rápidas, eficaces y realizadas en tiempo récord. Nada de perder minutos mareando la perdiz: directos al objetivo sin peros y sin comas.
¡Uy! No queda...
Voy a comprar!!!-coge cartera, llaves y sale pitando al super. Portazo.
... tiempo para ir al cine...
Al rato vuelve.
Pero ¿qué es todo esto?
Lo que faltaba...
¿Tres peines, cuatro latas de espárragos, diez botes de tomate triturado, un bote de mermelada, dos helados de vainilla, un sobre de levadura, cinco kilos de pan rallado, dos tabletas de chocolate con leche y una barra de pan???
Has dicho que no quedaba...
¿¡¡Qué?!! ¿He dicho que no quedaba el qué??
Silencio.
Ehh.. pues eso...
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Esta necesidad genética de hacernos la vida más "fácil" les lleva a prometer imposibles como: "lo prometo cariño, hoy, saldré pronto de la oficina". Esta es mi favorita.
Sabemos que no la va a cumplir, por más que quiera, por más que lo intente. Y como lo sabemos, tampoco se lo pedimos. Pero ellos insisten: "que sí, que sí, lo prometo, hoy, me escapo". Y la realidad es que casi siempre pasa algo que consigue que las nueve o diez de la noche, a fuerza de de la costumbre, se conviertan en las horas "tempranas" ideales para ir a la playa, al gym, a merendar (...); o para ir comprar una maleta de cabina de avión que "necesito que me acompañes porque se me ha roto la mía y el domingo me voy a Londres".
Me da en la nariz que viajará con lo puesto...
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