domingo, 27 de abril de 2014

LOS SUNDAYS NO SON DOMINGOS, por mas que lo intenten

Echo de menos un domingo dominguero. 

Un domingo de esos de cervecita en terraza con aperitivo rico y sol calentando la cara. 
Un domingo salida de misa a las once con desfile de moda incluido. No por la misa, si no por el desfile. Un traje, una falda, un abrigo, una camisa, o todo  a la vez, ¿por qué no? 
Un domingo de ¡yo llevo el pan! y apareces con media barra. O de ¿otro botellín? y cierras otra ronda de navajas y tortilla de patata.

Una siesta, un abrazo y horas muertas disfrutando.

Echo de menos un domingo sellado con un cine improvisado.

¿Vamos al cine?
Sí. 
¿Qué vemos?
Lo decidimos ahí. 
¿Llamamos a mi hermano?
Sí, dale. 

.....

Oye, ¿te vienes al cine?
¿A qué hora? 
Ya.
Oh! vale, me visto y bajo. 
¡Guay! En cinco bajamos a tu casa y vamos en nuestro coche.
Ok.

lunes, 14 de abril de 2014

BRILLANDO CON LUZ AJENA

La descripción es una herramienta poderosa que pocos valoran. Hoy confiamos más en wikipedia, en el blog de mi amigo, en lo que escribió el vecino, o en lo que decimos que somos y nunca demostramos. Qué terrible encargo el de "escribe sobre lo que ves y saca tus `propias´ conclusiones". 

¿Propias? ¿Propiassss???? Y buscamos en Mr. Google: "mis propias conclusiones". Y nada nos encaja. Pero, ¡bingo! Un párrafo perfecto:

"Algunas conclusiones son más obvias que otras. A veces la conclusión más obvia no es necesariamente correcta. Extraer sus propias conclusiones a veces puede ser un negocio riesgoso". 

Mi cielo se abre, se encienden las luces del baño, las hogueras crujen y los fuegos artificiales cantan marchas militares: ya tengo mi informe hecho. El de los misterios del Amazonas, el de la biosfera del siglo XXV y el de la singularidad del los monos australianos

Somos "traficantes de la información" como dice Pascual Serrano. Traficantes de baja calaña porque ni siquiera pagamos en negro; ni siquiera escondemos los sacos de mercancía; ni siquiera disimulamos, al contrario, rubricamos con orgullo escritos que son robados, y con orgullo nos inventamos una pila de fuentes a las que "juramos" hemos ido a beber y que, como mucho, apenas hemos mojado nuestros labios. 

Y así, borrachos por el exceso de líquido y sólido material nuestra mente va perdiendo conexión con la realidad hasta que un día nos auto definimos como "genios". Y ese día nuestro cerebro hace las maletas. Y sacamos pecho y currículum. Y seguimos consumiendo. Y la locura nos convierte en miserables y egoístas a los ojos de los demás. Pero no a los nuestros. 

Y si algún día fuimos brillantes, hoy somos opacos. Para los demás, claro; recuerda que, para nosotros,  relucimos más que nunca, más que siempre, más que las estrellas, más que el sol, más que la luna. 

Odio el brillo. Prefiero lo mate. El brillo deslumbra y no te deja ver el fondo. El brillo tapa los espacios vacíos. 

Prefiero lo mate. Odio el brillo. El mate te envuelve, pero te deja ver el fondo. El mate muestra los espacios y, por eso, los llenamos. 

jueves, 3 de abril de 2014

ROJO, QUE TE QUIERO VERDE

Dichoso mi ojo izquierdo que saliéndose de su órbita, escapó de las garras del efecto #soylaprimerapotenciadelmundo. Ahora,  disfrutará de su vida en eso que llaman viejo continente, o en algún país de esos que se les presupone, están, vías de desarrollo; o, en el ¿peor? de los casos,  en una de esas tierras subdesarrolladas.

Mi ojo derecho y el resto de mi cuerpo continúan en Miami. 

Hoy pienso en verde. Y no por Heiniken. Ni por convertirme en una vieja verde. Hoy pienso en verde porque me tomo mi noveno jugo verde. Tercer día a puro líquido. Con alguna trampa que negaré hasta tres veces. Un verde "masa". Un verde "blandiblú". Y me quedan tres más. Y dos rojos. 

La falta de cocina, mantenida durante un lago período de tiempo, tiene sus efectos:

1.- Al principio, la emoción puede con todo. El no tener que cocinar, ir a comprar o limpiar justifica e, incluso, alegra el hecho de no tenerla. 

2.- Al rato del principio, estás igual. Happy. 

3.- Al medio rato, dices que estás happy, pero estás acumulando feos pensamientos. La comida preparada del super de la esquina te aburre. Las obligadas salidas nocturnas para cenar se convierten en incómodos planes. Las cartas de los restaurantes son baraja de tute: sota, caballo y rey. 

4.- Al medio rato y medio, dices que estás cansado. El humor alegre y jovial que te ha acompañado tantos años, se transforma en uno agrio y naftalino. La comida preparada del super de la esquina está asquerosa. Las salidas nocturnas son fugaces visitas al Seven. Las cenas son mecánicas. Las cartas de los restaurantes, las detestas. 

5.- Medio rato mas tarde, tiras de la latas que nunca se abrieron: alcachofas, atún, palmitos, guisantes, pepinillos. Al super,  solo vas a comprar agua -la del grifo es complicada de sabor-. Por la noche, ni un pie toca la calle. Las cenas son un "tócate la frente". Las cartas... ¿son de pocker?

Sin darte cuenta terminas aceptando una dieta de jugos verdes porque es purificadora, antioxidante, rejuvenecedora, inspiradora, en fin, ¡mágica! Y comienzas el primer día con cinco visitas al local para que te preparen el mejunje. Y lo pagas. Y sale con un vaso de plástico con tapa y pajita. Y desayunas. Y a las tres horas repites movimientos. Y a las segundas tres horas, insistes; esta vez...¡rojo! Y el corazón se te acelera por el giro emocionante que ha tomado tu vida... ¡un jugo rojo! Y lo pruebas. Y el golpe es brutal: es el peor sabor que has saboreado en tu vida, ni Red Bull. 

Son las tres de la tarde y estás frente a un hermoso, pero traidor vaso con líquido rojo. Y te acuerdas de tu madre: "si tuvieras hambre, te lo comerías". Y decides esperar a juntar más hambre para beberlo como concursante de "Supervivientes". Y el hambre llega. Y atacas al rojo. Y de nuevo, ¡zas! ¡bofetada a la garganta! 

Y llegan las 9 de la noche, y ya has llegado al quinto verde. Lees un libro y miras tele mientras lo "comes" para no aceptar lo deprimente que resulta la escena. Y como no hay mesa que recoger, ni platos que lavar, en un minuto estás lista para irte a dormir. 

Pero son las 9:20 de la noche. Y te pones a trabajar. Y luego te das un paseo. Y luego duermes. Y luego ya es mañana. 

Y son las dos de la tarde y ya tendría que haberme tomado el segundo verde y estar esperando al rojo.

Voy corriendo, que ya llevo retraso. 






martes, 18 de marzo de 2014

LA EXPLICACIÓN ESTÁ EN EL ORIGEN DE LAS COSAS

Érase una vez una neurona que quería encontrar su lugar en el mundo. Su mundo -gris, viscoso y lleno de curvas imposibles-, había sufrido durante décadas una enfermedad vírica que le había generado daños irreversibles: miles de hectáreas despobladas. Montañas de neuronas yacían secas y arrugadas formando muros que impedían que el mundo gris, viscoso y curvilíneo de la neurona se pudiera comunicar. 

Nuestra amiga neurona había nacido en el seno de una familia acomodada: su padre era dueño de todas las tierras de la región y miles de neuronas trabajan para él. Ella odiaba el trabajo de campo: prefería observar la naturaleza más que trabajar en ella. En uno de esos tantos días que caminaba sin destino concreto,  soñando encontrar lo que no sabría definir,  se perdió.  Un día, jugando a morder manzanas, se quedó ensimismada con la forma que su "bocado" había dibujado en la fruta. Maravillada por su descubrimiento corrió en dirección a casa. No podía dejar de contar el hallazgo a su padre, él sabría cómo utilizar esa manzana -pensó. Jamás imaginó que pasarían muchos, muchísimos años para que ese día llegara (...). Su juventud, su pasión y su inconsciencia le hicieron tomar la última curva del trayecto hacia su casa a excesiva velocidad. La manzana voló por los aires y cayó al suelo. Ella no tuvo tanta suerte: salió despedida. Recorrió miles de kilómetros hasta quedar suspendida en el vacío. Había perdido la conexión con el mundo.

Durante varios años estuvo buscando la manera de regresar a casa. Y lo consiguió. Y cuando llegó, lo que vio le impulsó a salir corriendo de nuevo: un virus enemigo había matado a millones de neuronas. Su región era la más afectada; era la única neurona viva del hemisferio norte, concretamente del territorio cuyas coordenadas eran 38º53´N/77º 02´O. Nuestra neurona estaba desolada: de nuevo estaba perdida, de nuevo debía buscar su lugar, pero... ¿dónde?

Cuenta la leyenda que nuestra superviviente se echó al agua y empezó a nadar; aquello parecía un océano. Tardó meses en cruzarlo, hasta que una mañana gritó: ¡tierra a la vista! Aceleró el ritmo de sus movimientos y en horas alcanzó la orilla. Se sacudió el agua, se atusó el pelo y comenzó a caminar por ese lugar que, pese a desconocerlo, se le antojaba familiar. Dobló la primera curva y... ¡Ohhhh! ¡Miles de neuronas se bañaban en el agua! Unas corrían por la arena, otras tomaban el sol y algunas se reunían alrededor de una caseta y se tomaban una cerveza. ¡Qué hermosa estampa! -pensó. 

Se acercó y se perdió entre la multitud. Aprendió el idioma, montó un bar, formó una familia y se compró una casa. Nunca regresó al otro lado del mundo porque, por fin, había encontrado su lugar. 

Fin


¿Qué pasó con el hemisferio norte, 38º53´N/77º 02´O? Aprovechando la ausencia de neuronas... los virus construyeron un país y lo llenaron de barras y estrellas. El resto de la historia seguro que te suena. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

DONDE DIJE DIEGO.. ¡MÁS TE VALE QUE SIGAS DICIENDO DIEGO!

Estoy en obras. Mi nueva casa está en obras. Y yo con ella. Hoy cumplimos 100 días. 

Imposible relatar todo lo ocurrido en estas últimas semanas, al menos, por ahora. No tengo tiempo. Solo hago un break en mis funciones de controller para desahogarme: ¡¿por qué se dejan el cerebro en el retrete, tiran de la cadena cuando visitan el baño por la mañana y salen de casa!?

¿Qué estudios tengo que exigir para que no pinten y luego rompan paredes? ¿O para que no coloquen pestillos de puertas de baño por la parte de fuera? ¿O para que no cubran los muebles con plásticos llenos de pintura y polvo? ¿O para que distingan entre recto y torcido? ¿O para que identifiquen qué es un mueble y no me lo agujereen -qué verbo tan difícil!- como si fuera un queso de gruyere? ¿O para que apaguen las luces -¡porras! ¡qué parece esto el encendido de la feria de Abril!-; ¿O para que bla, bla, bla?

Hoy, como regalo de aniversario me comunican que ha habido un cambio en los miembros de la "Asociación" del edificio. Un "comunicado" ha llegado a mis oídos como llega todo aquí: por ciencia infusa. De repente,  no han permitido el paso del coche de los obreros, me han cambiado las normas de reserva del ascensor, me han querido cobrar el parking de los instaladores, me han bloqueado las entradas de las entregas... ¡Genial! Ni los miles de cheques entregados en depósito para reservar ascensores, ni las miles de notificaciones realizadas en tiempo y forma para comunicar mis actividades "albañilisticas", ni las eternas y numerosa visitas al despacho de "Vicky" -la simpática señora que hacía ojitos a mi marido,  que abusaba del "no problem" y que se ha esfumado-, han servido para que esta nueva "dirección" corte por lo sano y borre de un plumazo todo lo anterior. 

Pues bien, con mi cara más amable he ido a conversar sobre esta nueva situación con la "Asociación". 

En realidad, no ha habido conversación: he soltado mi speech, he aportado fechas, datos, pruebas y he informado "amablemente" a la nueva chica que mis actividades iban a continuar en la misma forma y tiempo que llevaban haciéndose desde hace ya 100 días. Que cualquier duda que tuviera, consultase con sus archivos -pilas de papeles amontonados-, o con el oráculo, pero que bajo ningún concepto iba a tolerar ningún cambio en mi planificación. Que estaba a punto de terminar las obras; que mi cama llegaba mañana y que asumía que ningún "contratiempo" iba a impedir que yo durmiera encima de ella el jueves por la noche. 

Ella, desplegando una profesionalidad ahí donde las haya, ha anotado mis comentarios en un post-it junto con mi nombre y mi número de móvil. De nuevo, una sonrisa. De nuevo,  un "no problem". ¡Estupendo! Seguimos con el mismo sistema. Me quedo más tranquila. 

jueves, 12 de diciembre de 2013

ENERO, FEBRERO, MARZO...OCTUBRE, NOVIEMBRE Y NAVIDAD

Termina el año y, como siempre, el final coincide con las Navidades. Los finales de cualquier cosa siempre son complicados: se apelotonan las tareas de última hora, los imprevistos se multiplican y el tiempo pareciera reducirse a la mitad. La soga del reloj aprieta más que en otros meses -¡cómo añoro el relajado y florido mes de mayo!-, y, para colmo, tenemos que celebrar las Navidades.

Y yo me pregunto ¿no las podríamos mover de mes? No sé, así a botepronto, se me ocurre ubicarlas en febrero: el año ya ha empezado a rodar y no ha sufrido el desgaste y el maltrato del tiempo. Todavía goza de la frescura e inocencia que le otorga su juventud. Además, el nuevo escenario no tiene más que ventajas: mantenemos el mismo clima -cada uno el suyo-, y los regalos se pueden comprar en plenas rebajas sin tener que inventar una excusa para justificar que los Reyes Magos, como todos los años, llegan el 8 de enero. 

¡Pobre mes de diciembre!

El mes de diciembre ha perdido su identidad; hace rato que ya no es un mes, es, sencillamente, la Navidad. ¿No os parece cruel vivir con una identidad impuesta?, ¿nacer mes y terminar  viviendo como una fiesta? La solución no es exterminar el problema, si no compartir el peso de la solución. Ya es hora de liberar a diciembre y que otro cargue con el peso de la Navidad durante unos años. La liberación de los 31 últimos días del año bien merece nuestro apoyo y nuestra lucha.

Mucho entusiasmo en estas últimas palabras; será que en mi subconsciente bailaban otros temas... eso será.

Reivindicando la Navidad

Defiendo la Navidad. Defiendo unas fechas que nos dan la oportunidad de reflexionar y hacer balance de nuestra vida. Defiendo unas fechas que nos sirven de excusa para retomar relaciones injustamente olvidadas o descuidadas. Defiendo las ciudades iluminadas. Defiendo el olor a castaña asada. Defiendo los villancicos. Defiendo los abrazos efusivos. Defiendo los ojos vidriosos al ver a los tuyos. Defiendo lo mails, los whatsapps, los tuits, los mensajes de voz, los mensajes de texto, los mensajes en un post-it... defiendo cualquier soporte para felicitar las fiestas. Defiendo todo lo que huele a Navidad, aunque todo no lo pueda disfrutar. 

Pero la Navidad también arrastra mucho sedimento sólido y pesado al pasar por nuestra vidas: cenas de empresas democráticamente obligatorias, agujeros en nuestras Visas, cenas familiares con menú y compañía estándar, brindis de empresa con champagne a las once de la mañana, abrazos efusivos con nuestros no amigos, envío masivo de mails felicitando las fiestas con dos palabras, sonrisas dibujadas, et., etc. Y como arrastra todo ese exceso de "escombro" en muchas ocasiones lo importante, lo que nos hace feliz se deposita en el fondo del río y se queda en el camino. La corriente de la Navidad arrastra con nosotros lo que agarramos con más fuerza -que no siempre coincide con lo más importante-, y lo que descuidamos queda olvidado en el fondo o en algún embalse de vete tú a saber dónde. 

Pues bien, mi propuesta de cambio de fecha queda realizada. Veremos cuántos están de acuerdo. Entre tanto, para estas Navidades me propósito solo es uno: agarrar con fuerza lo importante y que en el sedimento se quede todo lo demás. 

Felices Fiestas, Feliz Navidad. Os agarro con fuerza. Si duele, gritad, no quiero que os ahoguéis. 

martes, 24 de septiembre de 2013

LO VAMOS TENIENDO CLARO


En Miami:

Llueve mucho.
Hay humedad.
El viento vuela.
Las tormenta son eléctricas.
No saludan en el ascensor.
No se puede vivir sin aire acondicionado.
Conducen tranquilos.
Corren y van en bici.
No andan por la calle.
Visten de Apple.
Abusan del "Happy hour".
Ellas viven encima de un tacón.
Ellos van a su aire.
Los perritos van en cochecito de bebé.
Imposible tomarte una tónica Schweppes en un bar.
Los pepinillos son dulces.
Olvídate de un buen bocata: el pan es "bollito".
Afición por la langosta y la comida japonesa.
El Ibuprofeno es morado.
No hay Capuccino de Nestle.
El café, del Starbucks.
Tu supermercado de barrio: Publix.
Te mejor amigo: tu GPS.
Ordenados al conducir, poco educados al andar en un mall.
Ahorran comprando.
Las carreteras nunca están vacías.
En una  compra de 10 productos puedes agenciarte hasta ¡10 bolsas de plástico!
Respetan a los peatones.
Hacen maniobra para aparcar en lugar de tres metros de largo.
Los cajeros/as saludan y sonríen.
Te secan y limpian el carrito de la compra al entrar al supermercado en caso de ser necesario.
No hay Chiquilin.
No hay ricas gominolas.
Se saltan la Semana Santa.
Muy difícil encontra semillas de sésamo negras.
Los plátanos están ricos.