miércoles, 2 de enero de 2013

GIROS INESPERADOS

Segundo día del año en el calendario. Primero para mí. 

El uno de enero suelo pasarlo en estado "ahorro energético". Ayer me acosté tres veces y supongo que me levanté otras tantas. No podría decirlo con exactitud, pero algo cercano a esto ocurrió. Jornada de resaca, de despedidas, de dieta obligada y de poco más. No le demos más protagonismo.

En cambio, hoy, hoy ha sido un dia con grandes expectativas: pisos que ver, trabajos de la universidad que entregar, gimnasio que visitar... Jornada que ha quedado en eso, en expectativa -demasiadas intenciones para mi primer contacto con el 13-. El caso es que el día se ha desinflado tan rápido como un globo mal atado: en un periquete. He abierto un ojo y tras casi diez horas soñando con los angelitos, me sentía como si un camión hubiera pasado un par de veces por encima de mi cuerpo. No es buena idea intentar recuperar en una noche el sueño de varios días -aprendizaje que por más que lo estudio ni lo asimilo, ni lo aplico-. 

Con este panorama, lo más inteligente ha sido bajar las exigencias del día y fijarse unos mínimos: Universidad y pisos. Una ducha, un café y me he puesto en posición trabajo: gafas en la nariz, gominolas a la derecha de la mesa, mac encendido y una pila de libros de consulta. Cinco horas por delante para meterle caña a la olvidada actividad universitaria. 

A las dos, parada técnica para comer algo. Fin de estudio por hoy y lista para buscar mi piso. A las tres de la tarde en punto estaba yo como un palito en la puerta de casa, preparada para salir corriendo ni bien me avisara mi realtor -para los despistados, agente inmobiliario-. 3:05 pm y no suena ningún móvil. 3:06 pm y recibo la noticia: visita cancelada. 

(...)

Ahora son las nueve de la noche y repaso los avances del día: 
Universidad: una "mini tarea" entregada. Me he colgado de la red demasiado tiempo.

(...)

2:57 am. He tenido que salir corriendo; cambio de planes de última hora: cenamos fuera. Lo que pretendía ser una velada inocente se ha convertido en cena y copa. No puede ser que un miércoles se empiece con las salidas nocturnas. No es saludable. No es bueno para coger el ritmo de trabajo.

Antes de irme, andaba yo reflexionando con los avances del día. Resumo: universidad cero, búsqueda de pisos, cero. 

De lo que sí puedo dar fe es de que una ración de pulpo en Miami es difícil de ver. Literal. Era tan mínima la que nos han traído, que hemos tenido que pedir dos para que ocuparan espacio. Una patita de pulpo a la brasa sobre "porotos" de soja para tres no era buen negocio. Nuestra amiga "patita" ha tenido que ser acompañada por una ración de calamares, una de setas con no se qué, una de mejillones y una de patas de cangrejo. Hemos repetido las setas. Café y la cuenta. 

Pintaba que la cama estaba a la vuelta de la esquina cuando me he sorprendido pidiendo una copa en un bar de moda. Luego ha venido otra y luego otro garito. Dos más. Ya van cuatro. Demasiado para un miércoles "posresaca" navideña. 

Ahora me toca dormir rápido y hacerme a la idea de que mi estómago no está destrozado por el ajo de los mejillones, el picante del pulpo y el extra del alcohol. Mañana a primera hora toca reanudar la búsqueda de pisos e intentar avanzar con la Universidad. De nuevo hay planes en el aire de quedar a picar algo; ahora que se lo que significa eso de "picar algo" en Miami estoy preparada para una rápida y eficaz respuesta: no way.

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