Si leyésemos a los griegos, nos daríamos cuenta de que, ya desde el s.VIII a.C., el hombre necesitaba de un sistema de control que corrigiera los instintos dañinos que poseía y que, en la mayoría de los casos, dominaban su comportamiento.
Con los griegos descubrimos el concepto de "ciudadano" y conocimos la democracia: los ciudadanos votaban a sus dirigentes. Bien es cierto que nada es perfecto: ni las mujeres ni los esclavos eran considerados "ciudadanos" (lo de las mujeres viene de largo).
Con los amantes de lo bello y de las experiencias "extra-espirituales" -lo que viene a ser "estar colocado"-, se acuñó el término ostracismo. Maravilloso. Sistema por el que se votaba el destierro de un político. Como los griegos eran todo menos "hipócritas" y conocían y aceptaban la esencia humana sin photoshop y sin "sí, pero no tanto", idearon este sistema para evitar que una persona acumulara mucho poder y se aprovechara de él.
Acumulación de poder y aprovecharse del poder acumulado... ¡¡¿eso un problema?!!! Estos griegos estaban "fumaos". Uno acumula cuentas en Suiza, palacetes, yates, cargos políticos, papeles, sobres, cintas de vídeo, datos confidenciales, sueldos, regalos de boda, etc., etc., porque "hombre precavido vale por dos". Qué lastima que los helenos no nos hubieran conocido primero a nosotros, y no al revés, nosotros a ellos; mejor les hubiera ido.
Pero no vayamos a pensar que el ser humano de hoy desdeña todo lo heleno; no. Una cosa es pedirnos que evitemos "acumular" y otra, muy distinta, es que obviemos a los grandes y sabios griegos cuando hablan de sistemas políticos y de gestión del territorio del reino (país).
El hombre del s. XXI lo tiene claro: en contra de no acumular y a favor de cómo gobernar. En el caso del tema de acumular o no, nos olvidamos de las túnicas y arpas sonando; en el 2013, acudimos al refranero popular -siempre tan sabio y tan socorrido-. Y como el hombre-TIC es el hombre de los eufemismos -y maestro en la interpretación de la realidad y el lenguaje según le sople el viento-, a la acumulación le llamamos "ahorro". Y con este quiebre mental, para evitar el cargo de conciencia, buscamos refranes que nos guíen y nos hagan sentir que vamos por el buen camino. Leemos, entre otros:
"El hombre más rico de todos los hombres es el ahorrativo".
"Ahorrar no es solo guardar, sino saber gastar".
"No importa cuanto ganes, sino cuánto puedes ahorrar".
¡"Ahorremos"!- grita al unísono la masa. No acumulamos "poder", no. Nosotros lo ahorramos para ser ricos. Para poder y saber gastarlo después. Para siempre tener un "por si tengo que tirar de la manta".
Y seguimos pasando páginas del refranero. Y cuando llegamos a: "Aunque a todos les está permitido pensar, muchos se lo ahorran", lo cerramos de golpe. Solo dice "bobadas". Y los griegos, también. Y seguimos "ahorrando".
Pero ¡oh la lá!, ¡qué listos vuelven a ser los helenos! Las polis griegas eran INDEPENDIENTES en lo que ser refiere a: sistemas de gobierno, leyes, moneda y dioses. ¡Grandes!
En este punto, nos sentimos más griegos que nunca; mucho más abuela jroña que jroña del yogur griego Danone. Sentimos que nuestro árbol genealógico, muy en su origen, estuvo repleto de Platones, de Sócrates y de Aristóteles . Y nos sentimos muy sabios, muy bellos y muy inteligentes porque, como a ellos, a nosotros tampoco no nos gusta que nos digan cómo gobernar nuestra casa. Ni que nos digan lo que tenemos que hacer y cómo lo debemos hacer. Ni nos gusta la moneda cuando recorre el camino hacia afuera. Ni nos gusta un Dios que nos diga qué es el bien y qué es el mal; nosotros ya lo sabemos: el bien aquí, el mal allá. Y nos ponemos un chitón (túnica) con cuerda por la cintura y somos la mar de griegos.
Eso sí, a nuestra manera; con ese toque del hombre-TIC que tan bien nos ha hecho hasta ahora. ¡Qué sabrán estos griegos!
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