lunes, 1 de abril de 2013

HACIENDO AMIGOS


Odio leer pensamientos de quinceañeras sin ninguna gracia en boca de mujeres que pasan de los cuarenta.

Hoy ha sido un lunes feo. Los cambios de planes ajenos de último momento, la tormenta, los pequeños accidentes domésticos y un encuentro fortuito con blogs que me irritan y me deprimen al mismo tiempo han terminado por fastidiarme el día.

Es peligroso que yo -bloggera amateur, incipiente periodista y aspirante a escritora-, tenga la osadía de criticar lo que escriben otros a los que, quizá, también les ha dado por pensar que aportan algo a la humanidad con sus escritos enlatados, llenos de lugares comunes. Stop, me corrijo. Yo tengo muy claro que no escribo con la intención de aportar nada a nadie. Ni con la vanidad del que ama a sus oídos sobre todas las cosas. Ni con la convicción de que lo que escribo va a parar a alguna parte.  Escribo porque lo necesito, porque me hace sentir bien, porque aspiro a encontrar lo que busco y porque confío encontrarlo a través de las letras o, quizá, a través de alguno de vosotros. Y escribo y no me gusta; y escribo y lo dejo; y escribo y lo borro; y escribo y dudo.

Dicho esto y bajo el paraguas “no busco otra cosa que mi propio camino”, que me protege y que me hace de colchoncito, repito: detesto leer que llegar a los cuarenta es el tema que más preocupa a las mujeres, y que me incluyan “truquitos” para combatir esas primeras arrugas –encima de simple, mentirosa: a los cuarenta las arruguitas ya van con chicos y beben copas-. Me colapsa descubrir que este tipo cosas inundas blogs, que los escriben sin ningún tipo de gracia, y que los redactan con el ingenio de una niña de nueve años que empieza a descubrir el mundo de los “chicos”. 

Este párrafo que copio a continuación no tiene desperdicio: refleja y conjuga a la perfección todo lo que más detesto en la escritura, en la expresión, en la temática…¡en la vida!
"Estaréis de acuerdo conmigo en que eso de cumplir años se convierte en una gincana contrarreloj. Vamos que el  día antes de cumplir 40, te metes en la cama acojonada pensando (...) si parecerás la abuela de la Fabada. Y no me extraña (...) endiablado numero te empiezas a fijar en los anuncios de cremas,…… joder (…). Eh! Tú!  Si…si,  es a ti, soy el fantasma de tus años, (…)".
No cito la fuente pero sí señalo que, pese a haber omitido alguna que otra frase, el tema no se pierde.  Además, lo dejo con sus expresiones infanticidas, sus faltas, sus “chascarrillos” y sus ingeniosos y nunca vistos guiños al lector. Una joyita. No, no estoy de acuerdo contigo -me dan ganas de decirle ni bien comienzo a leer-, no, no me meto en la cama “acojonada”, ni sé lo que significa un “numero endiablado” –y odio que no le pongas acento-.
****
Pido disculpas a las autoras/es-lectoras/es que se sientan agredidas con mis comentarios y asumo que mis "batallitas" admiten millones de calificativos. Pero ¿a quién va dirigido este tipo de "escritura"? ¿De verdad que somos tan simples? ¿De verdad que los cuarenta, las cremas y las arrugas dan para tanto? 


No hay comentarios:

Publicar un comentario