sábado, 8 de diciembre de 2012

OMMMMMMM...


Menos de una hora para que termine el día.
Piso 28.
Edificio IconBrickell, Viceroy Hotel & SPA.
Brickell, Miami (FL)

Miami es una ciudad que gana por la noche. Es preciosa. Piso 28 y me siento chiquitita; sobre mi cabeza tengo casi treinta plantas más. Increíble. Allá a lo lejos, por dónde los humanos suelen pisar tierra, una piscina larguísima parece que está llena con aguas caribeñas: su iluminación consigue que adquieran ese color esmeralda/turquesa del Mar Caribe. Las vistas desde mi balcón me regalan el Océano Atlántico y un millón de luces que alumbran edificios, calles, piscinas, arboles, apartamentos, farolas, palmeras. No hay elemento en la ciudad que se salve de una lucecita. 
Es Navidad.

Hoy he soñado que me mudaba a Londres. Faltaban pocas horas para salir de España y me había roto el dedo gordo de la mano derecha. Lo llevaba al aire, tal cual, colgando. Curiosamente, este detalle no era lo que me preocupaba. Lo que me tenía agobiada es que había mandado toda la ropa en la mudanza y no tenía qué ponerme. No encontraba nada que doblar, nada que envolver en plásticos para que no se arrugue, nada  de nada. Una pesadilla. He abierto un ojo: el techo estaba a más de cuatro metros de mi nariz.  Mi dedo estaba sano y tenía mi pijama puesto. Perfecto, todo estaba perfecto. 

Mi nuevo apartamento es, simplemente, "angelical". Las paredes son blancas hasta la enfermedad. Mármol blanco para el suelo, puertas blancas, sofás blancos, sillas blancas, ropa de cama blanca, mesitas blancas, lámparas blancas y armarios de cocina color roble con remates en cromado. La nota de color la pone un cuadro de grandes dimensiones que cuelga sobre la pared que une la cocina el comedor y el living. Es multicolor. Rojos, verdes, blancos, marrones, azules y negros que parecen querer dibujar un puñado de flores. Aunque,  no lo podría jurar.

La cocina es “americana” y el baño tiene doble entrada: una puerta que da acceso al interior desde el comedor y otra, que lo hace desde mi habitación. El balcón se extiende desde del living hasta la habitación: puertas de cristal de cinco metros que pesan una tonelada. Por suerte, nos han agasajado con unas cortinas pesadas tipo blackout. Nos dan cierta intimidad. Y digo suerte, porque desde mi balcón puedo ver cómo el vecino de enfrente abre una lata de atún.

Yo pensaba que eso que salía en las pelis americanas era pura ficción: hombre solitario y raro que observa desde su miserable rincón -y a través de la ventana-, cómo la vecina de enfrente se deshace de la ropa mientras se come un pedazo de pizza. Pues yo no sé si ese hombrecillo será real, pero lo de señora quedándose en pelotas es más que factible: casi todas la ventanas están desnudas, ni persianas ni cortinas, nada. Detalle curioso teniendo en cuenta lo “puritano” de la sociedad americana.

Para mí, lo mejor de esta costumbre de “ventanas abiertas” es que comparten sus arbolitos de Navidad conmigo. No se me ocurrió meter en la maleta mi mini arbolito de Navidad de los chinos. Es plateado y la mar de mono. Hubiese encajado a la perfección con la decoración rollo scarface de mi nuevo apartamento.

Y, por Dios, no tengo moqueta. Ni alfombrita, ni felpudo, ni alfombrón. Nada que sea sospechoso de guardar porquería eterna y viejuna. Un regalo para mi espíritu.

No todo podía ser caótico en esta llegada, ¿verdad? Ni todo tan perfecto. No tengo teléfono en el apartamento: no se por qué. Tampoco lo saben ellos. Ah.

Termina un día duro en el que la búsqueda de casa ha sido el principal objetivo: después de diez horas dando vueltas por Miami, viendo pisos, hablando con porteros y confeccionando una lista con "posibles edificios para visitar",  he vuelto con unas sandalias de caballero y un par de calcetines.  No lo he podido evitar. Compraremos una maleta más. 



NOTA: la entrada es del día 8 de diciembre. Internet me ha permitido subirla el día 9 a las 1:22 am. La conexión, que también falla. Ommmmmmmmmm.

4 comentarios:

  1. " Este es el espacio más entretenido de todos los blog “udimeros” que he visitado.". Así empezaba el comentario que dejé en este espacio la primera vez que lo visité. De eso ya ha hecho un mes y hoy no tengo más que seguir defiendo lo mismo: las entradas están dotadas de un humor singular, sublime; me encanta leerlas, nunca defraudan. Dedicar un blog al día a día de una persona, a priori, podría parecer un poco aburrido. Sin embargo, bendita la hora en que decidiste hacerlo así! Tienes una maestría envidiable para hacernos sonreír! En definitiva, un placer haber "convivido" contigo en estos días de traslado. Te animo a que sigas actualizando este blog tan bien como lo estás haciendo.

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    1. Gracias José Carlos!!! No suelo contestar a los comentarios por no hacer la cosa tan espesa; pero, fuiste el primero en romper el hielo en mi blog y me pone contenta escuchar tus bonitas palabras. Mucha suerte y mucho ánimo que nos queda la parte más dura de la carrera! :)

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  2. ¡Eres la monda!
    Única pega: no es "ohmmmmmmm", es más bien "ooooooooooooooooooommmmm".
    Dos años practicando yoga.
    Bss

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