martes, 8 de enero de 2013

ATADA DE PIES, ¿Y MANOS?

¿Tengo el enemigo en casa?

Hoy a las ocho de la mañana me he despertado con un mail respuesta de la oferta del último piso que he intentado alquilar. Lo escribe la realtor del dueño: no baja ni un dólar, no arregla el suelo y está a la espera de cerrar una operación de venta del apartamento. Por lo tanto, de aceptar sus condiciones, tendríamos una respuesta a partir de la semana que viene.

Pues bien, aquí hay algo que se me escapa. Da la casualidad de que esa realtor -agente inmobiliario- es compañera de mi realtor, vamos que trabajan en la misma empresa. Entonces, ¿cómo es posible que mi querido y obligado compañero de baile de las últimas semanas no supiera nada de este movimiento? 

El jueves vimos el piso y el mismo jueves hicimos una oferta con la condición de que contestaran el viernes día cuatro de enero. Mi agente es conocedor de la "prisa" que tengo en encontrar un lugar donde tirar mis huesos, sabe que en menos de quince días vuelo a Madrid y que necesito cerrar algo antes de partir. Y, sabiendo esto, lo primero que se le ocurrió decirme es que le dábamos hasta el 8 de enero para contestar. ¿El ocho? le dije yo, ¡ni en broma, mañana como tarde! Así quedó el tema el jueves día tres de enero a las cinco de la tarde.

Y yo no soy mal pensada, pero los hechos son los hechos: silencio el viernes; el sábado un mail a última hora comunicándonos que nos dicen algo el lunes 7 de enero. El lunes, silencio. Y el ocho (¡oh, qué casualidad!), recibimos esta "cagada" de contestación. A todo esto ¿qué hace mi realtor? Nada. 

Y mis problemas se multiplican: no tengo piso en vista, no tengo tiempo y no sé si el problema lo tengo en mi propio equipo. No sé si tengo como realtor a un portero que se deja meter goles por el equipo contrario o que es, simplemente, malo de narices. Y cualquiera de las dos opciones me preocupa, y mucho. 

¿Qué opciones tengo? Cambiar de realtor y comenzar de nuevo;  hacerle saber qué no soy boba y que su juego extraño ya se lo he pillado; hacerme la tonta y continuar con mi amigo obligado, pero con mensajes más tajantes (no sé cómo se puede ser más "tajante", pero, de elegir esta opción, ya se me ocurrirá la manera); o, pensar en otra estrategia. 

En fin, un comienzo de martes maravilloso. En un rato intentaré ir al Consulado español en Miami para darme de alta. Trámite que también se las trae: me dicen que además de mil documentos, necesitan mi partida de nacimiento. Pero, ¿qué les pasa? ¿No me ven vivita y coleando? Llevo mi DNI, mi pasaporte, mi residencia americana, mi libro de familia y me llevo a mí misma, ¿acaso no son pruebas suficientes para probar que "estoy nacida" y de que, para bien o para mal, lo hice en España?

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