Faltan horas. Lo confesaré: es mi cumple. Mañana, sí, el 5. Sí, como el de González; Felipe, digo. Pero también como el de Enrique II -rey inglés entre 1154 y 1189-; el de Dora Marsden, escritora inglesa; el de Joaquín Calvo Sotelo, dramaturgo y académico español; o el de la actriz estadounidense Eva Mendes.
Y lo más doloroso: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce... así hasta los 38 que me tocan este año. Y la víspera ha transcurrido como viene siendo habitual desde hace meses, accidentada. Más de lo mismo: cerrajeros que llegan tarde; electricista que me desmonta mil enchufes para encontrar la avería; puerta del balcón que decide quedarse abierta en un día de viento y frio aquí en Miami. Pero con final feliz: luces arregladas, llaves en mi poder y puerta cerrada.
Desde hace dos horas que no se rompe nada. Yo ni me muevo. Me quedo quietecita en mi rincón, por si las moscas. Sin hacer ruido. Sin pensar en alto. Sin más pretensión que la de llegar a mañana tal y como estoy ahora, tranquila; relajada.
Y parece que toca hacerse propósitos y esos rollos. Hombre, el ambiente lo pide. En mi despachito solo una luz rompe la oscuridad; la entrada, el salón, la cocina se iluminan con velas. Escucho de fondo el ruido del mar y del viento. Y el sonido de las teclas al pasar por debajo de mis dedos. Muy de relato. Muy de comienzo de algo. Uhmmm...algo hay. Algo te ronda morena. "Algo" que no termina de concretarse, pero que lo tienes en la punta de la nariz. Sí, de la nariz porque la lengua está muy vista.
Y como todo en esta vida, este ambiente de ensueño se rompe. Ha llegado mi armario. Sí, ese que no era para mí. Ese que no pudo subir porque no se me ocurrió reservar el "elevador". Ha entrado a casa de estranjis. De nuevo tengo cajas por todas partes; de nuevo, otra cosa que montar. Aprovecho que tengo las manos llenas de heriditas y las uñas rotas y lo monto mañana. Y termino. Ah, y de paso, celebro mi cumple.
¿Cómo? Con una vela. Y yo. Y mi marido Y rápido, que al día siguiente mi compañero de habitación coge un avión a las seis de la mañana.
Se repite la historia de los últimos cumpleaños. El 5 es un día "centro de diana": miles de tareas se clavan en el centro. Y para quien diga, ¡pero se va el 6! Bueno, nací a las 00:00 -según cuenta la leyenda-, y a mi madre le dieron a elgir entre el 5 y el 6. Y eligió el 5. Así que técnicamente nací los dos días. Y los dos días están, un año más, complicados.
Moraleja: celebra todos los días que estas viva; no te conformes solo con tu cumpleaños.
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