La muñeca izquierda está con problemas. Y sus problemas me afectan. A las seis de la mañana me ha despertado y no he podido obviarla: hemos ido a comprar una muñequera para amordazarla y no escucharla. Sigue gritando, pero menos.
¿Por qué utilizan el color "carne"? El color carne, en general. Cuando la imitación no es perfecta, yo aconsejo irse al otro extremo: un rojo, un negro, un violeta. Si la intención es que "no se note" que lo llevo, pues, la intención es buena, pero se queda en eso, en "intención". No puede haber algo más espantoso que una ropa interior color carne, fajas color carne, medias color carne... y muñequeras color carne. Mi "carne" no es de ese color; de serlo, me tendrían que meter en un cajón y tirar al océano, al tiempo que agitan las manitas a modo despedida.
No debería escribir, porque me duele, pero no le puedo dar tregua a la maldita muñeca: tiene que dejar de doler en cuestión de cuartos de hora. Si la tengo muy en cuenta, se acostumbra, se relaja y puede estar incordiando durante días con tal de acaparar toda mi atención. Es ella, o yo.
Me he pasado un buen rato probándome diferentes modelos de las dichosas muñequeras; todo para evitar comprar la que mejor me sujetaba y más me aliviaba, que, cómo no, era y es de ese color marroncito claro que tanto detesto. Al final, he tenido que sucumbir porque los otros modelos, pese a ser negros, eran muy incómodos.
Ahora, solo me queda esperar que el tono de esta cinta elástica adquiera ese tonito a "guarro" tan característico de estos complementos inesperados: el roce y la suciedad del aire se encargarán de tunear esta muñequera para que el marroncito se transforme en un "marroncito ceniza" con zonas perfiladas de negro. De lujazo.
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