lunes, 10 de diciembre de 2012

UNA TEORÍA Y UNA MUDANZA


Hoy ha sido un día de estudio. Después de semanas sin tocar un libro, he intentado hacer un balance de todo lo que no voy a poder entregar. Mi nuevo objetivo: entregar lo justo para tener derecho a examen; y no volverme loca. Manos a la obra.  

La concentración a la hora del estudio es esencial. Una mosca, un ruido o una lucecita que parpadea puede echar por tierra tu plan de trabajo. Para que esto no ocurra, he amoldado el apartamento a mi forma de estudio: mesa del comedor tapada con libros,  apuntes, bolis, grapadora, diccionarios; papeles arrugados por el suelo, taza de café a medio tomar sujetando unos folios... Resultado: un desorden que me hace sentir como en casa.

Pues bien. No sé para qué narices lo he hecho. Ahora es media noche y acabo de llegar de cenar. Y mi postre ha sido el mismo de los últimos días: mañana a las 8 am me cambio de apartamento. Sí, otra vez. Sí, de nuevo. Sí, la tercera vez que hago y deshago maletas en menos de una semana. Sí, mi humor es cercano al que tú imaginas, pero algo peor.

La buena noticia es que es en el mismo edificio. De la 28,  pasamos a la planta 35. Los motivos son varios: en el que estoy ahora, no tengo teléfono, ni televisión por cable, ni la conexión de internet es decente. Y ya que somos de la roja, pues hemos aplicado el famosísimo “no hay dos sin tres” y nos volvemos a mover.

Ya no me atrevo, no ya a decir, si no a pensar lo bien que estaré en el próximo lugar. Ya no sé si deshacer las maletas al llegar o dejarlas hechas y vivir con una camiseta reversible de aquí a que llegue mi mudanza y tenga mi casa.

Mira que lo siento, ¡yo que pensaba escribiros sobre una teoría que tengo en fase de hipótesis,  y resulta que vuelvo con el tema “maleta”! Qué fastidio.   Os la cuento igual,  que me aburren las mudanzas; ya no son novedad, ya no son  graciosas. Al grano.

Hoy es(era) un día importante para mi investigación: podría ser la fecha en la que se confirmara mi teoría; en la que mi  hipótesis se validara y se elevara a  “de cajón”. Me explico.

En mi experimento, yo soy la muestra. Las variables que tenemos en cuenta son: ciudades y tipos de clima. Como ciudades citaremos, Buenos Aires, Madrid, Maragogí y Miami. En cuanto a los climas, diremos frío, seco, húmedo, lluvioso y caluroso.

Mi hipótesis: “el estudio congela”

Dedicarse durante más de dos horas seguidas a estudiar termina por congelarte el cerebro, los huesos y las carnes que los rodean. Cuatro ciudades distintas con climas diferentes y en todas me ha pasado lo mismo.

Para los que me conocen un poco más de cerca, no les será muy difícil visualizarme enroscada en una manta de Iberia o de Ikea -uniforme casero de Patri en invierno, otoño y parte de la primavera-. Para los que no, muy fácil: el objetivo de mi vestimenta es "sellar" mi cuerpo.  Es decir, ninguna superficie de piel –a excepción de cara y manos-, debe rozar el aire. De manera que, cuando estoy en casa, para evitar que el movimiento de la vida cotidiana deje al aire alguna de las zonas no excluidas, una manta se enrosca en mi cintura “sellando” el pantalón con la camiseta y/o sudadera que lleve puesta. Calcetines por fuera, abrazando las perneras de los pantalones y bufanda rodeando mi cuello –cuando el frío aprieta mucho- son los elementos típicos de mi indumentaria en muchos meses del año.

Pues bien, he cambiado de ciudad mil veces y siempre me ha pasado lo mismo: cuando estudio me congelo. Da igual si hablamos de lugares de España, o si nos vamos al extranjero. Viví en Canarias y me pasaba; lo mismo en Madrid, Buenos Aires o Maragogí (Brasil).  Hasta hoy no tenía muy claro si esta relación "causa-efecto" era fruto de la casualidad o, por el contrario, era pura ciencia. Hoy se ha validado mi hipótesis: una mañana estudiando en Miami y se me han helado las manos, los pies y los riñones (lumbares).

Da lo mismo que la gente se esté bañando en la piscina, o que el vecino beba té helado para lidiar con el calor: es ponerse uno a estudiar y helársele las venas.

¿Y qué he buscado entre tanta maleta y maletín? Mi mantita. ¿Y qué he encontrado? Biquinis, bañadores, camisetas, vestiditos, sandalias, shorts, pareos, pero ni rastro de ella. 

Hoy me han confirmado que viaja en un barco por el Atlántico con el resto de mis cosas. Espero que se cuide y llegue sana, sin gripes y sin toses. Espero que llegue pronto; yo la espero con los brazos abiertos. Hasta ese momento, estudiaremos menos de dos horas seguidas para evitar males mayores. 

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