Llega la primavera y con ella el frio.
Son poco más de las ocho de la tarde y sopla un viento que te deja helado.
Acabo de subir a casa y me he enroscado en una mantita de IKEA.
Son poco más de las ocho de la tarde y sopla un viento que te deja helado.
Acabo de subir a casa y me he enroscado en una mantita de IKEA.
Con un vestidito muy mono he salido a la calle dispuesta a lucir moreno -cuatro días en Playa del Carmen, Cancún, han hecho efecto en mi piel-, y lo único que conseguido ha sido congelarme. Así que aquí estoy, de nuevo en casa dispuesta a cambiar mi atuendo y a colocarme los eternos jeans que al parecer no me quieren abandonar. El mito del "hace un calor de la pera en Miami" se me ha caído al suelo. De golpe, desde un onceavo piso.
El balcón de mi casa serviría para escenificar una escena de esas de pelo al viento, vestido flotando y gorro volando. Hace esquina y tiene forma de ele. Desde el lateral más corto se disfruta de una primerísima vista de la playa y de la brisa, que no es tal brisa, es "brisón". Cae la tarde y los latigazos de aire evitan que uno pueda disfrutar de una rica cervecita mirando el mar o de una lectura placentera mirando los delfines (que no los hay, pero que si los hubiera tampoco lo sabría).
Segundo día en casa tras las minivacaciones en Cancún y ya tenemos visita. Familia argentina que hace una parada en Miami para hacer compras y, de paso, nos vienen a ver. ¡Genial! Mañana se irán a Playa del Carmen -parece que no somos muy originales por aquí-. ¿Cenar? Fuera. No tengo nada decente para cocinar. Mi despensa está llena de cajas: de galletitas saladas, dulces, con sésamo, de queso, con orégano; de latas de atún, de garbanzos, de guisantes, de palmitos, de foie, de salsas, de maíz; de sobres de sopas; de paquetes de azúcar, de café, de capuccino. ¿Qué puedo hacer de cena con todo esto para cuatro adultos y dos niños? Además, ¿qué comen los niños? No los que vienen -que, por supuesto lo desconozco-, sino en general, ¿qué se le pone a un niño en el plato a la hora de comer? Un misterio.
No existe una comida estándar. No hay un plato de esos que "todos los niños comen". No hay una respuesta tipo que oriente a los que no tenemos hijos. Por lo general, las madres te dicen, "¿mi hijo?, ¡cualquier cosa!" Error. Para una no-madre o un no-padre, "cualquier cosa" es un problemón. ¿Qué carajo es cualquier cosa? Una insiste y vuelve a preguntar: "pero, en serio, dime lo que comen y se lo preparo". Y de nuevo: "no te compliques, mis niños comen lo que sea, cualquier cosa". Imposible que suelten prenda.
No existe una comida estándar. No hay un plato de esos que "todos los niños comen". No hay una respuesta tipo que oriente a los que no tenemos hijos. Por lo general, las madres te dicen, "¿mi hijo?, ¡cualquier cosa!" Error. Para una no-madre o un no-padre, "cualquier cosa" es un problemón. ¿Qué carajo es cualquier cosa? Una insiste y vuelve a preguntar: "pero, en serio, dime lo que comen y se lo preparo". Y de nuevo: "no te compliques, mis niños comen lo que sea, cualquier cosa". Imposible que suelten prenda.
En ese momento pones en marcha el plan "B": llamar a tu madre.
(¡¿Edad?! ¡Yo que sé qué edad!
Llegado este punto de la conversación mi paciencia ha desaparecido y tengo dos opciones: verbalizar mis pensamientos, o dar por terminada la llamada telefónica antes de volverme majareta. Elijo la segunda opción y me vuelvo a quedar sola con mi problema.
Sin tiempo, sin planes, sin estrategia y sin ganas, no te queda otra que dejar que los acontecimientos sucedan sin más, sin preparación, sin planificación. Quizá la cara de esos niños te de alguna pista de lo que les gusta o, quizá, la madre traiga un "potito" que solo tengas que calentar, o quizás el/los niños se cierren en banda y esa noche decidan no probar bocado. Crucemos dedos.
*Publicado el día 27 de marzo, escrito el 26 de marzo. Al final los niños comieron "cualquier cosa". Una maravilla.
Hola mamá... ¿qué comen los niños?
Del otro lado del teléfono silencio.
¡Mamá!! ¿estás ahí?
Sí, hija, estoy... ¿los niños?... ¿qué niños?
(¿¡Es importante qué niños!!!? ¡Los niños mamá! ¡TODOS LOS NIÑOS DEL MUNDO!)
Los niños de unos amigos, mamá... ¡qué más da!
Pues.. ¿qué edad tienen los niños?
(¡¿Edad?! ¡Yo que sé qué edad!
¿Qué edad tiene un niño que ya come alimento sólido?¿3? ¿4? ¿5?)
No lo sé mamá... ¡edad estándard! 5, 6, 9, ¡no lo sé!
Pues hija, depende. ¿Qué es para comer o para cenar?
(¿De verdad que eso importa?)
Para cenar mamá, vienen a cenar...YA.
¿Para ahora? Pues no tienes tiempo... Mira hija, yo les haría cualquier cosa.
Llegado este punto de la conversación mi paciencia ha desaparecido y tengo dos opciones: verbalizar mis pensamientos, o dar por terminada la llamada telefónica antes de volverme majareta. Elijo la segunda opción y me vuelvo a quedar sola con mi problema.
Sin tiempo, sin planes, sin estrategia y sin ganas, no te queda otra que dejar que los acontecimientos sucedan sin más, sin preparación, sin planificación. Quizá la cara de esos niños te de alguna pista de lo que les gusta o, quizá, la madre traiga un "potito" que solo tengas que calentar, o quizás el/los niños se cierren en banda y esa noche decidan no probar bocado. Crucemos dedos.
*Publicado el día 27 de marzo, escrito el 26 de marzo. Al final los niños comieron "cualquier cosa". Una maravilla.