Avión Caracas-Miami.
American Airlines.
Hora llegada prevista: 6:15pm
Hora de aterrizaje: 6:15pm
6:45 pm los pasajeros continúan subidos en el avión: la manga del avión no engancha.
6:50 pm: informan que hay que esperar a "mantenimiento" para arreglar el desaguisado.
Yo no estoy en el avión; yo estoy esperando al del avión.
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Edificio Akoya, Miami Beach
Asociación- Mi apartamento.
Llamada de mujer de la Asociación.
Tema: cambio de azulejos de baño.
Petición: ir a elegir el tipo de azulejo.
He ido esta mañana a la Asociación a elegir modelo: uno de tres. He conseguido informarme sobre el tema: no saben cuándo será el cambio, no saben a qué baño corresponde el cambio, no saben cuánto tiempo tomará la "obra", no saben cuántos azulejos cambiarán. Hoy solo tocaba elegir modelo de azulejo. Ya me llamarán.
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Párking-Edificio Akoya.
2am. Vuelta a casa de una cena.
Un coche ajeno está en mi plaza de garaje, la de la segunda planta.
Front desk: me quejo.
Situación: pinta que la solución se va a demorar y hay sueño. Mientras lo arreglan y no lo arreglan aparco en la sexta planta: tengo otra plaza de parking.
El edificio Akoya está cosido a cámaras de seguridad. En la entrada del edificio, en la calle, hay una "garita" con tipos que controlan lo que pasa por ahí. Para entrar en el párking, desde la calle, cada propietario tiene un mando. Uno entra con su coche en el párking, abre con un mando la puerta, sube a su planta y deja su coche. Las normas del edificio -o sea, de la Asociación-, te obligan a dejar en el salpicadero del coche un sticker personal e intransferible. Para entrar en el edificio desde el párking necesitas otro mando; y una llave; y hay cámaras. Y para conseguir todos estos mandos, stickers, llaves y leches me han mareado un mes: que si lo tiene que autorizar el dueño, que si este sistema de seguridad necesita la aprobación de patatín, de patatán. Y pasta, mucha pasta. ¿Para qué? Para que un quien sabe quién aparque en mi plaza de garaje y estos ni se enteren.
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Aeropuerto Miami.
Control de Pasaportes.
Lunes: miles de personas haciendo cola.
Martes: miles de miles.
Miércoles: Miles de miles de miles.
Jueves: un huevo de gente.
Viernes: dos huevos.
Sábado: una barbaridad.
Domingo: más de lo mismo.
Salir del aeropuerto de Miami es una suplicio. Da igual el día de la semana, da igual la hora del día. Si no te retienen por cualquier memez, no dejes de calcular entre dos y tres horas salir de ahí. Las colas, los largos pasillos, los innumerables controles, el enorme número de personas que tienen como lugar de destino Miami, la obligación de pasar por migraciones toda persona y recoger el equipaje -aunque esta ciudad no sea su destino final- forman parte del mundo "miaminero".
Y el calor.
Y los cinco dólares que te cobran por un carrito para transportar las maletas.
Mi última vez fueron alrededor de cuatro horas: a todo lo anterior le sumamos una revisión exhaustiva de mi equipaje.
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