viernes, 4 de enero de 2013

ENTRE SÁBANAS

Ni roscón, ni Melchor, ni Gaspar, ni Baltasar. En Miami las Navidades han terminado. Ayer quedaban restos de pinos en los ascensores. Hoy,  ya no veo desde mi ventana ningún arbolito en la casa del vecino. That´s over.

Ya no lucen las farolas, las barandillas o las palmeras. Ya nadie te desea Merry Xmas! o Happy New Year! Ya, que te lo desee tu abuela. 

Lo que no termina es la fiesta. Lunes, martes, miércoles... todas la noches parecen de fin de semana. Garitos llenos de gente, bailoteo, risas, tacones, transparecias, gomina... lo que siempre os he contado. 

Yo hoy, por primera vez desde que llegué a Miami,  he experimentado cómo se está un día entero entre sábanas. Entre sábanas y con ganglios inflamados. Y con décimas. Y con ojeras. Y con dolor de cabeza. Y con dolor de lumbares. Y con el pijama como uniforme obligado. Solo he salido de ellas para hacerme algo de comer.  Y... ahora,  quería verte. Y no me pidas más que eso, verte. No estoy yo hoy para muchos dispendios. 

Y la conclusión a la que llego a las diez de la noche es que estar enfermito en Miami es igual de feo que sufrirlo en Madrid. Igual de aburrido e igual de doloroso. Mañana me tocará estudiarme cómo funciona mi seguro médico que, entre tanta búsqueda de casa -que dicho de paso, todavía no tengo-, ni lo he mirado. No sea que la cosa no mejore y tenga que visitar, por primera vez, a la medicina yanqui. 

Confiemos que la sangre no llegue al río, pero si lo hace, ¿no os parece que puede ser la mar de interesante? Veremos. 

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