martes, 30 de abril de 2013

¡SEÑOR, SÍ SEÑOR!

Acabo de ver un panfleto en el suelo. Alguien lo ha colado por debajo de la puerta de mi casa.  Es de color mostaza. Es "la revista del mes" del edificio. 

Vaya, si que se lo curran.


Nuevas normas y "consejos" para los residentes del edificio:

  • Restringen el uso de ascensores para mudanza -o subida/bajada de objetos de gran volumen que requieran del permiso de la Asociación-, a días laborales de tal  a tal hora de la tarde.
  • Recuerdan que hay que reservar el elevador -previo depósito de 750 dólares-,   y anuncian que, a partir de ya, deberemos avisar de este uso "atípico"con siete días de antelación. 
Cada vez más fácil el temita (...)

  • Ahora me "aconsejan" sobre cómo fregar el balcón. 
Resulta que después de sufrir dos semanas de lluvias torrenciales -y las que nos quedan-,  el problema  es que a la vecina de abajo le molesta las gotitas de agua que le caen de la vecina de arriba cuando,  esta, limpia su balcón. Vaya, vaya. Y para que esta situación no se repita, nos ofrecen unos truquitos : cómo lograr que no gotee tu terraza.

Uhmmm (...)

  • Paso la página y me adoctrinan sobre el reciclado de basuras. 
  • Luego me riñen porque dejo mi mando a gente que no es del edifico... y eso "atenta a la seguridad" de mis vecinos.
  • Luego...

Paro de leer.

¡Por favor! ¡Esto es peor que la mili!


Me voy a dormir antes de que toquen diana o se me pase el turno y tenga que ir de empalmada.



lunes, 29 de abril de 2013

¡ARRIBA LOS BRAZOS!

Diciembre, enero, febrero, marzo y abril.
Publix, Costco, WallGreens, Walmart, Winn Dixie...

Cinco meses y recuerdo, al menos, haber recorrido cinco grandes supermercados para encontrar un desodorante de mujer. Uno que no sea de barra. Uno que no huela a ambientador de baño. Uno que no sea de hombre. Todos los intentos, fallidos.

Mientras busco y no encuentro utilizo el de mi marido, Axe; no me persiguen mujeres para devorarme, pero cumple con lo básico: no oler a tigre. 

Te entiendo, yo tampoco me lo creo, ¿cómo puede ser que no encuentre un Dove, un Nivea, un  Rexona (no te abandona), un algo en todo Miami???!!!! ¿Dónde está la mujer de Fa? ¿Cómo combate esta gente el olor a humanidad?? -bien es cierto que a veces juraría que, simplemente, no lo combaten-. Al principio creí que eran mis ojos los que no sabían ver y me paseaba una y otra vez por el mismo pasillo; lo hacía con confianza, con la seguridad del que espera encontrar paja en un pajar o agua en el mar. Visité varios supermercados, perfumerías y nada, en la sección femenina solo desodorantes de barra marca "la pava". Y yo odio los desodorantes de barra. 

Más tarde, le pedí a los ojos de mi marido que buscaran conmigo, por eso de que "cuatro ojos ven mejor que dos". Aceptó la propuesta y volvimos a hacer el mismo recorrido: Publix, Walmart (...). Nada. Ni rastro. 

No bajo los brazos (jajajaj, nunca mejor dicho), y sigo en la búsqueda de mi desodorante. Utilizo Axe y maquino el plan "B": en mi próximo viaje a España llenaré mi maleta de ¿jamón ibérico?, ¿aceite de oliva?, ¿gominolas ricas?... No, no lo creo. Vendrá "cargaita" de eso que una se pone debajo de los sobaquines al salir de la ducha...¡joe! ¡¡¡Un simple desodorante!!!!!!

martes, 23 de abril de 2013

EL PISO TIENE DOS HABITACIONES, DOS BAÑOS Y UNA ABUELA

En unos días cumplimos tres meses. Noventa días en el piso de la playa. 

Miami Beach es un lugar para visitar, para disfrutar (...); para ir y no quedarse. Para gusto los colores, dirán algunos -y no les quito razón-; y mis gustos me dicen que los colores de esta parte de Flórida no están dentro de mi lista de favoritos. 

Lo mejor de este lugar: la playa, el club de remo y... ya. Sobre lo peor es difícil hablar. No hay nada "malo", no hay nada por lo que salir corriendo, no hay nada que justifique de manera objetiva que uno no pueda vivir, felizmente, en esta zona. Lo dicho, para gustos un caja de Carioca. ¿A dónde quiero llegar? La familia Vilar-Marchese inicia una nueva búsqueda de casa. 

La semana pasada contactamos con nuestro amado y querido realtor para que se pusiera manos a la obra. Objetivo: volver a rastrear la zona de Brickell. Refresco memoria: cuando llegué a Miami -allá por diciembre-, me alojé en una apartamento que estaba en Brickell. Por los mil y un contratiempos que surgieron en esa primera búsqueda decidimos, in extremis, virar la dirección; de esta manera fue como terminamos mirando al mar desde un piso once de un bonito edificio. Han pasado tres meses y el día a día nos ha confirmado que debemos volver a los orígenes. 

Ayer fue nuestra primera jornada de visitas: cinco pisos. Necesito ordenar mis ideas. Bien, ya. 

"Somos diferentes" es la conclusión a la que he llegado tras lo visto ayer. En esta segunda vuelta de búsqueda de casa he decidido dirigir todos mis comentarios hacia mi persona -¡vaya!, qué expresión "pantojera" me ha salido-, es decir, que la acción, los adjetivos, las rarezas, todo recaiga sobre mí. Es la única manera de entender lo que veo. 

Nunca he sido agente inmobiliario, pero sí he enseñado mi casa para venderla o para alquilarla. En cualquiera de las dos situaciones mi comportamiento ha sido el mismo. Fuera o no fuera mi casa, me viniera mejor o peor, siempre, y digo siempre, los potenciales inquilinos o compradores se han encontrado un apartamento limpio, ordenado, fresco, con buenos olores e iluminado. Jamás me permitiría que no fuera así. Pues bien, esto que para mí es "de ley", para muchos otros es ciencia ficción. Y ayer conocí a parte de esos "muchos otros". ¿Qué es "ciencia ficción" para ellos? Algo que tiene que ver con:

Airear la casa.- Mi mamá abre todas las ventanas a primera hora de la mañana. ¡Mamá hace frio! ¡Mamá me estoy cambiando! Mamá, ¿no puedes esperar a que salga de la ducha? Nunca, alguna de estas situaciones le ha hecho temblar el pulso a la jefa: toca airear y se airea. 

Tras lo que olí ayer, puedo asegurar que ninguno tuvo una mamá tan implacable como la mía. 

Hacer un buen uso del cesto de la ropa sucia.- De nuevo mi mamá entra en escena: ¡la ropa sucia al cubo de la ropa sucia Pepe! (en mi casa "cubo" es cesto y Pepe es mi padre). Yo llego a casa, me cambio, cuelgo la ropa, guardo zapatos, me pongo el pijama y la ropa sucia la llevo al cubo; ¡no cuesta nada! -nos decía mi querida madre. Y ese no "cuesta nada" traducido al español de la calle quire decir: ¡hazlo!

Si al olor nauseabundo de ayer, le sumamos que soy capaz de describir la ropa interior y los calcetines de los que vivían en las casas que vi, la conclusión es obvia: a ellos sí les cuesta algo usar el "cubo" y, por eso, deciden dejar su ropa en el mismo sitio donde se la quitan (habitación, baño, pasillo o salón). 

Limpiar.- En su más amplio sentido: limpiar cristales, limpiar suelos, limpiar el polvo, limpiar la vajilla, (...). 


¿Quién puede concentrarse en las características de la vivienda con semejante ramillete de cochinadas? ¿Quién puede no salir corriendo? ¿Quién es capaz de no sentir vergüenza ajena? ¿Quién es capaz de mantener una expresión facial inocua mientras el dueño de la casa cuenta las virtudes de su propiedad, si unos calzoncillos descansan en la lámpara del salón? Yo, no.

Al final de la tarde, cuando pensaba que ya estaba curada de espantos, una nueva situación me dejó descolocada: la abuela y los no zapatos.

¡Din-Don!
¡Adelante! -grita una señora desde dentro de la casa. Una niña abre la puerta.
Hola
Hola, ¿a qué vienen?
A ver la casa - ¿¿a qué si no??
Ah, pasen.

La señora habla por teléfono y nos saluda con los ojos. La señora no ha entendido el concepto "teléfono" y cree que para que le escuchen en Venezuela debe gritar hasta dejarse las amígdalas en el intento de hacerse escuchar. En la casa hay olor a cerrado,  a guiso de coliflor y a moqueta podrida. 

La casa tiene dos habitaciones y dos baños -nos informa la niña.

Yo todavía no soy capaz de asimilar lo que mi nariz olfatea, lo que mis oídos escuchan y lo que mis ojos ven,  y solo alcanzo a decir Ah.

Tenemos una abuela; para entrar a las habitaciones
necesito que se quiten los zapatos -nos indica la niña. 

Abducida por el ambiente, me inclino para quitarme mi sandalia. Mi mano llega al talón y ahí reacciono, ¡ni de coña piso yo esta moqueta con los pies descalzos! Olvido la idea, devuelvo el pie al suelo y me incorporo. Yo no entro -le susurro a mi marido-, si quieres ve tú. Mi valiente marido se queda en calcetines y entra a la habitación donde "tienen una abuela". El olor se intensifica en esa zona: se hace más espeso, más húmedo, más sucio. Tarda segundos en salir y entra en la otra. 

Mientras, yo me quedo de pie en medio del salón: la señora continua aullando al teléfono y el olor a puchero se acentúa. El salón tiene una decoración curiosa: cinco cuadros de enormes dimensiones están apoyados en las paredes de esta sala. Parece que esperan a que alguien los cuelgue. O, quizá, la señora que aúlla es pintora y son sus últimas creaciones; o antes vivía en una casa con grandes paredes y, ahora -en este cuchitril-, no tiene donde colgarlos. Colores vivos y formas abstractas. En una de las esquinas veo una tabla de planchar abierta; ropa apilada en el sofá; restos de lo que debió ser el desayuno en la mesa del comedor; y un sillón cubierto por sábana amarillenta. Pensaba yo en el por qué de ese color amarillo de la sábana cuando alguien me tira del brazo: vámonos

Adios, gracias -digo.
Adios, gracias -dice mi marido.
Adios, gracias -dice la niña.
Adios - dicen los ojos de la señora que grita al teléfono

¿Por qué el "tener una abuela" obliga a descalzarse para entrar en las habitaciones? ¿Porque aúlla la señora? ¿Por qué ese color amarillo hospital de la sábana? ¿Por qué cocinan coliflor existiendo la patata?  Y, por cierto, ¿cómo era el piso? Uhmmm... no me fijé, es que soy "rara".




sábado, 20 de abril de 2013

ARMS, BODY, LEGS...ROW!!!!!!

Segundo fin de semana del curso de remo. Hoy hemos ido al canal ni bien hemos llegado al club. Un ratito en el gym para calentar y ¡zas! al agua patos. 

Al margen de la técnica, de no chocarte con los otros que reman por el canal, de evitar que las lanchas te pasen por encima y de no dar un remazo a una iguana, cuatro recomendaciones:
  • Embadurnarte de protector solar. Cualquier centímetro que dejes al aire queda achicharrado después de dos horas remando. 
  • Olvidarte de si te queda bien o mal: ponte gorra. Evita que el pelo te moleste y te protege la cara del dichoso sol.
  • Utilizar guantes. Yo llevo los que utilizaba en el gym. Son necesarios por dos tres razones: protegen tus palmas de las manos de manera que no te salgan callos. Protege tus nudillos de los golpes que te das con los remos. Y, por último, ayuda a que no se te resbalen las manos por el remo; después una hora remando, las manos te sudan y pierdes la posición de agarre.
  • Llevar ropa que te guste mucho como te deja la marca. Me explico. O vas en bolas, o te aguantas la marca de la camiseta, del short, de las zapas, del reloj... De nuevo el sol. Pero este vez se convierte en un dibujante. Yo conservo las marcas de la semana pasada y las de hoy. De momento, la mejor opción es llevar camiseta de tirantes y mini shorts. Con los pies... pues no me animo a ir descalza, pero, quién sabe, todo llegará. 

Consejos que están testados. O sea, que los doy porque he sufrido las consecuencias de no tenerlos en cuenta. Así que no los truquitos de la abuela,  ni eso que he escuchado a alguien que pasaba por ahí. 

Todavía no protagonizo una escena bucólica de esas en las que un solitario y apuesto joven rema en soledad por el rio, mientras el sol cae y las gaviotas planean a baja altura. El joven rema acariciando el agua y en cada "remada" (?¿?¿) avanza cien metros. Mira al horizonte, piensa en sus cosas y no pierde ni su verticalidad, ni su dirección. 

No, mi escena es mucho más "divertida". El sol no cae, el sol se coloca encima de tu cabezota y te persigue allá donde vas. Lo único que se escucha es al monitor gritando row with the left!, be careful with your back!, go to dock!!!!! No acaricias, pegas bofetadas al agua hasta que consigues que la pala entre "square" y salga en posición "feather" -con un ligero movimiento de muñecas vas consiguiendo que el remo cambio de posición. Es como la tierra: rotas y trasladas con los remos-. ¿Verticalidad??? Ni bien consigues que el bote adopte la posición deseada, llega una lancha y te genera tal oleaje que te pone mirando a la Meca. Hacia el sur por la derecha, hacia el norte por la izquierda, te gritan desde el muelle. Sí, sí ya voy, solo tengo que lograr que el barquito vaya donde yo quiero que vaya....argggg!!! 

Y por fin, por fin, remas. Suave, recto, por el lado que debes...¡lo conseguiste! Y toca la campana y hay que volver al muelle y "aparcar" el bote. Cinco botes largos como un spaguetti "corren" hacia el muelle para no tener que hacer maniobra. Yo, que siempre me pilla este momento en las quintas porras, me pongo a remar como una loca y se me olvida toda la técnica, todo los movimientos y todo lo que me llevan gritando hace horas los profes. Cuando me doy cuenta de que llevo remando varios minutos y no he hecho más que dar vueltas, paro, respiro y grito ¡vamos Patri: arms, back (body), legs y row!!!! Y todo fluye.

Lo que viene después es más rollo, pero cuando estás empezando, incluso eso, te divierte: sacar los botes del agua (antes les quitas los remos), llevarlos a una plataforma para lavarlos, guardarlos, etc, etc., etc. Y...that´s it!!!! Mañana, más.


viernes, 12 de abril de 2013

ODIO LA PESCADILLA. PREFIERO AL CAMARÓN

Hoy

12 abr

Mañana

13 abr

Domingo

14 abr

Lunes

15 abr

Martes

16 abr

Miércoles

17 abr

Jueves

18 abr

Viernes

19 abr

Sábado

20 abr

Domingo

21 abr

Lunes

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Martes

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Miércoles

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Sureste 28 km/h
Sureste 18 km/h
Sureste 24 km/h
Sureste 22 km/h
Este 24 km/h
Sureste 24 km/h
Sureste 22 km/h
Suroeste 24 km/h
Noroeste 20 km/h
Nordeste 23 km/h
Nordeste 31 km/h
Nordeste 31 km/h
Nordeste 41 km/h
Nordeste 33 km/h
Nordeste 23 km/h
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Fase lunar21:02
07:19
100.00%
CLIMA+NO COCHE+NO OBLIGACIÓN EN EL EXTERIOR= LOCURA. 

Esto es Miami Beach.
Y esto es mi vida en los últimos tres días. 

Salgo a correr a las 7:13 am y el calor ya es insoportable. Plantearse adelantar el horario no tiene mucho sentido: hace el mismo calor, no ha amanecido y el madrugón te tiene arrastrado todo el día.

Hoy me han entretenido y ya tengo 25 grados y un bochorno aplastador. No salgo a correr. Ir al gym del edificio es una alternativa, pero volvemos a no salir de estar cuatro paredes. Eso mata la cabeza de cualquiera.


Odio las palomas que todos los días paran en mi balcón. En realidad odio a las palomas de mi balcón, a las de la plaza del Pilar de Zaragoza, a las que vuelan por el cielo de Buenos Aires (…) A todas. Las veo y pienso: carroña. Y no puedo controlar el pensamiento. 
Y las imágenes de basura, carne podrida, cuerpos descompuestos y mascarillas, aparecen.

Dios, parezco uno de esos viejos cascarrabias que se pasan el día dando voces 
a los críos para que no respiren. Segundos hasta llegar aquí y ya me he levantado 
dos veces para echar a cinco palomas.

Los tres factores que forman la "locura" están en proceso de cambio, pero mientras se cambian y no se cambian uno tiene que jugar con su mente y bloquear cualquier instinto animal que le provoca este "encierro". ¿Exagero? Quizá. Casi 72 horas con monólogo interior y viviendo una realidad virtual hace estragos en cualquier mente que se precie. 

Sobre el clima no tengo ningún chance: es lo que hay. El aire acondicionando se vuelve un amigo inseparable y, de nuevo, vives una realidad ficticia: mientras en casa andas con una "chaquetita" para combatir los efectos de ese aire que nunca te da tregua -en los edificios te prohiben apagarlo y no hay una temperatura "ideal"; o te asas o te congelas-, fuera, en la calle el ambiente roza la asfixia. ¿Resultado? Sin coche y sin obligación en el exterior optas por el encierro voluntario. 

Como segundo factor tenemos "NO COCHE". No descubro nada si vuelvo a insistir en esta idea: al cruzar el charco firmé la transformación de mis extremidades inferiores. Piernas por ruedas. En el planning familiar rezaba que esta semana poníamos solución a este "problema". La cosa ya está en proceso: el modelo ya está elegido, el precio y la forma de pago, también. ¿Qué ha ocurrido? Factores externos. 

Y llegamos al último, "NO OBLIGACIÓN EN EL EXTERIOR". Y aquí aparece la pescadilla que se muerde la cola: el clima (y las grandes distancias) "obliga" a que te muevas en coche para llevar a cabo cualquier "obligación en el exterior" (placentera o no). Si no tienes ruedas es casi imposible plantearte nada. Además, este factor tiene otras características interesantes: no tengo permiso de trabajo. Todavía. Al menos tengo que esperar tres meses (...). ¿Actividades que no sean trabajo? ¡Pues claro que hay mil! Y alguna de esas mil la tengo en mi retina. Pero la cola de la pescadilla se me ha metido en la garganta y, ya sabes, asfixia. 

Y hasta aquí lo controlado. Sí. En realidad he abierto el ojo para contar que llevo varios días hablando con los actores de los vídeos en inglés que veo, con los actores de las pelis que escucho, y con mi yo interior -que está hasta las pelotas de aguantarme-. Que esta tediosa situación me vuelve gris -ya sabemos todo lo que eso significa en Patricia-, y que hoy, encima, no he podido salir a correr.