miércoles, 19 de diciembre de 2012

UP AND DOWN



Han sido unos días estresantes y agobiantes.  Una combinación que provoca que los pensamientos circulen dejando surcos en mi cerebro. Doloroso, muy doloroso. Imposible soltar letra. Hoy parece que estoy llegando al final del túnel y veo la luz. No sé si blanca, roja o violeta, pero luz al fin y al cabo. Hoy el dolor es menos intenso y me puedo sentar a escribir.

Después de visitar unos treinta pisos en tres días,  parece que nos hemos quedado con tres para la recta final. Yo tengo mi favorito, pero no sé cómo estará de fuerzas para afrontar los últimos metros. Ya veremos.

Imposible describir todo lo que he visitado: lofts, dúplex, penthouse, pisos, pisitos, pisazos… De todo. La cosa es que uno intenta priorizar con unos mínimos y acaba valorando las instalaciones, la decoración del hall del edificio, las moquetas que visten los pasillos de las plantas, el número de ascensores que suben y bajan, el número de controles que hay que pasar hasta llegar al piso, los olores de las moquetas… Todo esto antes de entrar en el candidato: el piso. Una vez dentro, te fijas en los pies cuadrados, cantidad y capacidad de los armarios, vistas, altura de los techos, forma de las habitaciones, número de paredes del living/salón –en ocasiones todas son cristaleras-, tamaño del balcón, puntos de luz, colores de las paredes, tipo de suelos y bla, bla, bla.

Aquí cada piso es de su padre y de su madre. Tan solo una cosa tienen en común: pierden metros por todos los costados.  O sea, que te puedes encontrar con un piso de dos habitaciones de 1400 pies cuadrados (130 metros) con una habitación principal pequeña y con armario diminuto, pero un con un par de baños enormes y unos pasillos anchísimos.  El realtor que nos está organizando todas las visitas ya me lo dijo “Patricia, la distribución es lo importante; lo que a priori puede parecer pequeño, al final es probable que sea suficiente”.  Y viceversa.
La cuestión es que han sido días de mucho subir y baja ascensores; subir y bajar del coche; subir y bajar plantas; subir y bajar todo. Días en los que a las siete de la tarde pensaba blanco y a las siete y media, negro. Días en los que todo iba sobre ruedas y días en los que todo iba a trompicones. Días en los que a las nueve de la noche los ojos se cerraban y el cansancio impedía planificar una salida nocturna decente. Días en los que las conversaciones “a tres” se convertían en pequeñas discusiones con arbitro incluido. El “trio invencible” se ha puesto a prueba y la ha superado con nota. Algún que otro leve daño colateral –cenas express, almuerzos olvidados, paciencias sobrepasadas-, pero  nada grave.

Ahora solo queda rematar la faena. Con suerte tenemos casa antes de que llegue el 2013; bueno “tenemos” no es lo correcto: sabremos qué casa podrá ser la nuestra porque una vez superada la prueba de búsqueda y elección se viene la segunda fase. Momento de acordar precio, preparar documentación, entrevistarse con la “cúpula” de la comunidad del edificio para ver si somos aptos… Todo una historia que ya os iré contando.

1 comentario:

  1. Hay amiga!!!! Cuantas pruebas....jolín...Suerte...ahora también tendría que haber una prueba si vs. aceptáis a los del edificio...que será menuda panda!!!!

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