"Estados Unidos estudia ampliar los visados para trabajadores
temporales. El nuevo visado permitiría a los inmigrantes trabajar en el país y,
al cabo de un año, solicitar un permiso para permanecer de manera legal dentro
de sus fronteras". (El País, 31 de marzo 2013).
Vaya, yo me quedo fuera. En este momento mi visado me
permite “vivir” en Estados Unidos durante cinco años. Vivir sin trabajar -ya me
contaréis qué expectativas de vida puede uno tener si no le permiten trabajar-. La buena noticia es que el viernes pasado inicié los trámites para
conseguir el permiso de trabajo y no parece vaya a tener problemas para que me lo
concedan, solo es cuestión de tiempo. De tiempo y de paciencia, claro. Paciencia en su más amplio sentido y en su mayor campo de influencia. Paciencia con todo y con todos. Otro cantar es la “residencia permanente”. Para eso hay que rellenar
otros formularios; y cruzar los dedos; y
rezar tres oraciones; y encender unas velas; y hacer la bandera con un triquini; y tener una padrino. O ser
trabajador temporal, claro. Lo dicho, estoy fuera.
Hoy es domingo de Pascua para los católicos y para los
supermercados y centros comerciales de Miami. Lo que lees. Durante la Semana
Santa no he visto ni un mínimo detalle o gesto que me haya hecho recordar que
estaba en esa santa semana. Ni procesiones, ni torrijas, ni ausencia de carne
en los menús, ni iglesias atiborradas, ni niños vestidos de domingo, nada.
Por no ver, no he visto ni una de esas “operaciones salida”
de tráfico que tanto gusta a los informativos españoles. Abren los telediarios
con la “operación salida” y nos llenan la cabeza de datos: número de desplazamientos por carretera,
vuelos cancelados de Iberia, carreteras con retenciones, subidas del
combustible, ocupación hotelera, etc., etc. Según va terminando la operación
salida, nos cuentan el número de accidentes y el número de víctimas y nos las
comparan con el mismo período del año anterior. Termina la Semana Santa y lo
mismo ocurre pero con la “operación retorno”.
Pues bien, como os decía, ni jueves santo, ni viernes, ni arbolito que
te cobije. Nada. Por no tener, no tienen ni vacaciones. Durante estos días de
oración y de recogimiento católico aquí no se modifica nada: se trabaja, se va al cole, se come carne, se TODO. Quizá -por decir algo-, hemos
recibido a más turistas de lo normal, pero nada grave. Miami vive de vacaciones
todo el año.
Con este panorama es comprensible que a mí se me haya
ocurrido dejar para el domingo por la tarde el ir al supermercado. Cuatro
cositas para comprar: las cuatro cositas básicas para hacer la cena de mañana.
Vienen invitados. Bueno, venían. No he conseguido las cuatro cositas básicas.
Hoy, domingo de Pascua –parece que hoy sí es Semana Santa-, los supermercados y
los centros comerciales cierran. Hoy los 7-Eleven han hecho su agosto. Hoy he
decidido que mañana, se cena fuera.