3 am. Ahora empiezo a sentir las manos y los pies. Frío que pela. ¿Cómo es posible?
Uno se imagina que en Miami nunca se va a morir de frío. Imagina mal. Son las tres de la madrugada y el termómetro no levanta seis grados. Me he puesto el pijama y he contado que me he tenido que quitar cinco capas de ropa; son las que he necesitado para cubrir la parte superior de mi cuerpo: camiseta de tirantes, de manga corta, jersey finito, chaqueta finita, fular finito y plumas. Para las piernas un vaquero: imposible encontrar leotardos en alguna de mis nueve maletas. Para los pies, dos pares de calcetines y botas -con las que llegué de España-. De está guisa me he estrenado en eso del alterne nocturno: todo un cuadro.
No, no, no exagero.
Por suerte, he llegado a casa y a alguien se le había ocurrido dejar puesta la calefacción. Un placer.
Ahora estoy escondida debajo de un edredón: solo saco las manos para escribir. Lo sé, lo sé, nada genial puede salir de esta cabecita que se muere de sueño, tiene una copa en el cuerpo -literal, una-, y que sueña con apagarse y dormir hasta caerse de la cama. Solo quería recordar el frío de hoy. Mucho.
Buenas noches
Felices sueños!!!!!
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