Odio
leer pensamientos de quinceañeras sin ninguna gracia en boca de mujeres que
pasan de los cuarenta.
Hoy
ha sido un lunes feo. Los cambios de planes ajenos de último momento, la
tormenta, los pequeños accidentes domésticos y un encuentro fortuito con blogs
que me irritan y me deprimen al mismo tiempo han terminado por fastidiarme el
día.
Es
peligroso que yo -bloggera amateur, incipiente periodista y aspirante a escritora-, tenga la osadía de criticar lo que
escriben otros a los que, quizá, también
les ha dado por pensar que aportan algo a la humanidad con sus escritos
enlatados, llenos de lugares comunes. Stop,
me corrijo. Yo tengo muy claro que no escribo con la intención de aportar nada
a nadie. Ni con la vanidad del que ama a sus oídos sobre todas las cosas. Ni
con la convicción de que lo que escribo va a parar a alguna parte. Escribo porque lo necesito, porque me hace
sentir bien, porque aspiro a encontrar lo que busco y porque confío encontrarlo
a través de las letras o, quizá, a través de alguno de vosotros. Y escribo y no
me gusta; y escribo y lo dejo; y escribo y lo borro; y escribo y dudo.
Dicho
esto y bajo el paraguas “no busco otra cosa que mi propio camino”, que me
protege y que me hace de colchoncito, repito: detesto leer que llegar a los
cuarenta es el tema que más preocupa a las mujeres, y que me incluyan
“truquitos” para combatir esas primeras arrugas –encima de simple, mentirosa: a
los cuarenta las arruguitas ya van con chicos y beben copas-. Me colapsa
descubrir que este tipo cosas inundas blogs, que los escriben sin ningún tipo
de gracia, y que los redactan con el ingenio de una niña de nueve años que
empieza a descubrir el mundo de los “chicos”.
Este
párrafo que copio a continuación no tiene desperdicio: refleja y conjuga a la
perfección todo lo que más detesto en la escritura, en la expresión, en la
temática…¡en la vida!
"Estaréis de acuerdo conmigo en que eso de cumplir años se convierte en una gincana contrarreloj. Vamos que el día antes de cumplir 40, te metes en la cama acojonada pensando (...) si parecerás la abuela de la Fabada. Y no me extraña (...) endiablado numero te empiezas a fijar en los anuncios de cremas,…… joder (…). Eh! Tú! Si…si, es a ti, soy el fantasma de tus años, (…)".
No
cito la fuente pero sí señalo que, pese a haber omitido alguna
que otra frase, el tema no se pierde. Además, lo dejo con sus expresiones infanticidas, sus faltas, sus
“chascarrillos” y sus ingeniosos y nunca vistos guiños al lector. Una joyita. No, no estoy
de acuerdo contigo -me dan ganas de decirle ni bien comienzo a leer-, no, no me
meto en la cama “acojonada”, ni sé lo que significa un “numero endiablado” –y
odio que no le pongas acento-.
Pido
disculpas a las autoras/es-lectoras/es que se sientan agredidas con mis comentarios y asumo que
mis "batallitas" admiten millones de calificativos. Pero ¿a quién va dirigido
este tipo de "escritura"? ¿De verdad que somos tan simples? ¿De verdad que los cuarenta, las cremas y las arrugas dan para tanto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario