lunes, 15 de julio de 2013

PODRÌA, PERO NO QUIERO

Retomamos el ojo con ganas de ver. Sigue caído, pero, hoy,  con muchas manos amigas dispuestas a recogerlo. Buena señal.

Tras casi tres semanas en Madrid, volvemos a casa. La estancia en la capital española ha sido muy buena: superamos los exámenes de la Universidad, disfrutamos de parte de la familia, recordamos a qué sabe el jamón "del bueno" y, cómo no, aprovechamos para estar con los amigos.

Ya en Miami, el verano se presenta interesante; nos libramos por unos meses del tema universitario y nos centramos en otro tipo de objetivos: vacaciones, trabajo y amigos. Brasil, proyectos personales y visitas -esperadas e inesperadas-, formarán parte de mi universo por un rato. Veremos lo que sale de toda esta experiencia.

Hoy es lunes y comienza una semana que debería ser muy productiva. Arrancamos a medio gas, pero ya lo teníamos previsto: los lunes siempre son días de "tránsito". Y parece que las ideas no fluyen todo lo que una quisiera. Y los temas que tiene mi cabeza todavía huelen a Bárcenas y al bueno de Mariano.

Y si yo quisiera, podría escribir sobre la suerte que tenemos los españoles que, a estas alturas de la vida, seguimos aprendiendo nuevo vocabulario y engordando el libro de sinónimos gracias a nuestro políticos.

Y más afortunados nos sentimos aún, cuando comprobamos que, esos mismos políticos, piden hoy perdón por algo que -ayer e incluso también hoy-, aseguraban no tener culpa. Pero son tan buenos y generosos estos, nuestros políticos, que regalan perdones al Gobierno boliviano por la crisis internacional que se creó por el incidente del avión del presidente Morales sin, según ellos, tener culpa alguna. ¡Qué Gobierno generoso el nuestro!

(Si yo quisiera escribir, pero no quiero)

Y el júbilo se me sale por las orejas cuando escucho al bueno de Mariano prometer ser fiel a su compromiso, y condenarnos a todos los españoles a ver cómo termina su legislatura. Eso sí que es darlo todo por la patria.

(No, no quiero)

Y el éxtasis explota en mis narices cuando constato que -¡inglés no hablarán!-, nuestros políticos manejan las nuevas tecnologías como chicos de quince: mensajito pa´ca, mensajito pa´llá.

(Todo esto, claro,  si yo quisiera escribir sobre estos temas; pero ya te digo yo que no quiero). 

Pero si yo quisiera -que no quiero-, cantaría "qué buenos son que nos llevan de excursión". Pero, insisto,  no quiero. Pero si quisiera, también les entonaría una de Parchís, por eso de me la como y vuelvo a tirar.

(Pero, repito, no quiero). 

Y, claro, con estas ganas irrefrenables de cantar que le entran a una, difícilmente puede juntar letras y no evitar el crear una idea que no termine convirtiéndose en el éxito del verano; una Barbacoa o un Quítate el Top amenazan con instalarse en mi cabeza.

Y como todo en la vida, tanto cante tiene sus consecuencias: diluvia en Miami. Se acabo el concierto.

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