Octubre de 2007, pueblecito de la Sierra de Madrid, España
Mary subió corriendo las escaleras y entró en la habitación de su abuela Terry sin avisar:
¡Abuela, abuela! ¡Estoy en todos los kioscos! ¡Abuela, mire!- Mary le mostró el ejemplar de Cosmopolitan España del mes de octubre: su esbelta figura, su melena, su mirada inocente y su sensualidad ocupaban la portada.
Vaya, vaja, ¡cuánta excitación! A ver, déjame que te vea- miró la portada y no dijo nada.
Terry tenía noventa años, pero su mente era brillante y, pese a llevar años viviendo en España, no había perdido ese acento americano tan característico. De repente una lágrima cayó por su mejilla.
¿Qué pasa abuela? ¿No le gusta?
No querida, no. Son los recuerdos... Si tienes tiempo, te cuento una historia.
Abre ese cajón, y tráeme la carpeta roja.
Mary la buscó y se la dio. Terry sacó dos ejemplares de Cosmopolitan: uno de 1938 y otro de 1896. La portada del ejemplar de septiembre del 38 era espectacular: un casi primer plano de una bellísima rubia que parecía disfrutar de unas vacaciones en su yate. Melena al viento, hombros descubiertos, y en un segundo plano, un apuesto capitán de barco conduciendo la embarcación -que se intuía, pero no se mostraba-. Mary se quedó boquiabierta. Sí, querida -dijo Terry-, esta joven de 21 años es tu abuela.
"Eran años buenos para la revista y para la mujer -comenzó a relatar la abuela-, después de publicaciones para la familia, la mujer había conseguido que editaran una para ella, renovada y más especializada. Cosmopolitan reflejaba a la mujer moderna y sofisticada. Por fin mujeres espectaculares y en bikini en las portadas. Colores vivos y sensualidad, mucha sensualidad. Si te fijas, la tipografía para el nombre es distinta respecto a la de 2007, y por esa época los titulares en la portada no ocupaban tanto protagonismo como en la que tú sales, mi querida niña. En el 38 todavía no se editaba fuera de los Estados Unidos; y, aunque en menor medida que en el 1896, se mantenía la publicación de temas de ficción ("A complete Book-lenght Novel)".
Mary escuchaba atentamente a su abuela. Su mirada era de asombro y de tremenda admiración, vaya con la abuela Terry, qué callado se lo tenía, pensaba. Terry cogió la otra revista, la de mayo de 1896. De nuevo, un ejemplar en inglés. Su editor, John Brisben Walker había adquirido la revista en 1889 y con él llegaron las ilustraciones en color, las revisiones de libros y de seriales. Cosmopolitan era un interesante mercado para la ficción y contaba con las colaboraciones de diferentes autores. En la parte derecha de la portada, aparecen los contenidos de la revista. Un estilo delicado, ordenado y sencillo, pero con toda la información de lo que podía leerse y en qué página se encontraba.
"Era un ejemplar hermoso -continuó Terry-, la portada tenía, de nuevo, a la mujer como protagonista. Pero más recatada, más vestida, con cero sensualidad. La perfecta futura madre de familia, mujer de su casa. Ilustrada como si de una foto de colgante se tratara, la mujer se mostraba envuelta en un halo de bondad. La organización de los elementos de la portada se mantenía prácticamente igual a la portada del 38 o de 2007: en la parte superior y con grandes letra se leía el nombre de la revista "COSMOPOLITAN". La "C", como en la edición del 38, envolvía a la primra "O". Costumbre que ya no aparecería en la tipografía de la revista del siglo XXI. Sí es cierto, que en el 96 la importancia del texto era mayor que en el 38 -año en el que la imagen dominaba la escena-, y diferente respecto a la de 2007".
"Es mi madre -prosiguió Terry-, tu bisabuela. Por esa época, las revistas ya se consumían de forma masiva en los Estados Unidos; en 1865 se produjo el primer boom de las revistas y con él, una mayor segmentación y una especialización demográfica y social dentro de las revista femeninas. Cosmopolitan -que apenas tenía diez años de vida y que nació como revista familiar-, se convirtió en una de las publicaciones femeninas más importante de la época. Si te fijas, ya aparecen las ilustraciones a color; colores más pasteles, menos vivos, pero color al fin y al cabo. Y los contenido se detallan con tremenda precisión, página incluida, en la parte derecha de la portada".
Mary no dejaba de mirar ese ejemplar del siglo XIX y lo comparaba con el suyo: la fuerza, el dinamismo, la espectacularidad del de 2007 se suplía por la delicadeza, la ternura y la "fragilidad" del de su bisabuela. De repente, vio algo que le llamó la atención: ¿10 centavos, abuela? ¿Solo costaba 10 centavos? ¡Un dólar al año!
Ay, mi querida nieta, ¡no se hubiesen vendido ejemplares al precio de hoy! Por aquellos años la publicidad empezó a ser pieza clave para las publicaciones y las revistas apostaron por abaratar el precio de sus ejemplares. Gracias a los ingresos de esa recién nacida publicidad, los editores lograron vender cada ejemplar, incluso, a un precio inferior de su coste real (...).
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Hoy ha sido un día largo y de mucho trabajo. Es la una y media de la madrugada y rompiendo con la filosofía de este blog, me he atrevido a compartir -con quien lo quiera leer- una pequeña historia que tiene que ver con la vida de las revistas en general, y con la de Cosmopolitan, en particular. Relato ficcionado, pero basado en la realidad.
Lo dicho, día duro, pero muy positivo para todos. Hasta mañana.