miércoles, 21 de octubre de 2020

LA PELEA

Se vuela el aire. ¿Quién mintió? ¿Quién dijo que hace buen clima en Miami? Este tema es un bajón de categoría cinco, pero es imposible no traerlo a la pista. Llueve, diluvia, truena y sopla el viento con la fuerza de millones de ventiladores de techo a plena potencia. Millones de millones (a hundred, diría N). Y así de divertidos estamos hace días. Y yo no entiendo como el puto virus no se vuela. O se ahoga. O le parte un rayo. O le pica un mosquito. O le aplasta la humedad y le atonta la presión baja. Y mira que es chino. Y lo Made in China, ya se sabe, un uso y poco más, a la basura que se va. Igual que mi lavavajillas, que no funciona y funciona al mismo tiempo. Claro, es de aquí, de las barras y estrellas. Y ya se sabe que los sueños -y los milagros-, aquí, siempre se hacen realidad. 

Y en este sueño de soñar, el técnico me indica que cuando quiera utilizar mi lavavajillas abra el grifo del agua caliente para ayudar a la máquina a calentar el agua, que el calentador está lejos (a tres metros) y que eso hace que mi aparato no caliente solo (comentario que sacado de contexto podría tener mucha gracia, ja ja). Mi escucha activa, más que nunca, pretende pillar el chiste, el truco, o... algo.  Con el grifo abierto, el humo del agua caliente dibujando nubes y el consumo responsable de recursos naturales tirado por el retrete, el técnico sigue mirando al electrodoméstico esperando, no se... ¿qué le hable? Por fin un diagnóstico definitivo: no funciona. 'Hay que cambiar muchas piezas. Necesito autorización de la dueña (mi casera). La llamo y les llamo. Adiós y, por cierto, cierre el grifo'. Portazo. 

Cierro, salgo de mi improvisada sauna y me olvido del tema. Lo llevo a la columna de caso cerrado pendiente de resolución y bajo el telón. 


Mensaje de la dueña: lavavajillas arreglado. 


Mi amigo el técnico, el del grifo abierto. El del cambio de piezas, el del 'ahora vuelvo', ese mismo pasa parte a su empresa -y a la dueña-, de su diagnóstico experto: que limpie el filtro y que abra el grifo del agua caliente. 100 pavos. Caso cerrado. 

Estafa perfecta. Todo en regla. Servicio enviado, pagado y arreglado. Todo documentado. Y mi lavavajillas arreglado que no lava pasa a ser mi problema. Y mi historia de amor de electrodomésticos que se rompen, técnicos que los arreglan para que sigan sin funcionar, llamadas sin respuesta y corazones rotos vuelve a empezar. 


Me compro otro. 


Acabo de recibir una noticia triste. Una más. Mierda de vida, a veces. Pero no la puedo tirar, ni comprar una nueva, ni abrir el grifo del agua caliente. Solo pelear. Vamos, vamos a pelear hasta el final. 


#tiemposdecovid19

#smcaelojo


lunes, 19 de octubre de 2020

DESMONTANDO(ME)

¿Cómo se descansa de uno mismo? Por un rato. O dos. No para siempre. O sí. 

No sé, no me planteo tanto. Me da igual el tiempo. Quiero parar mi cerebro. Parar, mirar derecha e izquierda y escaparme por el centro. Esquivarme y perderme. Para luego encontrarme, o no. No me lo planteo. No quiero expresar, ni confesar, ni aceptar. Descansar.

Estoy recordando eso de moverse sin avanzar. Es agotador. Hoy hablé con alguien sobre mis cosas. Siempre con el freno de mano echado para no desbarrancar y morir en el intento. Y no me sentí mejor. Me sentí densa. Luego me encerré en mi armario con la luz apagada, miré la oscuridad y disfruté del silencio. Y encontré algo. Ni idea su nombre. Con una sensación agradable en mi cuerpito me senté enfrente de mi ordenador de mesa y eliminé archivos viejos, fotos repetidas, cookies, contraseñas y todos los datos que andaban perdidos y olvidados. 

Volví a usar mi iMac. Y viajé en el tiempo. ¿Conocen esa sensación de volver a un lugar después de haberlo abandonado por décadas? Un lugar con muchos recuerdos, olores, sensaciones. Un lugar lleno de cosas bonitas. Un lugar lleno de vida, de tu vida. Pues eso he sentido con mi ordenador. Incluso me provoca algo raro escribir 'ordenador'. Ahora lo llamo de otra manera. Qué cosas. Me lo quieren tirar, cambiar por uno nuevo. Yo no quiero. Quiero el mío. Las cosas tienen alma. No todas, algunas. Las muy mías.

Y terminé con mi ojo. Y buscando respuestas, solo encuentro preguntas. Y buscando descanso, solo encuentro datos, puertas, caminos. Y mientras busco por un lado, suelto por el otro. Y sin darme cuenta me siento mejor que hace un rato. Bien. Buen dato. 

Lo publico. Sí. Es parte del trato. Feliz lunes. 


#tiemposdecovid19

#smcaelojo

viernes, 9 de octubre de 2020

LA DESCARADA

Me encanta apartarme con descaro. Disfruto mi espacio vital. Y desde hace unas semanas, ando enamorada de ti. Cuando te conocí te sentí incómoda, atrevida, invasiva. Te hablaba de usted y solo olerte me provocaba asco. Y pasaron los días y las semanas, y más aún te odiaba.  Detestaba ese amor tuyo, tan  pegajoso y pegoteado de familia tana. Y ese nombre... 'D i s t a n c i a   S o c i a l', sospechoso de pertenecer a familia de alta alcurnia y tan del pueblo a la vez, tan de andar por casa que se pasaba todo el día olisqueando mi oreja... BASTA!

Y llegó el momento.  Ése en el que te agarré por los hombros y te miré a los ojos.  Mi garganta se cerró. Mi corazón golpeó mi pecho. Quedé perdido, paralizado. Cautivado por esos ojos profundos y cálidos. Ojos que sólo me hablaban de amor y protección. De generosidad y esperanza. De esfuerzo y justicia. Ojos que me abrazaron y que nunca me soltaron. 

Y señores, en estas me ando, a dos centímetros del suelo, flotando, caminando de la mano de mi amante, de mi amor,  de mi distancia social descarada.


#tiemposdecovid19

#smcaelojo


miércoles, 7 de octubre de 2020

DELETED

A mí esta pandemia me ha bloqueado la capacidad de reflexionar. Admiro a esas personas que pueden contestar a preguntas tipo, ¿que te ha enseñado esta experiencia? O, ¿que vas a cambiar para mejorar? A las que contestan y lo hacen de manera reflexiva y con contenido. Yo, yo me quedo muda. Me quedo emoticono ojiplático.

La vuelta al ojo izquierdo también ha sido reveladora: escribo como punto atrás. El de tejer; hago, deshago, avanzo, retroceso, cruzo, descruzo. Voy y vengo. Soy un limitador con patas. Me viene el eco de un consejo que me decía un profesor de escritura creativa: no sean censuradores con su propia obra. No manipulen su cabeza. No pongan limites. No corrijan mientras escriban. No se censuren. No se censuren. JAJAJAJAJAJAJ. Sorry. Ahora mismo pienso en borrar todo esto. Esta es mi cabeza. Una máquina de coser y una goma Milan. Y una tijera que recorta todos los bordes, todas las imperfecciones para lograr la realidad perfecta. ¿Verdad? Sí. ¿Real? Sí. ¿Completa? No. ¡Lo tienes! INCOMPLETA. Esa es la palabra. Lo que muchos llaman la Cara B de las cosas. 

Lo primero que voy a hacer es publicar esta entrada. Total, ¿quién me lee? Yo. Yo mientras te escribo y te corrijo. Y unos cuantos miles (Ojo, que me encanta que alguien me lea, ¡ojalá fueran más! Solo analizo los daños colaterales de publicar esta entrada). Gracias para esos miles y gracias también por acompañarme en este proceso de liberación y descubrimiento. O lo inicio ahora o viviré tapada como una cebolla y loca de tanta ida y vuelta; mi cabeza imagina un alambre retorcido formando mil y una curvas que hacen mil recorridos sin lograr moverse un milímetro de su lugar. ¡Eureka! Bombilla encendida. Me muevo pero no avanzo. 

Me quedo satisfecha con esta primera sesión de autocoaching. Gracias vuestra compañía. Si continúo, me releo y lo borro. Nooooo. Vamooos. Click.


#tiemposdecovid19


#smcaelojo

jueves, 1 de octubre de 2020

miércoles, 30 de septiembre de 2020

AMO

Duermo todas las noches a N. De lejos, el mejor momento del día. Es mágico. Por unos minutos toda mi mala leche, mi hartazgo y mi saturación infinita desaparecen. Una inmensa dosis de amor infla mi pecho y lo hace explotar. Se duerme y yo, amo.

Mi hija ama mi piel. Hoy ha llorado al ver mi tatuaje en mi brazo. Lo mira, lo acaricia y me dice: ¿es para siempre? Tras mi respuesta afirmativa, rompe a llorar. No entiende por qué he manchado mi piel, una piel que ella ama y que quiere cuidar. Me ha pedido mil veces que me cuide, que soy parte de su corazón, que ella sabe lo mucho que me ama y que no quería que estropeara mi piel. Que no me lo quite porque no quiere que me hagan daño. Y que pese a todo, me ama y soy más especial que todas las cosas. Que ella también es #invencible y sabe que yo lo soy, pero no era necesario tatuarlo. Rotura de corazón total. 

Nunca imaginé que debía tener en cuenta sus sentimientos a la hora de tatuarme. Nunca. Qué loco, ¿no?

¿Sabes por qué eres tan especial mamá? -La miro-. Porque yo te escuchaba cuando estaba en la pancita y me cantabas y me amabas. Tu me cuidabas y siempre me cuidas. Y por eso te amo siempre, también cuando estás triste, cuando te enfadas y cuando te confundes. Siempre te amo. 


Directo al corazón. Bang. Corazón cruzado.


#tiemposdecovid19

#smcaelojo




viernes, 25 de septiembre de 2020

TRES NUNCA FUE MULTITUD

Hoy se cortó el pelo. Un mechón. 

Y lo escondió en una estuche donde guarda los útiles de colegio. 

Y yo lo encontré. 

Así arrancó la mañana. 


Tres días sin colegio. Sábado, domingo y lunes. T R E S.


G r a c i a s. 


#tiemposdeCovid19

#SMcaelOjo

¡Jo, JA, JA!

 Jajaja

No es serio, lo sé. Hoy me he levantado con la idea de escribir como mujer seria, mujer comprometida, mujer de altas miras -Me río de Janeiro, ¡jo, ja, ja!-. Pero mi hija de cinco me desgasta el nombre. Las notificaciones que me aparecen por la equina superior derecha de mi laptop solo me recuerdan que vivo con un virus, que las escuelas no abren, que el plan de reapertura está cerca -Me río de Janeiro ¡jo, ja, ja!-,  y que tengo que actualizar el sistema operativo que, por cierto, hace semanas que elijo la opción de `recordar mañana´ (Nota mental: cambiar de opción). Ya me perdí. Voy por el punto y aparte que siempre da aire para ordenar ideas. 

Continuo en-julianada y ayer fue un día de pico, de rotura de fibras y tendones cruzados. En el mismo minuto, dejé a mi chica de cinco en el colegio de la nueva normalidad, puse al fuego una cazuela con la comida del mediodía y metí en el horno una bandeja de galletas. Me vienen millones de recuerdos sobre cada palabra que escribo. Sobre la comida que puse en una cazuela: costillas guisadas que hice hace dos semanas y que congelé en porciones de a uno para poder ganar tiempo en los días de entre semana. La chica de cinco come a las 11:50 am; yo, desayuno. Sobre las galletas: en un despiste de mi hija de cinco conseguí estar sola en la cocina y como si desvalijara casa ajena, abrí armarios e hice acopio de todos los ingredientes para conseguir unas buenas galletas mañaneras, ricas y enérgicas: harina de almendra, avena en copos, harina de trigo integral, miel, yogur natural, esencia de vainilla, aceite de oliva, bananas, levadura en polvo seca y chocolate negro en tableta. A punto de meter las manos en la masa y mezclarla mi chica de cinco interrumpe en la cocina gritando `¡puedo ayudar, puedo ayudar!´. Ni hace falta que os cuente qué significa eso. Imaginen si pueden y si no, hagan la prueba. Me perdí. Punto y aparte.

Retomo en el momento de la cocina a pleno de fogones y todos en sus puestos. Parece que la vida me da una tregua y empiezo a saborear las mieles del éxito de mi gestión matutina -Me río de Janeiro ¡jo, ja, ja!-.

`... Mommmmmmm! She can´t hear me!´.

Como el bang del pistoletazo de salida sonó mi hija de cinco. Corro hacia su habitación. La profesora da instrucciones sobre la próxima actividad que solo repite dos veces. Mi chica de cinco llama a gritos una y otra vez a `Mrs xxx!!,  en un intento agónico para que la escuche. La profesora sigue instruyendo y mientras, yo, intento arreglar su micro haciendo malabares para no salir en cámara, y puteando en todos los idiomas -Me río de Janeiro, ¡jo, ja, ja!-. Teacher hablando, mi hija de cinco gritando y yo puteando. Un cuadro. Corro a mi habitación y busco mi laptop. Me conecto por Zoom -palabra aprendida y añadida a mi vocabulario cotidiano en tiempos del Covid19-, a la clase y hago cambio de ruedas, perdón, de laptop en tiempo récord. 

Ahora soy yo la que grita: `Mrs Teacher pls, can you hear me?´. 

Nada. Ahora somos mi chica y yo : Mrs Teacherrrrrrr!! 

YES, I CAN HEAR YOU, dice la Teacher. Ups, suena nerviosa. 

Explico a mi hija de cinco lo básico de mi portátil y siento la calma en mis pulmones. Relaja, me digo, vuelve a ti. Y respiro profundo. 

Dios, la comida. Dios,  las galletassss!!!! Corro.

Q U E M A D O.

En-julianada y quemada.


¿Hoy??? vamos viendo. -Me río de Janeiro ¡jo, ja, ja!-


#tiemposdecovid19

#smcaelojo

martes, 22 de septiembre de 2020

INTERRUMPIENDO LA VIDA

Esto es una locura. 

24/7

Hace 214 días que vivo pegoteada. Comparto demasiados momentos y demasiadas conversaciones. Los silencios han desparecido. Solo en la primera parte de la noche consigo escucharlos. Muy bajito, pero ahí los veo. Cómo los echo de menos. Cuando vivía -ahora no vivo, sobrevivo-, cuando la vida se dibujaba con muchos colores y tenía muchos sabores, mis silencios siempre estaban cerca: en el bolsillo, en mi caja de recuerdos o en la taza de café. Siempre. A mano. Para salvarme. Para reconciliarme. Para escucharme.  Hoy, a-h-o-r-a, vivo interrumpida. Soy una cebolla en juliana. Para escribir estas lineas he necesitado millones de días e incontables intentos. 

Mi hija estudia online. Esto significa que como con su hambre, pienso con su cerebro, me programo con su agenda, trabajo con su temario, juego con su imaginación y me enfado con su misma intensidad. Vivo la vida de una niña de cinco años.  Los otros cuarenta los he envuelto en papel de aluminio, he hecho una pelota bien dura y apretada y los pateo todos los días ni bien me levanto, y, más tarde, los pisoteo justo antes de bañar a mi hija. 

He llegado a la una y media de su tarde y me duele lo que está dentro de mi(¿su?) cabeza. Creo que me creció el cerebro y no el cráneo. Y las paredes empiezan a ceder y siento que eso que parece un intestino y llaman masa gris se cuela por las ranuras que se forman en mi cuero cabelludo. Y la presión disminuye, pero el dolor aumenta. Ahora retumba esa canción que mi hija escucha a la 1:32 para su clase de PE (Physical Education); una música electrónica que le obliga a mover su cuerpo como si tuviera descargas. 

Estoy al borde de la locura y no he recorrido ni la mitad de mi día. Ni de la semana. Sí de mi vida.

#tiemposdecovid19

#smcelojo