CLIMA+NO COCHE+NO OBLIGACIÓN EN EL EXTERIOR= LOCURA.
Esto es Miami Beach.
Y esto es mi vida en los últimos tres días.
Salgo a correr a las 7:13 am y el calor ya es insoportable. Plantearse adelantar el horario no tiene mucho sentido: hace el mismo calor, no ha amanecido y el madrugón te tiene arrastrado todo el día.
Hoy me han entretenido y ya tengo 25 grados y un bochorno aplastador. No salgo a correr. Ir al gym del edificio es una alternativa, pero volvemos a no salir de estar cuatro paredes. Eso mata la cabeza de cualquiera.
Odio
las palomas que todos los días paran en mi balcón. En realidad odio a las
palomas de mi balcón, a las de la plaza del Pilar de Zaragoza, a las que vuelan
por el cielo de Buenos Aires (…) A todas. Las veo y pienso: carroña. Y no
puedo controlar el pensamiento.
Y las imágenes de basura, carne podrida,
cuerpos descompuestos y mascarillas, aparecen.
Dios,
parezco uno de esos viejos cascarrabias que se pasan el día dando voces
a los críos
para que no respiren. Segundos hasta llegar aquí y ya me he levantado
dos veces para echar a cinco palomas.
Los tres factores que forman la "locura" están en proceso de cambio, pero mientras se cambian y no se cambian uno tiene que jugar con su mente y bloquear cualquier instinto animal que le provoca este "encierro". ¿Exagero? Quizá. Casi 72 horas con monólogo interior y viviendo una realidad virtual hace estragos en cualquier mente que se precie.
Sobre el clima no tengo ningún chance: es lo que hay. El aire acondicionando se vuelve un amigo inseparable y, de nuevo, vives una realidad ficticia: mientras en casa andas con una "chaquetita" para combatir los efectos de ese aire que nunca te da tregua -en los edificios te prohiben apagarlo y no hay una temperatura "ideal"; o te asas o te congelas-, fuera, en la calle el ambiente roza la asfixia. ¿Resultado? Sin coche y sin obligación en el exterior optas por el encierro voluntario.
Como segundo factor tenemos "NO COCHE". No descubro nada si vuelvo a insistir en esta idea: al cruzar el charco firmé la transformación de mis extremidades inferiores. Piernas por ruedas. En el planning familiar rezaba que esta semana poníamos solución a este "problema". La cosa ya está en proceso: el modelo ya está elegido, el precio y la forma de pago, también. ¿Qué ha ocurrido? Factores externos.
Y llegamos al último, "NO OBLIGACIÓN EN EL EXTERIOR". Y aquí aparece la pescadilla que se muerde la cola: el clima (y las grandes distancias) "obliga" a que te muevas en coche para llevar a cabo cualquier "obligación en el exterior" (placentera o no). Si no tienes ruedas es casi imposible plantearte nada. Además, este factor tiene otras características interesantes: no tengo permiso de trabajo. Todavía. Al menos tengo que esperar tres meses (...). ¿Actividades que no sean trabajo? ¡Pues claro que hay mil! Y alguna de esas mil la tengo en mi retina. Pero la cola de la pescadilla se me ha metido en la garganta y, ya sabes, asfixia.
Y hasta aquí lo controlado. Sí. En realidad he abierto el ojo para contar que llevo varios días hablando con los actores de los vídeos en inglés que veo, con los actores de las pelis que escucho, y con mi yo interior -que está hasta las pelotas de aguantarme-. Que esta tediosa situación me vuelve gris -ya sabemos todo lo que eso significa en Patricia-, y que hoy, encima, no he podido salir a correr.
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