viernes, 25 de septiembre de 2020

¡Jo, JA, JA!

 Jajaja

No es serio, lo sé. Hoy me he levantado con la idea de escribir como mujer seria, mujer comprometida, mujer de altas miras -Me río de Janeiro, ¡jo, ja, ja!-. Pero mi hija de cinco me desgasta el nombre. Las notificaciones que me aparecen por la equina superior derecha de mi laptop solo me recuerdan que vivo con un virus, que las escuelas no abren, que el plan de reapertura está cerca -Me río de Janeiro ¡jo, ja, ja!-,  y que tengo que actualizar el sistema operativo que, por cierto, hace semanas que elijo la opción de `recordar mañana´ (Nota mental: cambiar de opción). Ya me perdí. Voy por el punto y aparte que siempre da aire para ordenar ideas. 

Continuo en-julianada y ayer fue un día de pico, de rotura de fibras y tendones cruzados. En el mismo minuto, dejé a mi chica de cinco en el colegio de la nueva normalidad, puse al fuego una cazuela con la comida del mediodía y metí en el horno una bandeja de galletas. Me vienen millones de recuerdos sobre cada palabra que escribo. Sobre la comida que puse en una cazuela: costillas guisadas que hice hace dos semanas y que congelé en porciones de a uno para poder ganar tiempo en los días de entre semana. La chica de cinco come a las 11:50 am; yo, desayuno. Sobre las galletas: en un despiste de mi hija de cinco conseguí estar sola en la cocina y como si desvalijara casa ajena, abrí armarios e hice acopio de todos los ingredientes para conseguir unas buenas galletas mañaneras, ricas y enérgicas: harina de almendra, avena en copos, harina de trigo integral, miel, yogur natural, esencia de vainilla, aceite de oliva, bananas, levadura en polvo seca y chocolate negro en tableta. A punto de meter las manos en la masa y mezclarla mi chica de cinco interrumpe en la cocina gritando `¡puedo ayudar, puedo ayudar!´. Ni hace falta que os cuente qué significa eso. Imaginen si pueden y si no, hagan la prueba. Me perdí. Punto y aparte.

Retomo en el momento de la cocina a pleno de fogones y todos en sus puestos. Parece que la vida me da una tregua y empiezo a saborear las mieles del éxito de mi gestión matutina -Me río de Janeiro ¡jo, ja, ja!-.

`... Mommmmmmm! She can´t hear me!´.

Como el bang del pistoletazo de salida sonó mi hija de cinco. Corro hacia su habitación. La profesora da instrucciones sobre la próxima actividad que solo repite dos veces. Mi chica de cinco llama a gritos una y otra vez a `Mrs xxx!!,  en un intento agónico para que la escuche. La profesora sigue instruyendo y mientras, yo, intento arreglar su micro haciendo malabares para no salir en cámara, y puteando en todos los idiomas -Me río de Janeiro, ¡jo, ja, ja!-. Teacher hablando, mi hija de cinco gritando y yo puteando. Un cuadro. Corro a mi habitación y busco mi laptop. Me conecto por Zoom -palabra aprendida y añadida a mi vocabulario cotidiano en tiempos del Covid19-, a la clase y hago cambio de ruedas, perdón, de laptop en tiempo récord. 

Ahora soy yo la que grita: `Mrs Teacher pls, can you hear me?´. 

Nada. Ahora somos mi chica y yo : Mrs Teacherrrrrrr!! 

YES, I CAN HEAR YOU, dice la Teacher. Ups, suena nerviosa. 

Explico a mi hija de cinco lo básico de mi portátil y siento la calma en mis pulmones. Relaja, me digo, vuelve a ti. Y respiro profundo. 

Dios, la comida. Dios,  las galletassss!!!! Corro.

Q U E M A D O.

En-julianada y quemada.


¿Hoy??? vamos viendo. -Me río de Janeiro ¡jo, ja, ja!-


#tiemposdecovid19

#smcaelojo

martes, 22 de septiembre de 2020

INTERRUMPIENDO LA VIDA

Esto es una locura. 

24/7

Hace 214 días que vivo pegoteada. Comparto demasiados momentos y demasiadas conversaciones. Los silencios han desparecido. Solo en la primera parte de la noche consigo escucharlos. Muy bajito, pero ahí los veo. Cómo los echo de menos. Cuando vivía -ahora no vivo, sobrevivo-, cuando la vida se dibujaba con muchos colores y tenía muchos sabores, mis silencios siempre estaban cerca: en el bolsillo, en mi caja de recuerdos o en la taza de café. Siempre. A mano. Para salvarme. Para reconciliarme. Para escucharme.  Hoy, a-h-o-r-a, vivo interrumpida. Soy una cebolla en juliana. Para escribir estas lineas he necesitado millones de días e incontables intentos. 

Mi hija estudia online. Esto significa que como con su hambre, pienso con su cerebro, me programo con su agenda, trabajo con su temario, juego con su imaginación y me enfado con su misma intensidad. Vivo la vida de una niña de cinco años.  Los otros cuarenta los he envuelto en papel de aluminio, he hecho una pelota bien dura y apretada y los pateo todos los días ni bien me levanto, y, más tarde, los pisoteo justo antes de bañar a mi hija. 

He llegado a la una y media de su tarde y me duele lo que está dentro de mi(¿su?) cabeza. Creo que me creció el cerebro y no el cráneo. Y las paredes empiezan a ceder y siento que eso que parece un intestino y llaman masa gris se cuela por las ranuras que se forman en mi cuero cabelludo. Y la presión disminuye, pero el dolor aumenta. Ahora retumba esa canción que mi hija escucha a la 1:32 para su clase de PE (Physical Education); una música electrónica que le obliga a mover su cuerpo como si tuviera descargas. 

Estoy al borde de la locura y no he recorrido ni la mitad de mi día. Ni de la semana. Sí de mi vida.

#tiemposdecovid19

#smcelojo




jueves, 17 de octubre de 2019

DE LA LECHE, AL CHULETÓN


Niños que comen de todo desde los seis meses. No más purés. No más papás con cucharita para dar de comer a su bebé. No más `avioncito´. No más `ésta por mamá´. No más `¡come!´. No más nada. A los seis meses tu bebé es un ser adulto que come y decide por sí solo. ¿Lo entendieron padres protectores y antiguos? Grábenselo en su cabeza: de la leche, al chuletón. 

Un pelotón de madres que aseguran que sus hijos de seis meses ya comen solos y de todo. Mastican, prueban, comen, no se atragantan, mejoran su autoestima, su motricidad, su PLV, su JPI, su HUY y su PM (observen mi ironía en las iniciales). Niños de seis meses -ya no son más bebés, recuerden que ya tienen 6 MESES)-, que sentados en sus sillas altas, se enfrentan a un plato multicolor y eligen qué comer, cuándo comer, cuánto comer y cómo comer. Con tan solo seis meses... estos es ESPECTACULAR!!!

Y la comida va de su mano a su boca. No a la tuya o a la del vecino imaginario. La cogen con sus manitas, la manosean, la inspeccionan y luego se la llevan a su boca y se la comen. MAGIA. Nada de lanzamiento de comida,  de escupitajos, de `platos volantes´o de toses. Nada de nada. Bueno, sí, todo de sonrisas, de limpieza y de orden. Madres orgullosas de los hijos que tienen y de haber elegido la opción del ´chuletón´. Madres modernas que no entienden como las `carcas´ no nos dimos cuenta de lo equivocadas que estábamos. 

El método Baby Led-Weaning o BLW (...) se basa en no darle alimentos triturados, en papilla o en puré, sino ofrecerle desde el principio los alimentos en su textura original, blandita y no darle de comer a la boca, sino permitir que sea el bebé el que se lleve los alimentos a la boca por sí solo, sentado a la mesa como un miembro más de la familia, comiendo la misma comida que el resto de la familia (...). 

Hoy, Octubre 17 de 2019 en el Telediario de la noche en Tele 5 han hablado de este método. Y esas madres maravillosas y peinadas, con sus maravillosos niños, maravillosas cocinas y maravillosos testimonios me han hecho volver a mi ojo querido. ¿Por qué estaría yo viendo el telediario de Tele5? Esa es mi primera pregunta. Culpable. Pero inocente. Gracias a los acontecimientos en Cataluña he querido informarme y la cadena amiga es de las pocas que tienen abierta su programación al extranjero en su web y, además, es la que estaba emitiendo las noticias de la noche cuando yo desayunaba. Y de los independentistas catalanes hemos dado un salto a los niños de madres prodigio (a los padres ni se los ve, ni se los espera). Así es la tele. 

La presión que recibimos es tremenda. La madre primeriza es permeable a todos estos consejos. Es una esponja que escucha, investiga, lee, consulta,  y, sin duda, es el blanco fácil de todos los que tienen la necesidad de contar su experiencia buena, mala, ficticia o real. Es el motivo para que los otros sean protagonistas de tu maternidad, momento de tu vida en el que te cuestionas, te pones a prueba y te conviertes en tu peor juez y enemigo.

Hasta que un día eliges decir basta. Decides que haces lo que puedes y como puedes. Tu bebé sonríe y está sano. Ahora lo que necesitas es sonreír y estar sana tú. Solo si tú estás bien tu bebé estará bien. Y a partir de ahí te relajas y disfrutas. Y regresan las seguridades y tu autoestima empieza a asomar por la esquina. Y tomas decisiones. Y si hay que darle papilla porque te asusta que se atragante, se le das hasta que te sientas segura. Y si hay que pedir ayuda para que otro lo haga porque no te sientes segura, la pides. Y si tu niño de 9 meses como triturado y el de la vecina de 6 ya come turrón del duro,  olé por ellos. 

Mi hija se me ahogó con tres semanas de vida. Se atragantó. Todavía lo recuerdo y me congelo. Se quedó sin respirar, sin parpadear. Sus ojos me miraban sin mirar. Grité su nombre, golpeé su diminuta espalda y pecho, y le hice el boca a boca. Y volvió. 

Y yo seguí gritando. 

Y yo casi me muero. 


Han pasado algo más de cuatro años y hoy mi hija come de todo -siempre lo hizo-. Mastica, tiene dientes, escribe su nombre y sus apellidos, corre, baila, patina, nada, pinta, habla dos idiomas y sigue pasándose a mi cama a las dos de la madrugada... Ninguna consecuencia de su alimentación solida tardía. 

Hagan lo que puedan. Y sean felices.

miércoles, 21 de febrero de 2018

YO TE ABRAZO, TÚ ME EMPUJAS. YO TE ABRAZO, TÚ ME EMPUJAS. YO... ¿TE ABRAZO? ¡BASTA!


Hace semanas que me reportan del cole -día sí, día también-, que tal niño -o niña-, ha pegado a N. De la nada. Un arañazo en la cara. Un empujón. Un golpe. Cosas de niños de dos o tres años, me dicen. Bueno, cosas de adultos, diría yo. Cosas de los que educan, de los que cuidan y, por último, de los niños. 

Yo me mato para que N sea una niña amorosa y sociable. Para que no pegue. Para que comparta. Para que sus frustraciones se conviertan en pasitos de aprendizaje y de comprensión. Para que practique la paciencia, la tolerancia. Para que disfrute con un juguete y, también, con una hoja seca de árbol o con la luz de la luna. Para que Apple no le enganche con sus artilugios. Para que coma con las manos encima de la mesa. Para que respete a sus profesoras. Y a sus compañeros. Y a sus yayos y abuelos. Para que adore a sus primos y sueñe con estar con sus tíos. Para que quiera a sus tíos de no sangre sin distinciones -que la sangre buena ni es azul, ni es la que corre por las venas-, porque son nuestro apoyo y nuestro calorcito en este país lejano. Para que respete y se respete. Para que ame. Para que aprenda. Para que se ame. Para que tolere. Para que sea feliz. Para que se permita llorar. Para que se permita fallar. Para que luche. Para que confíe en mí. ¡Para tantas cosas! 

Hoy vi como un nene la empujaba. Luego le pegaba. No grave, pero sí agresivo. Un amigo suyo, uno al que ama. Estábamos en el parque. N no respondió, se quedó paralizada y desconcertada, a punto del llanto. Su cara de no entender y de pena me han hecho llorar por dentro. Llorar por unos segundos. Luego, cuando la abrazaba y consolaba, me he cabreado. ¡Qué narices! Cuando te peguen, devuélvela con más fuerza para que la próxima vez se lo piensen dos veces antes de tocarte, esto  le hubiese dicho si no tuviera la capacidad de contar hasta diez. Esa capacidad de frenar a tiempo un impulso, que solo consigues con el paso del tiempo. 

Pasan cuarenta minutos de las doce de la noche. Ya es mañana y ya he leído diecinueve opiniones de diferentes psicólogos infantiles. Estoy de acuerdo con lo que dicen: educar en la violencia es un error. Debemos reforzar su seguridad, protegerlos, defenderles, estar a su lado, enseñarles que la huida es un acto de inteligencia en casos de violencia, etc., etc. Okay. Perfecto. Ahora bien, tengo claro quién educa a estos pequeños monstruos, pero, y a sus padres, ¿quién los reeduca?

jueves, 15 de febrero de 2018

PROFUNDAMENTE TRISTE

¿Y si fuera N? A 47 millas de casa, a escasos 55 minutos en coche, han matado a 17 personas. Las 'personas' no duelen. Julie, Sara, Max, Cata, Matthew, Emerie... Nicole, sí. ¿Y si fueran ellos? ¿Y si fuera N? Las personas no duelen, los nombres destrozan. Las personas no duelen, las caras te rompen el alma. Personas. Sustantivo común, plural. Paradójicamente, impersonal. 

Un asesino de 19 años. 17 muertos. Una escuela. Un país del primer mundo, ¡qué digo del primer mundo!, un país que lidera el mundo. Con todas las posibilidades, con todas las oportunidades, con todas las herramientas para evitar esta mierda. Dan ganas de llorar del asco. Pero no puedo, lloro de la pena. Porque tenemos a 17 ´personas´ muertas. A 17 familias muertas. 

En breve la prensa y la red nos darán más datos. Y, quizás, detrás de esas ´personas´ encontremos a un profesor o a un trabajador. O quizás no. Y quizás esas 17 muertes se conviertan en 20. O no. Y quizás conozcamos las historias que hay detrás de esas personas. O no. Pero lo que no es 'quizás' y sí seguro es que, en unos días, nada cambiará: compraremos balas al mismo tiempo que huevos. Las primeras tan innecesarias y dañinas, los segundos, tan escasos y  tan necesarios. 

A poco más de un día de este asesinato leo los periódicos y todavía hablan de personas. Personas. Os juro que no dejo de pensar en lo asqueroso que es el mundo. ¿Personas? Joder, ¡que eran críos! Chavales que, obligados por un sistema que les dice que ir al colegio les convertirá en hombres de provecho y de bien, cumplían con su rol: formarse, crecer, experimentar, crear, VIVIR. Tenemos que revisarnos, en serio, debemos hacerlo. 

***

En fin, me desperté con esta pregunta en la garganta: ¿y si fuera N? Si fuera N,  me moriría. Mi más sentido pésame para las familias y amigos de Alaina, Peter, Luke... Una putada, una gran putada. 

martes, 21 de noviembre de 2017

RINCONES CON CALORCITO

Estoy viviendo la quinta mudanza desde que llegué a Miami. Y es la más aplaudida, acertada y necesaria. Y también la más dura. ¿La definitiva? Who Knows? (Me permito atropellar mi español con frases en inglés porque hace rato que decidí escribir -como me dé la gana-, para contar y no para gustar. Y decidí que mi Ojo sería mi salvavidas, mi túnel del tiempo, mi escaparate escondido. Y para que funcione y pueda salvarme de mí misma necesito olvidarte y olvidarme; necesito dejar que mis dedos tecleen y que mi mente se olvide de coser marcha atrás y solo quiera avanzar con el hilvanado). Y después de cerrar paréntesis continuo con mi relato. 

Las dos primeras fueron express; mudanzas sin muebles, sin escobas, sin botes de salsa de tomate. Tan solo mis ocho maletas -¿os acordáis?- y yo íbamos de lado a lado sin tener una mínima idea de lo que esta ciudad nos estaba cocinando. La tercera me llevó a la playa. Para qué contarla, no me gustó. Al año vino la cuarta. Y llegó con todo: compra y reforma de apartamento, nuevos muebles, nuevas metas, nueva vida. Dejamos la arena de la playa para caminar por los bordes de una isla. Una isla que se convirtió en nuestro mapa, en nuestra diversión y en nuestra obligación; en nuestro escondite y en nuestra cárcel; en nuestro presente y en un futuro jamás pensado. 

Hoy vivo la quinta. Con más trabajo y menos organización. Con más corazón que cabeza. Hoy vivo ese futuro jamás pensado. Ese que fue futuro y que hoy es presente. Un presente que parece nacer de una rama nueva del árbol; juraría que la otra rama se cortó y se borró, y que ahora somos otros; otro yo, otro él, otro nosotros, otro ellos. Ni mejores, ni peores, otros. Y por eso vuelve mi ojo caminando como tuerto, dándose golpes con unos muebles que nunca estuvieron y que ahora ocupan demasiado, y sentándose en sillas imaginarias que, quizás, nunca existieron. 

Hace tres semanas que vivo en las nubes, toco el cielo por las mañanas, esquivo a los aviones y apago las luces por la noche para que el reflejo de la luna en el agua llene mi alma y recargue mi cerebro. Hace tres semanas que construyo mi rinconcito. Y me encanta. Y miro a la derecha y veo talento. Y miro a la izquierda y veo amor. Amor que me traspasa y me paraliza, al mismo tiempo que me da fuerza y me hace volar. 

Gracias N por inspirar mi vida. 

viernes, 10 de noviembre de 2017

SI TE TITULO, TE ARRUINO.

Los favores que pido son gratis, los que me piden los cobro. Un asco puro. Ah! Y lloro todo el rato con un ojo, mientras el otro se ríe a carcajada limpia -porque a mí no se me cae ningún ojo-. 

Después de un millón de noches vuelvo una mañana. Y la culpa la tiene mi cobardía. Pensaba que en mi rincón escondido, en mi ojo, podría encontrar la valentía que me falta. Pero mi ojo está en otra. Piensa en Cataluña, en las mentiras del DayCare, en las noches sin dormir, en las ganas de volver al ruedo, en mi amigo Ángel, en ganar dinero, en Navidad y polvorón -y en polvos, ¿por qué no?-.

Hoy es 10 de Noviembre y mi hija no tiene colegio. Y mi marido sí. Y yo adapto mi vida a los vaivenes que me llevan de lado a lado.  Ahora mientras tecleo, N se sube al sofá y reclama que la mire, a la vez que me pide ¨titas¨ -galletitas-, gracias a la healthy food del colegio mi hija es el monstruo de  las galletas. Gracias sistema, gracias teachers. Y yo sigo empeñada en escribir sobre Cataluña, pero no hay manera, siempre hay algo más importante que le gana de mano. En unos días hablaré con mi amigo que, además, es catalán. Es de esas conversaciones que quiero tener hace mil y que por fin voy lo vamos a hacer. A ver si me cuenta qué le pasa a un catalán cuando está rodeado de descerebrados. 

Y este es mi mayor reto del día: publicar esta entrada pase lo que pase. Pese a la manía que tiene N de subirse sobre mis piernas cuando me siento frente a la manzana. Pese a ese dedo índice descontrolado que va de tecla en tecla arruinándome el ritmo de aciertos en mi ¨tecleo". Pese a que sé que he sido cobarde y no te he nombrado. Algún día hablaré de ti, de tus lloros, de tus bendiciones, de tus lamentos y de tu caradura. Algún día, otro día.