Ya está. Una más. Ya he caído en la ola de "corro para tener sed". Hoy me he descubierto haciendo cálculos para establecer un tiempo mínimo en recorrer una milla. Una meta alcanzable. Nada del otro jueves, pero objetivo al fin y al cabo: una milla en 9 minutos. Ahora estamos llegando a los 10 minutos, así que la tarea no es tan complicada. Objetivo final, correr 6,21 millas (10 kilómetros) en algo más de 55 minutos.
Pensé que me resistiría, pero la presión es enorme. Hermanas que corren, amigos que corren, vecinos que corren, conocidos que corren... No hacerlo es, prácticamente, convertirse en un ser extraño. En un "fuera de...".
¡Me lo he hecho en 60 minutos!
¡Muy bien! No está mal para ser tu primera vez. Yo ya me lo liquido en 48. Y tú, ¿en cuánto lo haces?
¿¿¿¿Eing????
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Correr por correr es un martirio. Correr por correr es querer ser un Forrest cualquiera. Yo no sé hacer nada por hacer. Buscar una motivación que te anime a levantarte a las seis y media de la mañana para calzarte las zapatillas -o esperar a las horas nocturnas para que no te mate la humedad-, es imprescindible para encontrar algún atractivo en eso de machacarte el cuerpo.
En unos días me voy a Madrid. A mi vuelta, pasaré al plan "b": inscribirme en una carrera. De momento, nos conformaremos con distancias fáciles, 5 o 10 kilómetros. Si la fuerza de voluntad se mantiene y el cuerpo responde, miraremos de reojo la media maratón. Quién sabe, quizá me ha entrado la fiebre deportiva de los cuarenta con unos años de anticipación, o quizá es un tema de buscarse objetivos e insertarse en esta sociedad en la que el deporte, es clave para pertenecer a ella.
Y como de deportes anda el juego, seguiremos con ellos. Pero esta vez de "mirandas". El sábado juega la selección española de fútbol un amistoso con la selección de Haití en Miami. Y yo me compré la camiseta con la estrellita del mundial para celebrar la victoria de la roja y tengo que amortizar la inversión, así que, mañana a las cuatro de la tarde -hora local-, estaremos animando a los chicos.
Como es de esperar, aquí ni se han enterado de este partido: la NBA más un inexistente interés por este deporte de once consigue que, prácticamente, regalen las entradas con la compra de una hot dog. Ellos se lo pierden.
Y hoy juegan Nadal y Ferrer las semifinales de Roland Garros. Djocovik para el mallorquín, y el francés Jo-Wilfried Tsonga se enfrentará a nuestro querido valenciano. ¡Pobre! Va a sentir la presión del público francés, que ya no sabe cómo hacer para que su país vecino no le agüe siempre la fiesta en su campeonato, en su casa, en su tierra. Si la final es roja y amarilla, a estos franceses les da un ataque. Veremos. Y las motos descansan este fin de semana, pero tenemos a Alonso en Montréal (...).
Agotada. Qué manera de sudar la camiseta. Habrá que renovar armario: se impone la nueva ola.
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