miércoles, 16 de enero de 2013

CAMBIO "IN EXTREMIS"

Escribo arrastrando un dolor de cabeza que apenas me permite tener los ojos entreabiertos. Mi relación con los pisos sigue siendo tormentosa, pero parece que su final está cerca. 

Ayer y hoy han sido dos jornadas maratonianas viendo pisos. Hace un par de días, cuando la desesperación terminó por llenar toda la atmósfera, decidimos cambiar nuestra mente y arriesgarnos a investigar otra zona para vivir. Miami Beach es la opción. Hasta ese momento había sido Brickell. Lo más seguro es que para aquellos que desconocen Miami, esta información no signifique nada. Lo sé.

Lo importante es transmitir que hemos cambiado de zona de oficinas, a zona de playa. De cinco minutos en coche para que mi pareja llegue al trabajo, a quince o veinte minutos. De tener a gente conocida alrededor, a no tener, por ahora, a nadie. 

Ayer vimos por primera vez apartamentos en Miami Beach. Y la cosa mejoró. Hoy hemos repetido jornada. El resultado es que tenemos tres candidatos finalistas y que vamos a lanzar oferta de alquiler por los tres. ¿Contenta? Pues no sé. Sí, sí lo sé. En realidad, no. Agotada, cansada y con la sensación de que después de tanto esfuerzo no he dado con lo que buscaba. Así que dejo la última decisión al "destino" y eso que me ahorro. 

Toneladas de ganas tengo de dejar este tema y volcarme en las pequeñeces de la vida. En las curiosidades que me asombran, en los detalles que pasan casi desapercibidos y en las experiencias que todos los días acumulo y que es una pena que  queden en el fondo del armario y no se puedan compartir con alguien.

Qué caprichosa es la mente, con lo potente y lo polivalente que puede llegar a ser y a mí hace días que me tiene encerrada en el mismo tema. Con una única capacidad habilitada para darle vueltas a los pies cuadrados, a los armarios, a las zonas, a los precios, a las vistas, a los tiempos que se estrechan cada vez más. Tengo la sensación de que el día que cierre el tema piso, volverá a entrar aire a los pulmones y se me dilatará el cráneo -ahora me oprime los sesos-. 

En definitiva, me quedan tres días para volar en Madrid y dos para conseguir una casa. JAJAJA Perdón, me río porque mi vida parece el día de la marmota: de nuevo tengo que hacer nueve maletas. 

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