Me derrito como un helado de vainilla fuera del congelador. Menudo calor. Echo de menos ese chorro de aire acondicionado que siempre me recibe al llegar a casa, al entrar en el súper, al ir de compras, al subir al coche... ¡quién lo diría!
Continúo en Madrid. Los planes iniciales me ubicaban, a estas alturas, en Miami, en casita, con el calor de mi familia de dos. Pero cuando de esos "dos" uno avisa que no va estar, pues la estampa de familia feliz se va al garete y cada uno debe de mirar por sus intereses: mejor quedarme en Madrid con los míos y no pisar casa y encontrarme con la nada.
Los exámenes que me trajeron a la capital ya han terminado; el domingo pasado (...). ¿Sobre qué quiero escribir en esta entrada? ¿Sobre el calor? ¿Mi retraso en volver a casa? ¿Mis exámenes? ¿La obra del baño de mi hermano que me ha regalado su compañía? ¿El corte de la línea de metro? ¿Los efectos de El Confidencial? ¿El volumen de la tele? ¿La visita del pintor?, ¿del albañil?, ¿del fontanero? ¿De no poder catar la piscina? ¿De "esa parte del manual está en los US? ¿De "que falsa es la gente que aprovecha el oído ajeno para cotillear como viejas porteras"?, -o viejos porteros, o jóvenes porteros y porteras... que ahora está todo el mundo muy sensible con eso del lenguaje y la discriminación-.
No, sobre todo esto no quiero ni pensar, porque hoy tengo, al menos, dos buenas noticias.
La primera: el jueves por la noche estoy invitada al tercer aniversario de una revista; en Madrid. Y lo mejor de todo es que me invita una compañera de la universidad. Y lo de la "universidad" ya es lo de menos -incluso, mejor no tenerlo ni en cuenta, por eso de no proyectar malos pensamientos sobre quién no se lo merece-, lo mejor de todo es que esta "compi", ya es amiga.
No nos hemos visto en persona todavía. Lo haremos el jueves. Y esto, me pone contenta. Y lo mejor: nos juntaremos varias artistas de la universidad para recibir el verano, y para reinos de esos malos ratos que la institución educativa nos regala. Eso sí, todo por el mismo precio; ojo, que no nos cobran más por -además de "regalarnos el título", según algún digital-, tocarnos día sí, día también las castañuelas a dos manos. Y esto es un detallazo. Lástima que solo me quede un año.
No nos hemos visto en persona todavía. Lo haremos el jueves. Y esto, me pone contenta. Y lo mejor: nos juntaremos varias artistas de la universidad para recibir el verano, y para reinos de esos malos ratos que la institución educativa nos regala. Eso sí, todo por el mismo precio; ojo, que no nos cobran más por -además de "regalarnos el título", según algún digital-, tocarnos día sí, día también las castañuelas a dos manos. Y esto es un detallazo. Lástima que solo me quede un año.
Pues bien, un encuentro que se insinúa la mar de atractivo. La segunda noticia: para después del verano tiene que haber nacido. Mi proyecto. El mío y el de mi amigodelalma. Ese que no me llama juntaletras, y que sí me llama escritora y mujerdedetrásdelabarrera. Ese que me presiona para que me tome en serio a mí misma; y ese que, por fin, también ha encontrado la motivación suficiente como para ponerse manos a la obra. Este, será nuestro verano -en octubre, hablaremos (...)-.
Y, ahora, a resolver el primer dilema: ¿qué me pongo para lo de la revista? Dichosa maleta llena de libros... Primera lección del día de hoy: siempre mete en la maleta un "por si las moscas" que lleve tacón y un buen escote. Lo siento cariño, no me queda otra, ¡me voy de rebajas!
No hay comentarios:
Publicar un comentario